La industria del software: devaluación y después

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En 2017 exportó por US$1.700 millones y este año prevén superar los US$2.100 millones, un récord.

La nueva cotización del dólar alteró los pronósticos para el sector del software. Se trata de una industria integrada por unas 5.000 empresas, en su mayoría (el 73%) con menos de 10 trabajadores, y todas enfocadas a un mercado globalizado. Apenas el 2% son consideradas “grandes”, con más de 200 empleados, entre las que sobresalen colosos de la talla de IBM, Accenture, Globant, Grupo Assa, Baufest y Neoris.

  • En 2017 exportó por US$1.700 millones y este año prevén superar los US$2.100 millones, un récord.

De confirmarse, los despachos al exterior representarían un crecimiento del 26%, pero podría ser mucho más. Ocurre que tales cifras surgen de proyecciones elaboradas por la CESSI (la cámara sectorial) en abril pasado, es decir, antes de la corrida cambiaria.

  • El software ya se posiciona como el cuarto rubro exportador del país, detrás del complejo agropecuario, el sector automotor y la minería.

La devaluación del peso incide sustancialmente en un negocio cuyo insumo principal es la mano de obra calificada. “El costo laboral representa entre 80 y 85% del total, según el tamaño de la empresa”, dice Adrián Anacleto, CEO de Epidata, una firma de consultoría y desarrollo cuyas exportaciones le representan el 30% de la facturación. El empresario, sin embargo, remarca que el mejor tipo de cambio es algo provisorio, ya que calculan para este año un alza salarial promedio por encima del 35%. “En perfiles muy particulares de programación, incluso mucho más”, agregó.

La industria tiene 107.000 empleados y una demanda insatisfecha crónica de perfiles técnicos muy calificados (ingenieros, técnicos y programadores) estimada en unos 13.500. “Cada año quedan 5.000 puestos sin cubrir. La principal dificultad es la escasez de talento”, resume Pablo Sametband, CEO de Baufest.

Sobre la devaluación, el empresario admite que los costos salariales (medidos en dólares) se abaratan y que mejora la rentabilidad de las empresas. Sin embargo, Sametband subraya que “es una ventaja de corto plazo y poco confiable”. Y añade que esto puede durar algunos meses, a lo sumo un año. “La devaluación es un empujón, puede mejorar algunos negocios, pero el año que viene vamos a estar igual que antes”, grafica.

Varias fuentes del sector manifiestan cosas parecidas. El software evoluciona constantemente y recalienta la demanda de profesionales y expertos dentro y fuera del país, lo que repercute en los salarios. “La mano de obra está virtualmente globalizada: de Tandil a Londres, París o Berlín, es toda una inmensa red”, describe Roberto Waigmaister, CEO y fundador del grupo Assa, una multilatina del software con 26 años de trayectoria, una plantilla con 700 empleados y que vende servicios a 40 países.

Waigmaister también desconfía de la consistencia de la suba del dólar en el ecosistema de valor. “Ayuda, sí, pero con eso solo no alcanza. Antes, incluso en pleno cepo cambiario, exportábamos mucho. Se requiere un desarrollo y políticas a largo plazo y trabajar por una educación pública de excelencia, algo que nos diferenció en la región y que a pesar de todas las dificultades, perdura”.

El presidente de Accenture, Sergio Kaufman, recomienda no sacar conclusiones apresuradas. Dice que las mejores perspectivas por la devaluación podrían volcar los esfuerzos a la programación básica y sin valor agregado, insumiendo talento, un recurso escaso. Y ejemplifica con lo que ocurrió con la crisis de 2002: “La gran devaluación impulsó el boom de los call centers, una industria que finalmente cayó por falta de competitividad. Esos son los errores que no debemos cometer”, grafica.

La exportación de líneas de código, el outsourcing, es la especialidad de muchos países de Europa del Este, Vietnam y sobre todo la India, con abundancia de personal técnico a disposición. A esa actividad se la define como “sojware”, “software soja” y consiste en vender horas de programación a bajo costo, la materia de prima de la industria. Kaufman insiste en buscar la especialización y desarrollar productos para ciberseguridad, inteligencia artificial, big data, publicidad digital y las industrias 4.0. “No hay que engolosinarse con los resultados inmediatos”, dijo, aludiendo a la mejora por la suba del dólar.

Aníbal Carmona, el presidente de la CESSI, grafica que la hora de programación de “sojware” cotiza a nivel global entre 18 y US$ 33. Y que en un desarrollo más elaborado para bancos, telcos, agro, comercio electrónico y entretenimiento, el valor hora sube a US$ 60. “El que no se especializa malvende su trabajo en una industria donde la falta de talento es algo estructural”, señaló el directivo.

  • El principal destino de la producción local son los Estados Unidos (48,6%). Más atrás aparecen Uruguay (10,2%), Chile (7,8%), México (7,3%), Perú (4,3%) y Brasil (3,1%).