Analizan subir impuestos al campo, pero sin «tocar» las retenciones

Caen las ventas de equipamiento en este rubro.

Mientras el Gobierno ultima el Presupuesto 2019, tratando de llegar a un consenso con los gobernadores, también analiza medidas que apuntalen la recaudación impositiva del próximo año para aliviar el ajuste fiscal y cumplir con las metas comprometidas con el FMI.

Si bien la decisión oficial es mantener el esquema de baja de retenciones al campo, por el costo político que significaría la ruptura del compromiso asumido con el sector, en el Palacio de Hacienda hacen números con otros impuestos que atañen al complejo agroexportador. Las medidas que se encuentran bajo análisis son:

◆ IVA diferenciado. La idea que se está analizando es aplicar un IVA diferencial más elevado a la cadena de valor de la producción agropecuaria. Por ejemplo, hoy los agroquímicos pagan un 10,5% y podrían llevarlo a 21%, como paga el grueso de la economía.

◆ Reintegros
. Actualmente el sistema de reintegros a la exportación se sitúa en el 8%, y la evaluación es la posibilidad de reducirlos en aproximadamente tres puntos, en el marco de un incremento general de la rentabilidad por la devaluación.

◆ Retenciones. Si bien en el Gobierno se ha ratificado que el esquema sigue tal cual está, el tema principal es que la continuidad sería por este año pero en 2019 podría restringirse,  no eliminarse, esa disminución paulatina en las retenciones a la soja y subproductos.

◆ Revalúo de tierras.
Se está conversando con las provincias a fin de acelerar el revalúo de las propiedades rurales, tal como lo hizo este año la provincia de Buenos Aires.

El aumento del IVA sobre los agroquímicos manda a los productores medianos y chicos de cabeza a la «minería de nutrientes», particularmente de nitrógeno y fósforo. Esto agravará  las malas prácticas agronómicas existentes, tales como «en lugar de 90 kg. de urea por hectárea, pongo 20 kg, porque estoy cambiando la plata». El precio de los fertilizantes nitrogenados y fosfatados es prohibitivo y va camino de empeorar, aún sin retocar el IVA, por varias causas:

  • La producción nacional de nitrógeno es insuficiente, incluso si se añade a la misma el 35% de la capacidad de fabricación de amoníaco de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en Neuquén. Sobre eso, AgendAR publicará en breve una propuesta que reúne las inquietudes de varios sectores.
  • El regreso de las rotaciones (soja con trigo, soja con maíz) nos aleja del monocultivo sojero, pero al costo de aumentar la demanda de nitrógeno y fósforo del suelo.
  • Sólo EEUU, China y Marruecos tienen fosfatos para abastecer a TODA la agricultura mundial, y las dos potencias han estrangulado su exportación para tener reservas estratégicas domésticas. En conclusión, hoy se siembra en más de un centenar de países gracias a Marruecos, que está quemando sus reservas rápidamente: en 40 años, el disponible para la actividad agropecuaria será el del año 1900, pero entonces había que alimentar a 1800 millones de personas, y en 2068 podrían ser 12.000 millones. Nadie tiene la menor idea, incluida la FAO, de qué pasará con la alimentación mundial promediando este siglo. ¿Se podrá sacar de alguna otra fuente geológica más profunda el fósforo tan poco abundante en la corteza terrestre? ¿Cuál? ¿Cómo? ¿A qué costo?

Ése es el cuadro global. Mirando las cosas en lo particular y específico, el IVA «full-full» sobre los fertilizantes va a ser la medida de impacto más profundo sobre nuestro campo: la Argentina degradará su principal capital productivo, luego de la educación pública, que es la fertilidad de la llanura chacopampeana.

El resto de las medidas tienen alcances más limitados: concentrarán y extranjerizarán aún más la propiedad de la tierra y la del capital tecnológico que la pone en producción. Hay que tener mucha espalda económica para soportar el eterno «pagadios» de los reintegros y los revalúos constantes de las propiedades.

VIAPerfil