El enriquecimiento de uranio y la Argentina

En la semana en que organismos claves del sistema científico de nuestro país, el CONICET, el INTA, la CNEA, el INTI, se manifestaron frente al Congreso en rechazo a una política que los destruye, Gabriel Barceló, un histórico de la Comisión Nacional de Energía Atómica y ex Gerente de Relaciones Institucionales de la entidad, miembro del Instituto de Energía Scalabrini Ortiz, dio a conocer la siguiente reflexión:

“Este 3 de octubre, en el Centro Argentino de Ingenieros, el Subsecretario de Energía Nuclear, Julián Gadano, hizo declaraciones que implican, en los hechos, el próximo cierre de la Planta de Demostración de Enriquecimiento de Uranio de Pilcaniyeu.

El argumento es la obsolescencia y excesivo costo de operación de la tecnología usada y una presunta “apuesta por la tecnología de centrifugación”, que está recién en desarrollo, a nivel de laboratorio en nuestro país y, por lo tanto, y especialmente en estos tiempos, tiene resultado incierto.

La tecnología que se usa en la planta de demostración de Pilcaniyeu es la de difusión gaseosa, más antigua, es cierto, y más cara que la de centrifugación, pero la única que tenemos funcionando en este momento. Podemos diseñar centrifugadoras. Llegar a hacerlas bien y fabricarlas en grandes series sería carísimo económica y diplomáticamente. Armar una planta con miles de estos aparatos, capaz de producir el volumen de uranio de bajo enriquecimiento que consume una gran central nuclear, una batalla de décadas.

Cerrar la actual Pilcaniyeu a título de promesas es, en primera instancia, aceptar la desaparición oficial de la Argentina como país que enriquece uranio, lo cual, por diversas cuestiones de las políticas internacionales en la materia, nos aleja de la posibilidad de enriquecer uranio en el futuro.

Esto se asocia al abandono paulatino de buena parte de las actividades del ciclo de combustible nuclear, aún el correspondiente al uranio natural, que es el que alimenta nuestras centrales.

Cada una de estas medidas son clavos en el ataúd del proyecto nuclear argentino.

En estas condiciones, la compra, llave en mano, de una central de uranio enriquecido a China, lejos de ser un hito en ese desarrollo, es la lápida de hormigón armado que asegura que el muerto no vuelva a levantarse.

El abandono de las capacidades del Ciclo de Combustible tiene tanta o más importancia estratégica que la construcción de la cuarta central nuclear, aún si ésta planta fuera de tecnología CANDU. Es una tecnología que conocemos y podemos reproducir. En la década del ‘60 se la eligió precisamente porque no necesita la capacidad de enriquecer uranio, que se sabía compleja tecnológica y políticamente.

Ahora la tenemos, y mientras sigamos operando la planta de Pilcaniyeu, los proveedores de uranio enriquecido nos seguirán vendiendo este material con tal de que no la ampliemos y/o modernicemos.

Si la planta se cierra enteramente a cuenta de hacer otra nueva hecha, no sólo no habrá jamás otra nueva sino que nadie nos venderá más uranio enriquecido. Y si sucede eso, la Argentina, hoy el exportador más respetado de reactores nucleares de investigación, no volverá a ganar jamás una licitación, ya que no puede ofrecer el combustible.

Nos están metiendo en una trampa”.

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(.): Gabriel Norberto Barceló es Ingeniero Mecánico y Doctor en Física, se jubiló en 2013 en la Comisión Nacional de Energía Atómica, donde desempeñó, entre otras funciones, las de Vicedirector de Ingeniería Nuclear del Instituto Balseiro, Gerente de Cooperación y Transferencia de Tecnología y Gerente de Relaciones Institucionales, a cargo de las relaciones internacionales de la CNEA.

Actualmente es miembro del IESO, Instituto de Energía Scalabrini Ortiz, de la CEEN, Central de Entidades Empresariales Nacionales, y se desempeña en la Universidad Nacional de Chilecito, en La Rioja.

(Sobre este tema AgendAR ha expresado su posición en diversas oportunidades, entre ellas, aquí).