Primer “efecto Bolsonaro”: se aleja el acuerdo Mercosur-Unión Europea

La Bolsa de San Pablo ha mostrado, ya antes de la primera vuelta, cuando empezó a subir en las encuestas, su entusiasmo con la candidatura de Jair Bolsonaro. Y el Wall Street Journal ha abierto un crédito de expectativas favorables. Parece que el populismo no es tan malo, si va a llevar adelante políticas que le gustan a uno.

(Salvo que, como ahora insinuó, ponga en duda la reforma previsional y las privatizaciones de Petrobras y Electrobras. Eso es un “no no” para los mercados financieros).

De todos modos, hay aspectos claves del actual pensamiento económico globalizado que las reacciones nacionalistas están forzando a revisar. Por lo menos en los países donde los intereses nacionales todavía tienen presencia política.

El siempre demorado acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea será la primera víctima en materia económica de la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, en el caso de que se confirme su triunfo en la segunda vuelta del próximo 28.

Si bien las negociaciones están estancadas desde el primer semestre del año, Mauricio Macri conservaba las esperanzas que para la cumbre del G-20 de comienzos de diciembre, pueda haber algún tipo de avance, aunque sea político, entre los dos bloques para que las discusiones continúen.

Para esto se necesitaría que el principal estado sudamericano que cuestiona capítulos enteros flexibilice su posición ante los europeos; y que, luego, países como Francia, Irlanda y Polonia (los más duros de la UE) también cedan.

En el caso de Brasil, se esperaba que un eventual triunfo de Fernando Haddad lo destrabara. En realidad el candidato preferido de Luiz Inacio Lula da Silva nunca se pronunció sobre el tema, y se supone que tampoco es un fan del acuerdo con la UE. Pero lo cierto es que Bolsonaro es un enemigo de este tipo de pactos, con lo que la posibilidad de cerrar el acuerdo, al menos en un corto plazo, pasó al terreno de la utopía desde el domingo.

Hace unos meses, de los 14 capítulos generales en discusión con Europa, había acuerdo en 10, mientras que en otros 4 continuaban las negociaciones abiertas, con mayor o menor cercanía de un cierre final; pero con discusiones que sólo podrían haberse solucionado con decisiones políticas de los jefes de Estado involucrados.

El triunfador del domingo es un enemigo declarado, al menos en campaña, de los acuerdos de apertura económica; al punto de prometer a sus votantes una era de proteccionismo moderno para la economía industrial de su país.

Entre los sectores que prometió proteger se incluyen los electrodomésticos, los alimentos con valor agregado, los farmacéuticos, las autopartes, plásticos, químicos e insumos industriales. Todos estos se encuentran dentro de los sectores en los que ya había acuerdo con la UE, con lo que de aplicar Bolsonaro sus promesas industriales de protección expresadas en campaña; el acuerdo entre el Mercosur y la UE entrará en un cono de sombras.

Hace unas semanas, la edición brasileña de El País decía “Bolsonaro já deixou claro que investirá mais em acordos bilaterais do que em outros que envolvam blocos econômicos como o Mercosul ou a União Europeia. É mais ou menos o que a gestão do americano Donald Trump, em quem ele se inspira, tem feito“.

Esto puede someter a tensiones al Mercosur. El interés de Macri en el acuerdo es, a esta altura, principalmente político. Pero Uruguay está impaciente con la ilusión de llegar al mercado europeo. Aún así, consideramos que el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea habría sido muy negativo para la industria argentina, con escaso beneficio para la agricultura y, tal vez, un poco más para la ganadería. Que está encontrando mercado en China. En abril dejamos clara la posición de AgendAR aquí.