Macri y las energías renovables. El plan RenovAr – 1°

Del ventilador Atma a la turbina Vestas hubo algo más que un salto de escala para Newsan. Si se está preguntando por la protuberancia a sotavento de la góndola, es un enorme radiador.

Un error habitual de simplificadores es ver al gobierno de Mauricio Macri como «ajustador» serial, uno que suprime subsidios en nombre de una «racionalidad económica». No es así. El gobierno actual subsidia aún más que el anterior. Lo que han cambiado es que los beneficiarios son menos, y son otros (salvo en algunos casos afortunados).

El rubro más notorio, y costoso, es el de la energía. En particular, petróleo (de Vaca Muerta), gas (ídem), y energías renovables, en cualquier lugar. Éste no es el uso de fondos públicos menos productivo que hace este gobierno, por cierto, y las repetidas quejas de AgendAR, han sido porque todos los insumos eran importados. El asunto muestra algunos ligeros cambios, y pensamos oportuno que Daniel Arias haciera, como en otros rubros, una investigación a fondo.

Resultó larga. Y jugosa. La publicaremos en capítulos, durante varios días.

«Forzado por la recesión del consumo y atraído por los privilegios de los productores de energía en Argentina, Newsan, fabricante de los electrodomésticos Noblex, Siam, Atma y Pioneer, acaba de reconvertir su planta de Campana para armar las góndolas de turbinas eólicas. Viaje sin escalas desde el ventilador Atma al molino Vestas V150, el mayor del mundo para ubicaciones terrestres.

Dos salvedades: una turbina es lo opuesto de un ventilador: transforma viento en electricidad. La otra es que estas góndolas no son botes venecianos sino gabinetes metálicos del tamaño de un ómnibus urbano, que se llenarán con 75 toneladas de maquinaria electromecánica compleja. Son 2500 piezas importadas que se ensamblarán aquí, y ésa es, en suma, la noticia real.

Hasta la semana pasada, en materia eólica el programa RenovAr sólo fue importación desenfrenada, endeudamiento, dolarización del viento y un probable pagadios futuro, con a lo sumo dos componentes argentinos: la torre, que es barata, y el viento, que es gratis.

Ahora, al parecer, la Argentina entra en una fase de integración nacional de los llamados “trenes de transmisión”. Ya hay otro caso más: Nórdex-Acciona, consorcio germano-español, se asienta en la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA) de Córdoba, donde además de góndolas hará torres.

Para poner las cosas en su marco: en sus sucesivas rondas, RenovAr logró que el precio promedio de la electricidad de fuentes renovables bajara de US$/MWh 61,41 en la primera, pasando por 54,02 en la segunda, o 1.5 hasta alcanzar 51,49 en la última. El descenso fue interesante en los parques fotovoltaicos: pasaron de 59 US$/MWh en la Ronda 1 a 40,44 US$/MWh en la Ronda 2. La eólica varió su mínimo de 49 a 37 US$/MWh, pero fueron las 2 primeras rondas las que fijaron los contratos de los 63 parques. Algunos ya están construidos y en línea, y los precios andan entre 50 y 60 U$/MWh.

RenovAr lleva a la fecha 147 proyectos adjudicados en 21 provincias por un total de 4.466,5 MW instalados. Esto sucedió en 3 rondas licitatorias, a la que se sumó una última llamada “MiniRen” con 400 MW ofertados y pocos licitantes. Resultado total: proyectos en avance o terminados de 41 parques solares, 34 eólicos, 18 de biomasa, 14 minicentrales “hidro”, 36 plantas de biogás en emprendimientos rurales, y 4 en rellenos sanitarios.

Que empiece a aparecer un poco de industria argentina en el lado eólico de RenovAr, en algo que hasta el mes pasado fue coto exclusivo de fabricantes externos, es buena noticia. Pero hay que mirar toda la película. Pese a ser una canonjía financiera muy blindada contra la realidad, “planeta  RenovAr” es parte de la economía argentina: cuando se hunde un barco, no es imposible que se ahoguen incluso los trepados a los mástiles. Lo seguro es que ya no se embarca más nadie. Eso quizás explica que MiniRen pasara desapercibida.

Lo que sigue, entonces, podría ser crecimiento casi vegetativo, como el de las uñas o la barba de un hombre muerto. Ojalá estemos equivocados. Como decía Niels Bohr, es difícil hacer pronósticos, especialmente acerca del futuro.

Una grúa gigante (todo es gigante en el rubro eólico) instala un tren en una góndola (gigante).

Los “trenes de transmisión” como los que armará Newsan en Campana son maquinarias llenas de sensores y mecanismos de control y autoprotección. Pero básicamente, fungen de cajas multiplicadoras. En el caso de la V-150, transforman el hipnótico, lento giro del cubo de una hélice de 150 metros de diámetro en las 1800 RPM necesarias para generar electricidad en una dínamo. Pero adentro de una góndola suceden muchas más operaciones, y muy sofisticadas.

Como bestia inteligente y deseosa de autopreservarse, la turbina trata de mantener constante la velocidad de giro de la hélice pese a los cambios instantáneos del viento, más o menos arrachado según las regiones. De otro modo, entre aceleradas y frenadas, la hélice terminaría luchando contra la inercia de los enormes engranajes de la transmisión y algo se rompería.

La turbina logra mantener las RPM de su cubo de un modo muy naval: así como un velero mueve de modos complejos sus velas para tomar el viento en el ángulo óptimo y avanzar, la turbina ajusta reactivamente no sólo su dirección acimutal para “enfacharse” contra el viento en los 360º del compás. También ajusta los ángulos de paso de las palas.

En criollo no naval, eso es alterar el chanfle con que el borde de ataque de las aspas intercepta el viento. Cuando lo toma “de frente” en cero grados, como el ala de un avión, la superficie convexa (o extradós) de la pala genera baja presión dinámica de aire, y por lo tanto vacío y fuerza (llamada “sustentación”) en esa dirección: desde el intradós (la parte cóncava del aspa) al extradós (la convexa). Esa fuerza es lateral respecto del plano de la hélice. Y la hace girar en sentido horario.

Eso es una victoria danesa sobre los alemanes de Tvind, un consorcio de profesores y estudiantes, en las épocas casi hippies de la energía eólica, los ’70. Sus turbinas giraban en sentido antihorario. En 1973 Europa Occidental se quedó sin petróleo por haber apoyado a Israel en la guerra de Iom Kippur. Los daneses ya venían haciendo molinos desde 1891, de modo que vieron mercado sustitutivo, le pasaron por encima a los alemanes, e impusieron en el mundo ese diseño de un fuste alto y largo, una góndola y una hélice de 3 palas. Lo copiaron de la NASA, la National Science Foundation de los EEUU y de la Boeing, y el mundo lo bautizó “danés”.

Sí, las aspas las diseñan ingenieros aeronáuticos y no funcionan como las aletas chatas de un ventilador. Son realmente como alas de avión. El extradós de un ala genera vacío y éste “chupa” el avión hacia arriba. Vuela por eso. Un aspa eólica es un ala, pero con un extremo cautivo en el cubo de la hélice: en suma, un ala rotativa. Y dado que es preferible que nada salga volando, la sustentación se ejerce como una fuerza lateral.

Por eso, con una pequeña variación del “paso” las aspas pueden tomar el viento en ángulos crecientemente cabreados, y como consecuencia girar cada vez con menos fuerza hasta eventualmente “entrar en pérdida”, como un avión que levantó demasiado la nariz y está a punto de caerse.

En pérdida, la hélice de una turbina se va frenando. Esta es una medida de autoprotección contra rachas instantáneas pero también contra tempestades sostenidas. Se llama “frenado aerodinámico”, requiere de ajustes constantes decididos por computadora, y sirve para que la hélice no se embale. Si lo hiciera, además de romperse el tren de transmisión, podría salir volando una pala de casi 80 metros de largo. Pero también hay desastres más serios.

El movimiento de regulación de paso de la pala respecto de su inserción en el cubo se parece al de la muñeca de un criollo que le está haciendo a Ud. el signo “más o menos” con la mano. Pero es un movimiento más lento: para no desafiar la inercia y la fricción, todo es muuuy lento con estos componentes gigantes. Y sin embargo el alabeo en su recorrido total puede girar una pala sobre su eje longitudinal alrededor de 100º de arco, hasta dejarla perfilada “en bandera”: mínima resistencia al viento, cero empuje, inmóvil.

Aún con vientos nada peligrosos, de entre 4 y 12 m/s, la fricción de los engranajes multiplicadores del “tren” puede ser brutal y desprende tanto calor que a veces derrota a los sistemas de enfriamiento. ¿Cuáles? Ver el majestuoso radiador de la V-150, con un señor libre de vértigo trepado encima. Y adentro hay más sistemas de enfriamiento.

Si el calor en la góndola sobrepasa cierto umbral, el aparato puede incendiarse. Tal cual. Pasa en las mejores marcas. La góndola, bien mirada, está atiborrada de lubricantes y cables con aislaciones plásticas sumamente combustibles. Paradójicamente, este desastre particular lo pueden causar los frenos neumáticos, no muy distintos de los de una motocicleta, con que el aparato trata de protegerse de incendios o engranes de caja cuando para no embalarse ya no alcanza con el frenado aerodinámico.

Las frenadas de apuro ponen los discos al rojo y un chispazo inoportuno puede volver la góndola una antorcha inapagable. En 2013, tras una seguidilla de accidentes por fuego en Europa que involucraron a casi todas las marcas grandes y mataron al menos a dos mecánicos en Holanda, el Imperial College de Londres calculó un total de 117 incendios anuales en una industria que entonces tenía menos de 240.000 molinos desplegados en el mundo.

El estudio inglés añadió que los fabricantes, para proteger su imagen, declaraban públicamente a lo sumo el 10% de los siniestros, aunque son localmente imposibles de disimular. En AgendAr les damos la razón: hemos agotado Internet buscando imágenes del único accidente fatal de una turbina en Argentina, en 2006. Textos hay algunos, pero alguien se encargó con todo éxito de que no hubiera fotos publicables.

Otro accidente posible es que el tren de multiplicación se “engrane” (quede atascado). Si esto sucede, la fuerza del viento, al no poder generar rotación, tal vez derribe la torre. Le pasó a IMPSA en 2006 con su primer gran turbina argentina en Cerro Arenales, Comodoro Rivadavia (2 heridos, un muerto) y le acaba ocurrir lo mismo en Octubre de este año a una turbina española Gamesa largamente inactiva instalada en el Cerro Chenque, dentro del casco urbano de la misma ciudad. El colapso esta vez no dejó víctimas.

Holanda, 2013, incendio de una Vestas V-66 de 1,75 MW. Dos mecánicos quedan atrapados en la góndola, a 80 metros de altura. El fuego y el derrumbe de la torre son los accidentes más temibles.

En Comodoro, donde están paradas por falta de mantenimiento casi todas (y a veces todas) las 26 turbinas del parque eólico Antonio Morán, entendieron que la idea de juntar tejido urbano y molinos gigantes es mala. También que en un país dado a brotes hiperinflacionarios, es imposible que molinos 100% importados cumplan sus 20 años de vida programada: los repuestos y los mantenimientos cuestan dólares. Van entendiendo también que una turbina permanentemente inmóvil en medio de una ciudad de vientos potentes y arrachados es más un problema de seguridad que un show de ecologismo.

Aunque a la vista del desinformado público los molinos parezcan simples hasta la bobera, como puede ver, son animales complicados. Si sirve de consuelo, no todos los países tienen ingenieros y técnicos capacitados para armar góndolas, incluso con planos y componentes 100% importados. Y diseñar turbinas argentinas, competitivas y buenas, señoras y señores, eso es ingeniería de la brava. Por ahora, eso lo logró sólo NRG, integrando piezas “off the shelf”. No es poco mérito. (Continuará)

Daniel E. Arias