Las 5 Potencias que seducen al mundo

Mark Zuckerberg ante el Congreso de los EE.UU.

El título suena conspirativo. Como si pretendiese ser otra revelación sobre poderes ocultos que manejan los hilos y esclavizan a los pueblos. Pero no es así. No están ocultos; al contrario, se esfuerzan para que la mayor cantidad de gente los vea (y lo consiguen). Y no obligan a nadie a que les revele sus gustos y sus debilidades ocultas. Como anticipamos en el título, los seducen para que los revelen de su propia voluntad.

Pasa que si alguien se mete en una jaula por sí solo, y está cómodo ahí, no puede decirse que es un prisionero. Pero no deja de estar en una jaula.

Dejemos la filosofía y vamos a los hechos. Estamos hablando de Facebook, Google, Amazon, Microsoft y Apple, las cinco compañías que concentran la mayor, por lejos, cantidad de cuentas de Internet.

Natalia Zuazo, la autora de Los Dueños de Internet / Guerras de Internet, estudiosa de esa realidad, concedió hace algunos días un reportaje. Lo sintetizamos:

«Ella es una periodista especializada en tecnopolítica, y cuenta que intentó preguntarle a Facebook cómo funciona el sistema mediante el cual muestra sus noticias en el muro. El bendito “algoritmo”: esa palabra que todos repetimos sin tener del todo claro qué es.

Cordialmente, Zuazo fue recibiendo una excusa tras otra. Primero durante semanas. Luego, meses. Hasta que se dio cuenta de que nunca le responderían.

─No dan información oficial. A los influencers que trabajan con ellos y los periodistas que son amigos de ellos sí, les dan. Para que lo moneticen.

¿Por qué tanto misterio? Porque el “Club de los 5” quiere hacer un mundo mejor para todos bajo un lema filántropo que oficia de denominador común en sus discursos, pero los monopolios que han construido comienzan a generar ciertas sospechas.

Hoy 8 grandes millonarios concentran la misma riqueza que la mitad de la población mundial. Y 4 son dueños de empresas tecnológicas: Bill Gates de Microsoft, Jeff Bezos de Amazon, Mark Zuckerberg de Facebook y Larry Ellison de Oracle.

Larry Page y Sergei Brin de Google, Steve Ballmer de Microsoft, Jack Ma de Alibaba y Laurene Powell Jobs, viuda de Steve Jobs (Apple), no se quedan atrás.

Bill y Melinda Gates (de Microsoft) tienen una fundación filantrópica

─Pero si la tecnología no sirve para que más personas vivan de un modo digno, entonces algo está fallando─.

─Te preguntás «qué pasaría si los verdaderamente poderosos fueran transparentes». ¿No lo son desde sus términos y condiciones que, según un estudio que citás, casi nadie lee?

─Sí, hay algo de eso. Pero son dos partes las que están involucradas. Creo que a estas grandes empresas les perdonamos más o les tenemos más confianza. Y esto es por el marketing, la publicidad y la magia que nos venden. Pero el caso Cambridge Analytica empezó a despertar preocupación.

─Hablás de una “utopía” del «Club de los 5». ¿Qué importancia tuvieron los que quedaron en el camino, como Yahoo, AOL o MySpace?

─Mucha, porque algunas de ellas fueron compradas hasta conformar los monopolios actuales. El esquema actual tiene esta paradoja: por un lado son negativos en términos de mercado como todo monopolio -para el usuario, pero por alguna razón las plataformas están en ese lugar: son las mejores. El correo de Yahoo no era tan eficiente como el de Gmail. En ese tipo de cosas está la respuesta del éxito. Pero ser tan grandes implica un gran riesgo y hemos perdido la valentía de pedir a estas empresas que, al utilizar nuestra información, trabajen en conjunto de acuerdo con objetivos sociales.

Jeff Bezos (fundador de Amazon) y Sundar Pichai (director ejecutivo de Google)

─¿Qué fue lo que hizo que ese club se consagrara como referente, cada uno en lo suyo?

─En términos técnicos, perfeccionaron todo. Pero en términos simbólicos hay marketing, publicidad, relaciones públicas. Y mucha filantropía. Proveen de materiales educativos mientras sea como ellos quieren. Y en esa filantropía a los países no les queda nada, porque casi todas esas empresas tienen esquemas de evasión impositiva y se llevan la riqueza.

─¿Qué tipo de conocimiento propone Microsoft y por qué decís que “destruye el prestigio de la escuela pública”?

─Presenta productos que vienen a resolver problemas que resuelven la enseñanza con una idea de que deje de haber política pública de educación: no se necesita enseñar más que lo básico, porque el resto está en internet. Ahora, ¿cómo se busca información críticamente? ¿Cómo se piensa más allá de un producto si no te gusta o querés cambiarlo? Ellos hablan de que la educación tiene que ser personalizada, pero a todos los países les venden las mismas cosas. Si para la educación básica proponen lo mismo para todos, los que van a profundizar son los que puedan pagar algo más (como los modelos de aplicaciones freemium).

─¿Qué fue el acuerdo que se firmó entre Microsoft y el Gobierno porteño en 2016? (Microsoft había ofrecido a Macri en Davos 2016 software gratis para estudiantes)

─Fue bastante secreto. Trascendió porque hubo una intervención de activistas; yo describo este proceso en el libro. Son acuerdos que se van firmando a espaldas de la comunidad educativa, que es una de las más grandes porque incluye a maestros, alumnos, y padres. El esquema es el de dar “gratis” los productos educativos para luego vender los derechos de los programas.

─¿Y cómo es ese modelo educativo?

─Se replica un modelo que es el siguiente: el Ministerio de Educación propone un programa, una currícula, pero la implementación se hace a través de una ONG que actúa en conjunto con las empresas de tecnología. Lo que ocurre es que la política deja de decidir sobre el programa de educación: trabajan “en conjunto” la ONG con el Ministerio y esa ONG termina por dictar la política pública. ¿Cómo transformás un producto en una política pública? Cambiando el nombre “Office” por “educación del futuro”, por ejemplo.

─¿Cómo se puede cambiar esto? ¿Hay algún ejemplo exitoso?

Estamos en el peor momento de esta situación monopólica, pero el camino para desandar esto es la política en sentido amplio, no la de los políticos: ciudadanos involucrados con lugares donde se puedan tomar decisiones. El ejemplo de Rosario es muy bueno: el Estado pone plata pero las decisiones se toman colectivamente. El Estado no decide hacer una compra de tecnología porque vino un lobista de una empresa y se lo compró. Puede ser muy buena pero, ¿es la que se necesita? ¿O hay que hacerle alguna modificación? También pasó en Barcelona y Brasil. Las empresas siempre van a querer negocios y no las podés juzgar por eso. Pero sí tenés que regular, limitar, cuando una corporación toma demasiado protagonismo. O consensuar.