El patriarcado está vivo, y lo invitan a Davos

En estos días en que los medios se hacen eco de la presencia y la afirmación de la mujer en todas partes, que nos informan de un feminismo rampante, y que se han puesto de moda los términos «empoderamiento» y «Me too», nos llamó la atención saber que este año, en el Foro Económico de Davos, donde se muestran el poder económico y el poder político -y sus expertos en relaciones públicas-, las mujeres son solamente el 22% de los asistentes.

Nos pareció interesante reproducir esta nota de opinión de Silvia Fesquet. Tal vez, demasiado optimista, pensamos.

«Cuentan que cuando en el Foro Económico Mundial de Davos el ex vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, estrechó la mano del marido de Ann Cairns, estaba convencido de que el hombre era el ejecutivo con quien debía reunirse. Sin embargo, la vice-chairman de servicios financieros de Mastercard era la propia Cairns; el señor estaba en el encuentro en calidad de esposo.

Ante la BBC, que lo registró, ella dijo que, mientras observaba la escena, pensaba: “Soy yo. Yo soy la persona a la que usted vino a ver”. Y, reconocía que, de la mano de los prejuicios, se trataba de un error fácil de cometer: alto e imponente, su esposo, un profesor de geografía jubilado, transmite la imagen que los convencionalismos atribuyen a un líder. Como bien concluye la autora de la nota, además de medir 1,63 metros, Cairns es mujer.

A Barri Rafferty, ejecutiva jefa de la firma internacional de relaciones públicas Ketchum, le pasó otro tanto: fueron muchas las veces, a lo largo del Foro, en que debió aclarar que no estaba allí como acompañante sino como participante. Y comentaba su sorpresa por tener que dar peleas que, suponía, habían terminado con la generación de su madre.

Algunas cifras ratifican la vigencia de ese statu quo: sólo el 22% de los asistentes este año a Davos, reunión cumbre de las finanzas y la política mundial, son mujeres, superando en apenas 2% la marca registrada dos años atrás. Y eso a pesar de un sistema de cupo, para las grandes empresas, que obliga a que uno de cada cuatro asistentes sea mujer. Hay sin embargo algunos datos auspiciosos: del centenar de participantes menores de 40 considerados “jóvenes líderes globales” invitados cada año, en esta edición del Foro cerca de la mitad eran mujeres.

Según el último informe del Foro Económico Mundial, presentado el mes pasado, se necesitarán 108 años para cerrar la brecha de género en general, y 202 para alcanzar la paridad salarial en la fuerza de trabajo. De los 149 países relevados, Argentina quedó en el puesto 36, y cayó dos lugares respecto de la edición anterior, con desmejora en los subíndices de educación. Se aclara que ostenta “un ligero aumento en la paridad de género en los ingresos laborales estimados y en los legisladores, altos funcionarios y administradores”.

Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial, resumió: “Las economías que triunfarán en la cuarta revolución industrial serán aquellas que estén mejor capacitadas para apalancar todo el talento disponible. Las medidas proactivas que favorecen la paridad de género y la inclusión social y que abordan los desequilibrios históricos son esenciales para la salud de la economía mundial y por el bien de la sociedad en general”.

​Más allá de la justicia de los reclamos de igualdad -de oportunidades, de acceso, de condiciones, de remuneración- que se hicieron escuchar con más fuerza a partir del #MeToo el año pasado, hay resultados económicos que se están poniendo sobre la mesa.

En el blog del FMI, su titular, Christine Lagarde se refirió tiempo atrás a una investigación llevada a cabo por el organismo sobre 2 millones de empresas en 34 países de Europa. “Muestra -escribió- que cuanto mayor es el número de mujeres que ocupan puestos de alta dirección y en los consejos directivos de las empresas, más rentables son las empresas. Cada mujer adicional en un puesto directivo o en un consejo directivo trae consigo un aumento de 8 a 13 puntos básicos en el rendimiento de los activos”.

Y agregaba: “La relación positiva entre la presencia de más mujeres en niveles superiores de la escala corporativa y la rentabilidad de las empresas es más pronunciada en sectores en que las mujeres representan una mayor proporción de la fuerza laboral, lo que destaca la importancia de reducir la brecha de género entre la alta dirección y la fuerza laboral general”.

Por conciencia o por resultados, dicen que no hay nada más incontenible que una idea a la que le ha llegado la hora».