“Los mercados ya ven la Argentina sin Macri, pero no sin el F.M.I.”

El título de esta nota es traducción del que publicó hace una semana la revista Forbes. Partes de ese artículo han sido reproducidas por otros medios argentinos.

En AgendAR decidimos traducirlo y publicarlo íntegro. No es porque creamos que Forbes, o su columnista senior Kenneth Rapoza, especializado en mercados emergentes, sean infalibles. O que debamos seguir sus consejos.

El motivo es práctico. Los inversores y especuladores internacionales, y los directorios de las empresas transnacionales que operan en Argentina, leen a Forbes y a publicaciones de ese nivel. Ésta es la visión que tienen de la situación en nuestro país, y no la que publican los medios locales. Conviene que la conozcamos.

“Es difícil imaginar una situación más delicada en Argentina que ésta. El próximo presidente deberá hacer frente al pago del mayor préstamo del F.M.I. en la historia del Fondo. Si suspendiera los desembolsos, sería el cierre de Argentina; ningún acceso a crédito internacional, por cierto. La deuda va en aumento. La economía se está reduciendo este año una vez más, con quizás un parpadeo en el monitor cardíaco en 2020.

Los inversores están empezando a considerar la vida sin Mauricio Macri, el empresario de Buenos Aires que prometió salvar a Argentina del kirchnerismo, sólo para anunciar el regreso del Fondo Monetario Internacional, la institución más odiada de América, si no del mundo.

En un año electoral, los inversionistas en el mercado de bonos de alto rendimiento de Argentina están mirando quién podría reemplazar al presidente Macri si no es la propia Cristina Kirchner. Las posibilidades están parejas. Pero una cosa es cierta, no importa quién gane, el FMI se queda. Si Cristina gana y los echa en un default, la economía de Argentina vuelve a caer en recesión en 2020. Por ahora, el FMI pronostica un crecimiento para el próximo año y una contracción para este 2019.

Los votantes están divididos en aproximadamente un tercio pro-Macri, otro tercio pro-Cristina y el resto quiere una cara nueva.

 Hay muchos candidatos potenciales fuera de la dupla Macri-Cristina, incluyendo a María Eugenia Vidal del partido Cambiemos de Macri. Vidal es la gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, no ha manifestado interés en competir.

Entre los otros sectores peronistas, todos parecen canibalizarse entre sí. El ex candidato presidencial Sergio Massa es el más popular, y su índice de popularidad se sitúa en torno al 23%.

Últimamente ha habido mucho ruido sobre el surgimiento del ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, como el potencial candidato de compromiso. Tiene una imagen favorable de alrededor del 49% contra una negativa del 35%, lo que lo hace en este marco un gran candidato potencial.

“Es demasiado pronto para preocuparse por si es una verdadera posibilidad, ya que tendría que consolidarse entre un grupo competitivo de candidatos y convencer a todos de que no solo es el mejor candidato peronista moderado, sino también una mejor opción que Cristina”, dice Siobhan Morden, directora general de Nomura Securities. “Los peronistas moderados no son la peor alternativa (a Macri), ya que la mayoría aceptaría la realidad económica de un programa del FMI”, dice ella.

El peso argentino se va a debilitar

BNP Paribas espera que el peso argentino comience a deslizarse hacia abajo considerablemente, a medida que la incertidumbre electoral crezca en los próximos meses. No hay crecimiento en la economía este año, lo que junto a tasas de interés de un 25% real (N. de la R.: calculadas en moneda dura) hacen que la deuda del gobierno sea insostenible.

“Fuimos bajistas en el 4° trimestre de 2017 contra el consenso general, y vemos que la situación actual nos recuerda a 2018. Mantenemos nuestra perspectiva bajista”, dice Gabriel Gersztein, jefe global de estrategia de mercados emergentes para BNP Paribas en Sao Paulo, Brasil. “Se protegen del riesgo argentino”, dice sobre los inversores que cubren sus apuestas contra el peso.

Argentina está sobreviviendo con el soporte vital del FMI. En la primera mitad del año, le debe a los prestamistas u$s 45 mil millones. De este total, u$s 19,6 mil millones corresponden a pasivos del sector público. No hay posibilidad de renovación con la banca pública nacional. El costo exponencial de las renovaciones hace que los pagos de la deuda sean insostenibles.

Según el BNP, Argentina necesitará entre 2020 y 2023, en el segundo mandato de Macri o el primero de un nuevo presidente, contraer nueva deuda pública por no menos de u$s 50 mil millones, hasta un máximo de u$s 98 mil millones.

Quien sea presidente en 2020 tendrá que lidiar con este paquete sin precedentes del FMI, un paquete que es aproximadamente 20 veces más grande que el préstamo del FMI de $ 3 mil millones en default en 2003, cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia.

Argentina tendrá que recortar los gastos del gobierno de alguna manera, sin afectar las políticas sociales para aquellos aplastados por una recesión de dos años. También tendrá que bajar las tasas de interés. Por suerte para esto último tienen espacio. Pero debido a que la confianza en el peso es tan baja, hay una disminución en el crédito.

La demanda crediticia se contrajo 15% interanual en términos reales. La economía se contrajo casi el 3% el año pasado y se espera que se contraiga alrededor de un 2% nuevamente este año.

También hay presiones fiscales altas e insostenibles sobre la economía, equivalentes a aproximadamente el 42% del PIB, y una carga de deuda equivalente al 95% del PIB a partir de septiembre de 2018. Alrededor del 79% está en dólares.

“No apostaría a la alza en Argentina”, dice Fernando Pertini, socio y CIO de Milennia Costa Rica, un administrador de riqueza privado. “Esto no se trata del regreso de Cristina. Se trata del fracaso de las políticas económicas de Macri. La actividad económica está casi muerta y la inflación ni siquiera está cerca de ser derrotada”, dice.

Mucha gente ve la crisis argentina como la culpa de Cristina Kirchner. Que usó la desaceleración de la economía también como una forma de capturar a los votantes, haciendo que millones dependan de su Partido Justicialista para llegar a fin de mes. Macri recortó muchos de esos subsidios, haciéndolo impopular. En tiempos difíciles como estos, la gente quiere recuperar esa protección. Puede que eso no sea suficiente para regresar a Cristina al poder.

Un candidato alternativo a Macri y a Cristina enfrentaría el desafío de convencer al electorado de que el gobierno está básicamente en quiebra. No puede permitirse lo que una vez se hizo, tomar préstamos y mantener una cotización sobrevaluada del peso.

Todo esto sugiere incertidumbre política hasta que la segunda ronda de las elecciones finalice el 24 de noviembre.

El peso es susceptible a los titulares relacionados con las elecciones y a las dudas de los inversionistas argentinos sobre las posibilidades de Macri.

“La obstinación del gobierno para manejar la inflación a través de tasas de interés ultra altas impidió que el peso se debilitara, pero esto no es sostenible”, dice Pertini. “La parte increíble de esta historia es que Macri tiene una posibilidad real de ganar. Ya sea que gane o pierda, Argentina necesitará reestructurar su deuda a corto plazo”.