Una batalla por el desarrollo nuclear argentino: CONUAR

Ayer, viernes 1 de febrero, en el predio de la AFA en la autopista Richieri, los trabajadores de CONUAR realizaron una movilización y un banderazo. Podría ser uno cualquiera de los muchos reclamos gremiales que se hacen en estos tiempos. Desde una mirada más distante, sería otro ejemplo del accionar de las organizaciones de los trabajadores que -para una forma de pensar- impide desde hace más de 70 años que nuestro país tenga un costo laboral que le permita competir en el mundo moderno.

Es cierto: es un reclamo gremial. Y también ha sido parte de un enfrentamiento decisivo -en el que no participan sólo los sindicatos- para el futuro de una Argentina moderna. Decisivo, desde otra forma de pensar.

LAS EMPRESAS NUCLEARES SON “PRESA LEGÍTIMA”

Es raro que una medida de protesta obrera goce de simpatías patronales. Sin embargo, podría ser el caso de la de los trabajadores de CONUAR, empresa de combustibles nucleares, que hacen un “banderazo” por ocho despidos, pocos para este verano de 2019 en que llueven cesantías. Pero se vienen otros 75 despidos inminentes. Y puede q muchos más.

Y estos ocho despedidos son expertos en mecanizado de silos para enfriamiento de combustibles gastados de las centrales nucleoeléctricas Atucha 1 y 2. Como tal vez imagina el lector, forman parte de una pelea mayor: para terminar con el desarrollo atómico independiente que todavía logra defender la Argentina.

CONUAR es una firma de capitales mixtos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y Pérez Companc, formada en los ’80 para que la Argentina fabricara en forma totalmente independiente los elementos combustibles de sus centrales nucleares.

A diferencia de otras mezclas raras de estado y capital privado, CONUAR tuvo un éxito inmediato: desde 1984, los ensambles de caños de circaloy llenos de pastillas de dióxido de uranio que entran en reacción en cadena en nuestras centrales nucleoeléctricas son absolutamente “made in Argentina”.

En energía nuclear, decía Jorge Sabato, es más importante tener la tecnología de los combustibles que la de los reactores y las centrales. Y las razones hoy son evidentes: si la Argentina dependiera de suministro externo de combustibles para sus 1800 MW nucleares instalados y volviera a mostrar atisbos de una política económica o un alineamiento regional independiente, bastaría un telefonazo de embajador para dejar sin combustibles y a oscuras a casi 9 millones de argentinos. 1800 MW puede parecer poco (y es poco), pero son nucleares, es decir vienen con un “factor de capacidad” del 90%.

Gracias a CONUAR, nuestras centrales nucleoeléctricas no se enteran de si llovió o no llovió, si sopló o no sopló, o de si el estado subsidia mucho o muchísimo a los vivos de Vaca Muerta. La Argentina tardó 34 años en dominar la ciencia de materiales cerámicos y metalúrgicos atípicos, los que hoy le permiten fabricar combustibles nucleares. Pero hizo solita esa curva de aprendizaje y no se va a olvidar.

En consecuencia, nuestras centrales nucleares tienen la posibilidad de trabajar 24×7 el 90% del año, y en el caso de Embalse, recién “retubada” por Nucleoeléctrica Argentina SA (NA-SA) para 30 años más de vida útil, probablemente llegue al 93%.

Si tuviéramos el doble de megavatios nucleares en la Pampa Húmeda, sería muy difícil que sucedieran apagones en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Pero suceden. Y cómo.

El año pasado debían firmarse con la China National Nuclear Corporation las compras encadenadas de Atucha III CANDU (740 MW) y de una central Hualong-1 de 1180 MW: duplicábamos potencia instalada nuclear, joya.

Pero en 2018, tras endeudarse hasta las orejas en papelitos financieros de su invención y fuga de capitales vía “carry trade”, el gobierno nacional desistió de adquirir esa infraestructura. Venía con un 75% de financiación china, 8 años de gracia y 20 años de pago al 4% anual, es decir que las centrales se pagaban solas… “pero el gobierno estaba demasiado endeudado”.

De modo que no bien una ola de calor nos hace gastar más de 25.000 MW/h, 1000 MW/h menos de lo que daba el sistema en 2015, ahora éste colapsa, y no sólo por la pésima red distribución minorista, sino porque la capacidad de generación le queda chica incluso a un país en creciente coma recesivo autoinducido desde… ¿2016?

Como hay uranio en casi toda la corteza terrestre, su precio tiende a la estabilidad, por mucho que el petróleo y el gas, y sus crisis y sus guerras y su permanente histeria de tapas, titulares y horario central lo tironeen. Por eso el precio mayorista de la núcleoelectricidad en la Argentina debería ser una constante. No lo es porque los precios al consumidor los fija la Secretaría de Energía (un cártel petrolero), y por la decisión evidente del gobierno de achicar hasta la irrelevancia la porción de NA-SA de la torta eléctrica. En 1987, el átomo llegó a producir el 15% del consumo eléctrico argentino, hoy quizás llega a un tercio de aquella cifra.

Pero no estamos hablando de MW/h, sino de tecnología, o más bien, de independencia tecnológica. Hay mucha gente ofendida con que Argentina tenga al menos una empresa mixta como CONUAR, con que a ésta le vaya bien, con que haya adquirido una capacidad tecnológica tal en metalurgia y maquinado del circonio (y su primo en la tabla química, el titanio) que figura entre los oferentes de las grandes industrias aeronáuticas del Hemisferio Norte. Ir acorralando de nuevo el Programa Nuclear Argentino forma parte de una movida general de “país supermercado”: vendemos soja, carne, gas, minerales y el resto se importa. Si eso deja un tendal de desocupados en empresas estratégicas, otro aún mayor en empresas más corrientes y un tercer tendal de ciudadanos a oscuras en apagones, eso no es una medida de fracaso de un plan para la Argentina.

Es mucho peor, es una medida de éxito. No el nuestro, ciertamente.

Por eso la UOM hace un “banderazo” por 8 despedidos poco comunes y probablemente la patronal de CONUAR, que tampoco es una empresa demasiado típica, sabe que las firmas de alta tecnología son “presa legítima” en la Argentina de hoy”.

Daniel Arias