El presidente de CNEA habla sobre la política nuclear actual

El presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica habló sobre qué implica la suspensión de una de las centrales nucleares que se iban a construir con China y la reactivación de la segunda, que utiliza una tecnología que va a contramano de los conocimientos acumulados en la industria local.

La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) se encuentra en un momento complicado de su historia por la baja inversión del actual Gobierno nacional en el área nuclear y la cancelación del proyecto de la cuarta central nuclear, conocida como Atucha III, que iba a continuar la tecnología que la Argentina viene desarrollando desde hace décadas como parte de su plan nuclear y que tenía previsto una importante proporción de integración nacional.

En cambio, se optó por continuar las negociaciones por la construcción del reactor nuclear de tecnología china Hualong 1, con varias unidades en construcción en diversas partes del mundo pero sin casos en operación. Este tipo de reactores, también ofrecidos por la Chinese National Nuclear Corporation (CNNC), funcionan con uranio enriquecido y llegaría casi “llave en mano”.

El presidente de la CNEA, Osvaldo Calzetta Larrieu, reveló en una entrevista que, personalmente, preferiría que se hiciera la cuarta central prevista en el acuerdo con China y que ante la decisión del Gobierno de solo avanzar con la quinta buscarán negociar una participación local mayor a la prevista originalmente.

La CNEA enfrentó durante los últimos años una seria reducción presupuestaria, con una asignación de 5.102 millones de pesos para el año pasado, que implicó un aumento nominal de su presupuesto de solo el 4% respecto de 2017, en un año que cerró con una inflación del 48%.

Para este año, los 6.808 millones de pesos asignados implican un aumento del 25% y todavía se están negociando las partidas para el proyecto CAREM el reactor RA-10 que se construye en Ezeiza.

«Vamos a tener un mejor presupuesto que el del año pasado. La realidad es que el presupuesto de la CNEA de este año, salvo el CAREM y el RA-10, que los estamos negociando por otro lado, está un poco mejor. Vale aclarar que venimos de un 2018 de vacas flacas y por eso la mejora”, dijo Calzetta Larrieu, que es presidente de la CNEA desde el año 2016, cuando dejó el cargo Norma Boero, quien fue muy crítica de la política nuclear del Gobierno. Previamente, Calzetta Larrieu se desempeñaba como gerente del proyecto CAREM, participó de la puesta en marcha del reactor RA-6 en 1982 y de los siguientes desarrollados por la CNEA e INVAP en el país y en el mundo.

Durante la entrevista el presidente de la CNEA también se refirió a la renegociación del precio del contrato de Techint por la construcción del CAREM, tras la retirada (obligada) de la empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA), al plan de comercialización de este reactor modular, a la grave situación que atraviesa la planta de agua pesada (ENSI/PIAP) y a la necesidad de avanzar en el proyecto de enriquecimiento de uranio.

La construcción de la cuarta y quinta central nuclear estaban pensadas para ayudar a reducir el déficit energético y tenían financiamiento asegurado por parte de China. ¿Por qué se suspendió su construcción?

«Se está avanzando en la concreción del contrato de la que antes se llamaba la quinta central, que seguramente será la cuarta y que es la de la tecnología china Hualong 1. De hecho, estoy por viajar a China para negociar el contrato de la transferencia de tecnología».

¿Entonces la negociación por la quinta central sigue en marcha?

«Sigue en marcha pero no puedo decir cuándo se va a firmar».

¿Fue una buena decisión abandonar la cuarta central, que también venía con financiamiento y utilizaba una tecnología que la Argentina domina?

«Es complicado. No. Si me preguntan a mí, yo quiero más la cuarta central que la quinta. Más allá de que la cuarta no era un desarrollo tecnológico, sí era un desarrollo industrial e implicaba aprovechar todas las cosas que se habían hecho para la extensión de vida de la central de Embalse con aporte de la industria argentina. Una porción importante de todo lo que había que hacer iba a ser de fabricación argentina. Seguramente, el Hualong 1 va a tener menos participación. De todas formas, la participación que estamos negociando no es baja».

¿De cuánto estamos hablando?

«Arriba del 40%».

¿Contando la obra civil?

«La obra civil está en el orden del 20 al 25%. No es poco. De hecho, está llegando gente de China a evaluar empresas que podrían participar en los contratos. Eso está en pleno proceso. Desde el punto de vista tecnológico, es lógico que la Argentina pase a una tecnología de uranio enriquecido y agua liviana, aunque hay gente que no opina lo mismo que yo y que tiene también tiene conocimientos para sostener su postura».

Se decía que la suspensión de las centrales había sido por presiones de Estados Unidos.

«Yo no lo puedo confirmar ni desmentir. Sinceramente, no me parece muy razonable pero tampoco puedo asegurar que no sea así. Ese tipo de presiones no pasan por mi esfera de decisión».

También se supo de conversaciones con Rusia para la construcción de centrales nucleares. ¿Hay algo de eso?

«Rosatom (la empresa estatal rusa de energía nuclear) está muy interesada, la tecnología de sus últimas centrales es buena y es un posible proveedor. Si por algún problema no se termina arreglando con China, estará la posibilidad de acordar con ellos. Desde un punto de vista personal, no creo que Rusia esté capacitada para financiar la construcción de centrales de la forma en que lo hacen los chinos, con lo cual eso genera algún freno».

Si la cuarta central nuclear no se hace, ¿qué destino tiene la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP)?

«Si no se hace, la realidad es que su destino está mal. Incluso NA-SA tiene un stock importante de agua pesada, con lo cual hoy no se necesita más producción. Lo que sí estamos pensando, y de hecho hay un convenio con una agencia público-privada, es que allí se puedan hacer fertilizantes. Estamos en eso. A la PIAP no le sale nada, lo están haciendo en forma gratuita, aunque seguramente cobrarán en el futuro por eso. Por otro lado, ENSI (la empresa que administra la PIAP) es bastante más que eso. Está toda la parte de servicios y la idea es que la gente de la PIAP pase a ENSI o que haya retiros voluntarios. Es bastante complicado que siga así y no digo que eso me parezca bien o me gratifique, pero la realidad es que es una planta que, con toda la gente que tiene, es un disparate que esté parada. El año pasado, la CNEA puso 160 millones de pesos de su presupuesto para pagar los sueldos y no lo puede seguir haciendo».






La promesa del CAREM

Hace unos días hubo un conflicto en la obra del CAREM a cargo de Techint, que pide renegociar el contrato de la obra, que hasta 2017 estaba a cargo de la empresa estatal NA-SA. ¿Considera que ese cambio fue acertado o que terminó siendo perjudicial?

«En principio, no es una decisión que hayamos tomado nosotros. Simplemente, NA-SA cambió su perfil, se decidió que no fuera más constructora. Pero lo único que nosotros negociamos con la gente de NA-SA y la Subsecretaría de Energía Nuclear fueron los plazos con los que nos moveríamos para poder hacer una licitación. No veo que haya que comparar a NA-SA con Techint, sino que son dos contratos muy diferentes. Uno era por administración y el otro es por ajuste alzado, con lo cual los costos están mucho más clarificados. Me parece que, incluso, vinieron bien con los tiempos, porque cuando recién empezás un desarrollo tan novedoso trabajar por administración es más o menos razonable hasta que se definen bien todos los paquetes de trabajo y después, cuando ya está todo más definido, si se puede poner un precio fijo es mejor. En ese sentido creo que no fue malo. No es un problema de NA-SA o Techint, es un problema de cómo se hace el contrato y la que ganó la licitación fue Techint, con la que no hubo en realidad un conflicto, sino que hubo desavenencias contractuales».

Se considera que el CAREM tiene un potencial comercial importante. ¿Quién se encargará de intentar venderlo a otros países?

«En principio, seguro que no va a ser la CNEA. Seguramente se va a generar algo adonde también intervendrán NA-SA e INVAP, no sé si alguien más, y seguramente la CNEA va a tener una participación importante porque nadie puede vender una tecnología de estas características sin tener a la autoridad de diseño como parte de la oferta y claramente la autoridad de diseño es la CNEA. Cuál va a ser la figura concreta es algo que todavía está en discusión».

¿Es lo mismo que sea un socio local o extranjero?

«En principio, se haría un entramado comercial que sea nacional y lo que probablemente pase es que haya algún socio que pueda financiar la obra. Lo que no está claro todavía, y por eso estamos armando la idea, es si ese socio capitalista va a ser caso por caso o si será un socio para todo el negocio. Todavía no está decidido».

¿En la Argentina no hay nadie que pueda financiar este tipo de proyectos?

«En principio, creería que no, quizás una unión de bancos podría, pero no sé mucho sobre eso, así que no podría afirmar que sea imposible encontrarlo en el país. Uno esperaría que fuera más fácil conseguirlo en el exterior».

¿Atucha II está funcionado ahora? Hubo problemas con la bomba principal, ¿no?

«Sí, está operando. Se acordó arrancar de nuevo y está trabajando en un 30 o 35% de potencia durante un tiempo para verificar su funcionamiento. Lo que pasa es que el otro día hubo un problema en una línea de transmisión, algo que no tiene nada que ver con Atucha pero que generó un problema en la frecuencia en todo el sistema y en algún momento saltó una de las protecciones de Atucha II y se apagó. El problema con la bomba que falló no fue importante, pero cuando pasan esas cosas, más allá de los arreglos y verificaciones, hay que tener las aprobaciones de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) que, lógicamente, quiere estar segura de que no hay ningún problema. Todo eso lleva tiempo».

¿Cómo avanza la obra del RA-10?

«ien, de hecho en febrero se montó el tanque de decaimiento, así que está avanzando».

Hace poco se anunció la fusión de dos empresas en las que tiene participación la CNEA, Combustibles Nucleares Argentinos Sociedad Anónima (CONUAR) y Fabricación de Aleaciones Especiales Sociedad Anónima (FAE), con el objetivo de bajar costos de operación. ¿Es una buena noticia?

«Seguramente hay muchas opiniones al respecto. Para mí es buena. Hay dos razones, una es que siempre hubo críticas de que CONUAR y FAE no tenían interacción suficiente a pesar de que CONUAR era en parte dueña de FAE. Como que no tenían una relación muy equilibrada. De todas formas, comparado con CONUAR, FAE es una empresa muy chica en cuanto a capital y eso hace que su posicionamiento en proyectos en el exterior sea muy débil, no tiene espaldas para garantizar que pueda entrar en determinadas licitaciones. Teniendo la espalda de CONUAR es mucho más razonable y hay posibilidades en ese tipo de negocios. No es un problema de gente, porque la verdad es que la administración la hace CONUAR, pero sí de costos y nos permite eliminar algunos. La realidad es que CONUAR siempre da ganancias y FAE no, con lo cual ahora tener un poco más de CONUAR (el accionista mayoritario de la empresa es el grupo Pérez Companc) le conviene a la CNEA».

¿En qué estado se encuentran los proyectos de enriquecimiento de uranio?

«El de difusión gaseosa, que está en el país hace mucho tiempo, se actualizó y funciona. Sirve para demostrar el proceso de enriquecimiento aunque no tenga una capacidad importante. Más allá de seguir mostrando al mundo que tenemos la tecnología, lo que es algo estratégicamente importante, nos permite tener gente entrenada en el manejo de ese tipo de plantas para cuando tengamos acceso a la otra, que es la de ultracentrífuga y es el próximo paso, para el que estamos desarrollando las máquinas. El enriquecimiento por láser es un proyecto más a largo plazo y estamos en el nivel de prueba de concepto».

¿Tiene sentido llegar a una producción industrial?

«No, la idea fundamental, hoy por hoy, es llegar a tener una planta piloto de tecnología centrífuga. Es una escala un poco más grande que la de difusión gaseosa, el cambio de tamaño es bastante importante en cuanto al proceso pero la producción es mucho menos onerosa que la que se consigue por difusión gaseosa. La inversión para hacer una planta industrial es muy alta y lo que nos queremos asegurar es que no tengamos ningún problema en la comercialización del CAREM porque no podamos garantizar entregarle al cliente el uranio enriquecido. Nosotros creemos que, una vez que tengamos una planta piloto, nadie se va a negar a vender uranio enriquecido porque saben que, teniendo la tecnología, conseguirlo es solo una cuestión de tiempo». Matías Alonso / Agencia TSS

UNA RÉPLICA DEL DR. ANDRÉS KREINER

Andrés Kreiner es doctor en Física e investigador superior de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) donde ingresó en 1974, y del CONICET. Actualmente es el Secretario General de la Asociación de Profesionales de la Comisión Nacional de Energía y de la Actividad Nuclear, APCNEAN. Se trata de un científico con reconocimiento internacional. Ha comentado estas declaraciones del Lic. Calzetta Larrieu, y decidimos reproducirlo aquí:

«No es lógico que la Argentina abandone la tecnología de agua pesada y uranio natural. Es más, es un estrago incalificable.

También me permito poner en duda que tengamos todo el stock de agua pesada que necesitamos para nuestras centrales para su vida útil. Son cientos de toneladas. También necesitamos agua pesada para los reactores de producción de radioisótopos nuestros y los que vende INVAP. Vamos a destruir la planta de agua pesada, una inversión de más de mil millones de dólares y luego compraremos el agua pesada cara, en dólares que no tenemos, al exterior.

Lamentablemente Calzetta avala todas las decisiones y la encuentra razonables. La línea de agua pesada, por otro lado, tiene mucho potencial de innovación tecnológica».

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