Los exportadores, los productores y la bicicleta financiera

Las empresas que manejan el mercado de exportaciones de granos están aprovechando un fenómeno propio del sistema financiero argentino: los bancos están abarrotados de dólares que, en general, no tienen a quién prestárselo. La retracción económica desalienta la toma de crédito, y además solo se puede prestar en dólares a firmas que exportan. Es una regulación pensada para que no se produzcan los descalces de monedas que pusieron al borde de la quiebra al sistema financiero en la salida de la convertibilidad.

Las cerealeras aprovechan la abundancia de dólares y la escasez de demanda. Están tomando prestados dólares a tasas del 3,5% anual (como mucho) es decir un punto por debajo de lo que paga el Estado por colocar Letes en dólares a corto plazo.

Esos dólares son volcados al mercado cambiario, y con los pesos -los que no entregan como pago a los productores de granos- se colocan en Letras en moneda local que rinden en torno al 50/55%. Además, le pueden sacar unos puntos más alquilando esos títulos, una práctica habitual.

Si el dólar baja, como ocurre en estos días, el costo financiero de la operación se abarata, porque les cuesta menos pesos conseguir los dólares para saldar la deuda (carry trade). Para cubrirse de una suba del tipo de cambio, toman cobertura en el mercado de dólar futuro. Hay días en que el desarbitraje de tasas puede dejar importantes ganancias con riesgo cero.

En estos días, las cerealeras tienen una posición dominante en el mercado cambiario. Se está moviendo al ritmo de sus liquidaciones, por lo que podría decirse que son quienes definen el tipo de cambio. Por cierto, operando dentro de las reglas del mercado.

En el primer trimestre de este año las liquidaciones de divisas llegaron a los 4.188 millones de dólares, según la información del Centro de Exportaciones de Cereales. Es un monto que es casi 11% menor a los 4.680 millones de dólares liquidados en el primer trimestre de 2018, el año de la gran sequía.

Una explicación posible: “Este año quedó poco remanente de soja vieja para liquidar por la baja cosecha y ademas vino más demorada la cosecha de maíz porque la sequía del año pasado cocinó las plantas rápido, en cambio este año siguieron llenando grano y ganando rinde por mas tiempo. Ese retraso en la cosecha se empezó a acortar estos días porque el clima ayuda”.

La otra incógnita que se resuelve ahora es qué va a hacer el productor con sus granos: ¿venderá lo mínimo posible, esperando mejor precio de granos o del dólar?. Está ganando terreno la opinión contraria. Que los productores van a vender la mayor cantidad de granos posible -relojeando desde ya las encuestas preelectorales- porque preferirán ver el resultado de las elecciones con dólares en la cuenta bancaria antes que con granos en el silo bolsa. La explicación es atendible: ¿quién querrá tener soja en su poder si no sabe cuál será el esquema de retenciones (y cambiario) que tenga en mente el eventual sucesor de Mauricio Macri?

En el Gobierno hacen una lectura parecida. La tensión cambiaria, dicen en Hacienda, se va a dar más cerca de las elecciones presidenciales, por la abundancia de pesos que tendrán en su poder los chacareros después de saldar deudas de la campaña que está terminando y pagar los gastos de la campaña 2019/2020.

Este seguimiento del minuto a minuto del mercado cambiario va en paralelo a una situación muy frágil del resto de los activos financieros. Los bonos de la deuda no levantan cabeza y el riesgo país sigue arriba de los 800 puntos.