Un nuevo cultivo para el NEA: biocombustibles para aviones

De aquí a 30 años, las compañías aéreas podrían demandar 400 millones de toneladas anuales de aceite para fabricar Biojet. Para cubrir esta demanda, que casi duplica la oferta mundial actual, Argentina, Brasil y Paraguay podrían alentar la producción de una palmera nativa de alto valor aceitero.

Con cinco años de investigación y de trabajo a campo, la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) avanza en un proyecto para impulsar la plantación de la palmera Acrocomia totai en las provincias del NEA, cuyo fruto permite obtener 5 mil litros de aceite por hectárea, una cifra nada despreciable comparado con los 500 litros que se obtienen en la misma superficie con la soja, el principal cultivo oleaginoso de la Argentina.

Además de generar fuentes de empleo a nivel local, se busca atender la creciente demanda de biocombustibles para la aviación con una producción diversificada y amigable con el ambiente.

Según Diego Wassner, docente de la cátedra de Cultivos Industriales de la FAUBA, quien está a cargo del proyecto, para los próximos años se espera que exista un aumento exponencial del consumo de biocombustibles para aviación, que superaría ampliamente la producción actual de aceite. Por eso sería importarte desarrollar nuevos cultivos, más allá de la soja y la palma africana (las principales fuentes actuales de aceite en el mundo), que permitan ampliar la oferta con una mirada regional.

Al respecto explicó que, para cumplir sus objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, las compañías aéreas deberían utilizar hacia 2050 unas 400 millones de toneladas anuales de aceite a nivel global, con las cuales se fabricaría el biocombustible para aviones denominado Biojet. Sucede que estas empresas se comprometieron a disminuir su huella de carbono ante el cambio climático y para ello, entre otras estrategias, prevén utilizar bioenergías.

La Argentina es el principal exportador mundial de biodiesel, pero la producción de materia prima —el aceite— a partir de la soja es insuficiente, puesto que se trata de un mercado mundial de sólo 30 millones de toneladas. Si se suman todos los aceites que se producen en el mundo, llegamos a unas 200 millones de toneladas, un número que sigue siendo lejano a los 400 millones que demandaría la aviación. Por eso pensamos que deberíamos desarrollar otros cultivos, y la Acrocomia podía ser una alternativa interesante por su enorme potencial aceitero”, dijo el investigador de la FAUBA.

“Podemos aprovechar la demanda de Biojet para desarrollar zonas que hoy producen poco aceite como Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa, que tienen las condiciones de clima y suelo aptos para el desarrollo de esta planta”. La apuesta supera incluso la elaboración de los biocombustibles, porque con las semillas también se produce otro aceite que se emplea en la industria de cosméticos. Y además, como consecuencia de la extracción del aceite de sus frutos, quedan como subproductos dos tipos de harina, con características similares a las de maíz y soja, y un residuo lignocelulósico ideal para alimentar calderas.

Se trata de una apuesta regional que involucra a Brasil y Paraguay, donde también se está trabajando con esta palmera con buenos resultados. “En Brasil ya tienen al menos 12.000 hectáreas de plantaciones por entrar en producción. En Paraguay explotan palmares naturales desde hace 60 años y cuentan con una industria que procesa el fruto para obtener el aceite de las semillas”, dijo Wassner, aunque advirtió que estos palmares están siendo afectados por el avance de la agricultura, por lo cual se están empezando a desarrollar plantaciones comerciales.

“En la Argentina, donde no contamos con montes densos con esta palmera, se deberían empezar a generar condiciones que promuevan el desarrollo del cultivo. Por ejemplo, mediante programas de mejoramiento genético, el desarrollo de tecnología de manejo agronómico y una rigurosa evaluación de su factibilidad económica”, afirmó.

Desarrollo para el NEA

Los trabajos de la FAUBA comenzaron en 2015 enfocados en la caracterización de la calidad de frutos de los genotipos presentes en diferentes provincias del noroeste argentino. En 2018 realizaron la primera plantación experimental de palmeras junto a docentes y estudiantes de la Escuela de la Familia Agrícola (EFA) de la localidad de Santa Lucía, en el departamento de Lavalle, Corrientes, con el apoyo de la Dirección de Bioenergía de la Secretaría de Gobierno de Agroindustria. Se estima que alrededor de los seis años estas palmeras van a alcanza la madurez para producir entre 4 y 5 mil litros de aceite por hectárea.

Wassner destacó la necesidad de contar con datos locales debido a que en las provincias del NEA crecerían las poblaciones más australes de la palmera Acrocomia totai. Esto significa que las condiciones ambientales en las que se desarrollan son diferentes a las de Brasil, que además cuenta con plantaciones más desarrolladas y con genética seleccionada por altos rendimientos.

Por otro lado, recientemente se determinó que la palmera presente en Argentina y Paraguay (Acrocomia totai) es una especie diferente a la que se ésta cultivando en Brasil (Acrocomia aculeata). “Si bien ambas están muy relacionadas en cuanto a su genética, contamos con un recurso que poseería una tolerancia más alta al frío y con algunas características diferentes a las encontradas en Brasil. Por eso resulta necesario realizar un proceso de domesticación específico para esta especie y en nuestras condiciones agroecológicas”, sostuvo el docente.

“En estos años de trabajo recorrimos las provincias de Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa buscando diferentes genotipos, y analizamos las características de sus frutos en cuanto a peso y proporción de pulpa y semillas, y también la concentración y composición de sus aceites. Con esta información vamos a empezar a cultivar aquellas plantas que nos interesan por la calidad de sus frutos. También haríamos una selección por su rendimiento una vez que las plantas comiencen su etapa productiva”, señaló.

Wassner detalló que el Biojet se puede obtener a partir de dos métodos diferentes, aprobados por la normativa internacional, según la materia prima que se utilice: “Con el aceite se puede realizar una técnica más sencilla que emplea una materia prima más costosa, mediante un proceso de hidrogenación catalítica. Así se logra el ácido graso hidrogenado, con características similares a las del jet fuel, derivado del petróleo. También se puede elaborar a partir de biomasa lignocelulósica, como con los residuos de cosecha o los rastrojos, que es una materia prima más abundante y más económica de procesar, pero mediante un método de transformación más complejo”.

Ambiente y trabajo

El investigador de la FAUBA destacó que esta palmera serviría para diversificar la producción en el NEA y para generar puestos de trabajo, y que tendría un impacto positivo sobre el ambiente.

En este sentido, explicó que para crear nuevas plantaciones de la palma africana Eleais guineensis, que hoy compite con la producción de aceite fabricado a partir de la soja, se están deforestando las selvas tropicales. En cambio, la palmera Acrocomia totai, que se puede plantar en zonas subtropicales, podría incorporarse a la producción de sistemas silvopastoriles. Esto ayudaría a revertir el proceso de desmonte y mejorar la situación económica en pequeñas explotaciones familiares.

“Al revés de lo que ocurre con la palma africana, esta palmera nativa podría ayudar a enriquecer zonas que se desmontaron para ganadería. Esto significa que el productor podría seguir trabajando con sus animales y, a su vez, tener un producto más, con un ingreso económico extra”, dijo Wassner. “Además, es un cultivo que demanda una mayor mano de obra respecto de otras actividades productivas (en la cosecha y durante su etapa industrial), con lo cual podría haber un impacto social positivo para el NEA, con un mayor arraigo rural”, añadió.

“Puede ser una oportunidad para desarrollar una nueva cadena agroindustrial basada en la producción de bioenergía, aceites de alto valor y raciones animales”.