«Este esquema económico equivale a regar sembradíos en el desierto»

En estos días la atención de los medios, y la del sector más politizado de la población, estuvo concentrada en las listas de candidatos. Plausible: entre ellos están los que van a gobernar. Pero un dato decisivo es si la relativa estabilidad del tipo de cambio -en un marco de recesión- que se ha conseguido en estas semanas es durable. O no. Si no lo es -los políticos de ambas coaliciones lo tienen claro- cambia todo, inclusive el escenario electoral.

Walter Graziano es un economista de sólida formación técnica, y no está comprometido políticamente en ninguna de esas dos coaliciones. Es cierto que hace tiempo que emite diagnósticos pesimistas. Pero en AgendAR creemos que se está incubando, nomás, lo que él señala aquí.

«Mientras siguen entrando los dólares de la cosecha gruesa y se estabiliza el mercado de cambios surgen algunos interrogantes económicos. ¿Ha encontrado el mercado de cambios la tan ansiada estabilidad? ¿Vamos hacia una reducción en la tasa de inflación que con el tiempo puede perforar el 2% mensual e instalarse en algún momento más cerca del tan ansiado “un dígito anual” que al principio de este gobierno se buscaba denodadamente para el año 2017? La calma con el dólar ha generado expectativas. El desarrollo de los acontecimientos que los oficialistas más optimistas piensan y desean viene a ser el siguiente: los dólares del campo siguen entrando, con la calma en los mercados y la baja progresiva en la tasa de inflación el Gobierno gana el ballotage, con cuatro años más de gobierno se despeja el horizonte político, con el mismo se reduce por partida doble la tasa de riesgo país y la tasa de interés bancaria, y, a medida que ello ocurre se va reponiendo el nivel de actividad, mejorando la industria, los servicios, el empleo y los salarios. Todo ello en el marco de una gran estabilidad.

Esta vendría a ser la gran ilusión de quienes hoy manejan el país y la economía. Pero la pregunta atinente es: ¿es posible? La respuesta más probable es que estamos frente a un problema “de naturaleza” y otro “de magnitudes”. El problema de naturaleza tiene que ver con dos hechos a la vez. El primero de ello es que en ese análisis no entra ningún componente de estímulo fiscal ni monetario más allá de las bajas de tasas. Las bajas de tasas podrían reavivar algo el alicaído consumo, pero sería insuficiente para que el mismo crezca de manera sostenida en el tiempo. El segundo factor -y esto es crucial- es que este análisis pierde de vista la necesidad perentoria de generar un superávit comercial mucho más abultado del actual, de manera tal que se generen los dólares que luego habrá que reciclar para el pago de la deuda.

Y la economía hoy está en un estado tal que el superávit comercial, exiguo y en torno a los u$s1000 millones al mes en promedio de lo que va del año, se debe casi exclusivamente al recorte en las importaciones. Por lo tanto, apenas la economía se recupere algo, las importaciones volverían a subir rápidamente y desaparecerían así los exiguos dólares genuinos generados volviendo las angustias financieras para poder repagar la deuda pública. Esos son los problemas que podríamos llamar “de naturaleza”.

Hay además un tema de magnitudes: las elevadas tasas de riesgo país y de interés no se deben solo a factores electorales: a inicios de 2018, con un reciente triunfo del macrismo en las elecciones legislativas de fines de 2017 y expectativas de “barrer” a la oposición en las presidenciales de este, año tanto el dólar, como las tasas de interés y el riesgo país se fueron, en cuestión de unos pocos meses, literalmente al demonio.

Ello marca a las claras que hay graves problemas de consistencia económica. Vale decir que el esquema que se había elegido era inconsistente y por ello había que soportar tasas del 30% anual e índices de riesgo-país del orden de los 350 puntos. Con esos niveles, mucho más cercanos a variables compatibles con la estabilidad, resultó imposible converger a la misma. ¿Puede pensarse entonces que con tasas de interés interbancarias del 67% e índices de riesgo-país de más 800 puntos hay alguna posibilidad de converger a la misma? El camino es demasiado, diríamos extremadamente sinuoso y prolongado como para pensar que estamos en una senda compatible con alguna convergencia a la estabilidad. Más bien habría que pensar que hay que reducir ambos guarismos de un fuerte “sablazo” para que haya chances de convergencia a valores compatibles con lo que es un equilibrio. Más bien podría decirse que por este camino no es posible salir del “ahogo financiero”. Y sin salir del “ahogo financiero” no hay convergencia posible al equilibrio estable.

Ahora bien, el problema del ahogo financiero no es solo un problema argentino. Son pocas las emisiones que en los últimos meses los países latinoamericanos vienen realizando en los mercados internacionales de capitales. Si ello no ha resultado en grandes titulares es porque ningún país, excepto Argentina, está en situación de riesgo de impago de la deuda. La relación entre vencimientos de compromisos de deuda y reservas es en todos los casos mucho mejor que en el caso argentino y además, muchos de ellos como Brasil tienen la fortuna de poder endeudarse domésticamente, con muy poca deuda externa. En ningún caso la deuda externa subió de la manera que lo hizo aquí en la primera parte del régimen macrista.

Por lo tanto, si la economía no estuviera conectada al verdadero pulmotor que es el préstamo stand by del FMI habría que desconectar a este plan económico y decretar su defunción. Es fácil comprender lo que pasaría. Un default actuaría secando completamente el sistema financiero a través de un proceso de fuga descontrolada de capitales en un proceso desordenado de suba de tasas y de tipo de cambio concluyendo de manera caótica este auténtico experimento que resulta el Plan Doble Cero.

Por eso, mejor no marearse con el espejismo que se vive estos días en los mercados. Los dólares del agro y una buena dosis de expectativas de que el oficialismo se salga con la suya no solo en las elecciones sino también en los mercados ha generado la creencia –falsa por cierto- de que lo ha ocurrido las últimas semanas puede “eternizarse”. Sin embargo, la lógica y los datos económicos marcan que no está demasiado lejano en el tiempo el momento en que los mercados comenzarán a “despertarse”. No es una cuestión de quien gana o quien pierde las elecciones. Es un problema de inconsistencia económica. Estamos hablando de no demasiado tiempo. Se mide en unos pocos meses o en semanas. El renacimiento del atraso cambiario marca la clara inconsistencia de seguir privándose de generar dólares genuinos de manera abundante cuando estamos a años luz de conseguir abundantes dólares financieros que provengan de otra fuente que no sea ese organismo. Lo que se hace no tiene ni guarda lógica económica. Es como regar sembradíos en el desierto.»

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