La postergación alcanza al 73% de la deuda de corto plazo

La reprogramación parcial de los pagos de los títulos de corto plazo dispuesta por el Gobierno alcanza a un total de US$ 16.000 millones de la deuda emitida en Letras del Tesoro (Letes) en dólares o Letras en pesos de distintos tipo, un 74% del total de vencimientos por unos US$ 21.500 millones que vencían en el corto plazo.

La medida afecta sobre todo a las tenencias en poder de las compañías aseguradoras y los Fondos Comunes de Inversión (FCI). Apunta a quitarle presión a las reservas del Banco Central, porque ya no se renovaban estos títulos como en los meses anteriores, y eso a pesar del aumento de los intereses insólitos que se ofrecían.

«Las decisiones adoptadas priorizan el uso de las reservas internacionales para preservar la estabilidad monetaria y financiera, aún cuando ello implique postergar el pago a los grandes inversores de deuda pública», afirmó el presidente del Central, Guido Sandleris, en un comunicado. Sandleris confía en que la medida ayudará a «preservar la estabilidad monetaria y financiera».

El gobierno y sus amigos esperan que la reprogramación forzada de los vencimientos, al respetar parte inicial de los pagos (el 15% se abona en la fecha en que el título caduca y el 85% se cancela en cuotas del 25% y 60% restante a 3 y 6 meses) no generará grandes problemas a las compañías afectadas por la medida, pero descuentan «algún grado de malestar» (!) entre las administradoras de los FCI que deberán enfrentar seguras quejas de los suscriptores.

La decisión de avanzar en una postergación de pagos se comenzó a estudiar la semana pasada. Era una alternativa a considerar si fracasaban los intentos realizados por el secretario de Finanzas. Santiago Bausili, para contentar a los inversores. Bausili acortó aún más los plazos de los títulos que ofrecía y hasta rehabilitó la posibilidad de suscribir la Lete en dólares con pesos. Así quiso tentar a los que buscaban cobertura cambiaria y lograr una mejora en las tasas de renovación de esa deuda. Fracasó.

La nueva decisión -un «cepito» para pocos- maduró luego del «martes negro» de mercados y tras la apertura de furia que tuvo el dólar al día siguiente: abrió con un alza mayor al 3% y no pudo ser aplacado pese a las constantes ventas del Central.