Deuda externa: Quita / No quita / ¿A quién le quitan?

Para un portal comprometido con la producción argentina, estamos publicando muchas noticias de finanzas. Hay algo de contradicción ahí, pero son datos necesarios en la Argentina de hoy. Por ejemplo, el conocido periodista Marcelo Bonelli incluyó en su columna de ayer estos jugosos párrafos. Creemos necesario compartirlos con ustedes, si no los han leído ya. Dan una indicación de los parámetros en que podrá moverse y tratar de ampliar sus capacidades de negociación el futuro gobierno:

«En Manhattan existe una información confidencial clave (que) sólo la maneja un puñado de “lobos” de Wall Street. Se trata de lo siguiente: existe un fuerte enfrentamiento entre el FMI y los fondos de inversión sobre la Argentina. Ambos coinciden en una cosa: que la solución “a la uruguaya” no le sirve a la Argentina y que la economía requiere una quita –mínima- de la deuda de un 20 %.

«David Lipton –y también Kristalina Georgieva– consideran que esa pérdida debe ser asumida en exclusividad por Wall Street. En Washington (sede del FMI) acusan a los fondos de inversión (y de riesgo) de hacer ganancias siderales con Argentina y creen que los últimos deben asumir el “riesgo moral” –moral hazard– de esas especulaciones financieras.

«En Wall Street, Larry Fink, de BlackRock; Michael Hasenstab, de Templeton, y la cúpula de Pimco, dicen lo contrario: insisten en que el FMI debe pagar el costo y hacer una quita sobre su multimillonario préstamo. Se trata de los tres principales tenedores de bonos argentinos. El trío insiste en que fue por la irresponsable cobertura de Christine Lagarde en favor de Macri que ellos cometieron serios errores en sus inversiones y perdieron sumas millonarias en Argentina .

«El ex economista jefe del FMI, Kenneth Rogoff, acusó a Lagarde y Roberto Cardarelli de cometer graves errores y provocar pérdidas millonarias».

(Añadamos a esto de Bonelli que Mr. Rogoff también hizo una crítica mucho más cercana «En caso que se hayan distraído un minuto, debo decirles que el gobierno argentino acumuló un montón de deudas desde la nada con una velocidad sorprendente, y luego procedió a defaultearlas casi a igual velocidad. En comparación con el default de cámara lenta del país en 2002, esta última crisis parece Shakespeare en 60 segundos«).