Nobel de Física 2019: un cambio en la concepción del mundo

Hoy se conocieron los ganadores del Premio Nobel de Física 2019. Una mitad fue para el canadiense James Peebles, de 84 años, “por sus descubrimientos teóricos en cosmología física” y la otra mitad resultó compartida entre los suizos Michel Mayor, de 77, y Didier Queloz, de 53, “por el descubrimiento de un exoplaneta que orbita una estrella de tipo solar”.

La Academia Sueca destacó en su comunicado que estos logros “cambiaron para siempre nuestra concepción del mundo”. Y agregó: “Los galardonados han contribuido a responder preguntas fundamentales sobre nuestra existencia. ¿Qué pasó en la primera infancia del universo? ¿Qué pasó después? ¿Podría haber otros planetas por ahí, orbitando otros soles?”.

Para el doctor en física Esteban Calzetta, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, fue una grata sorpresa. “Honestamente, no esperaba que le dieran el Nobel a ellos. El premio a Peebles es merecido, pero es raro porque generalmente se dan por un logro puntual. Aquí es un premio claramente a toda la trayectoria. Él ha sido un referente en cosmología por lo menos desde los años 60. Mientras que Mayor y Queloz son premiados por sus observaciones de 1995. O sea, se tomaron su tiempo para darles el Nobel”, observa el investigador del CONICET.

Peebles, físico canadiense, quien realizó su trabajo recientemente premiado en la Universidad de Princeton, Estados Unidos, estudió el origen del universo, y descubrió nuevos procesos físicos. “El modelo Big Bang describe el universo desde sus primeros momentos, hace casi 14 mil millones de años, cuando era extremadamente caliente y denso. Desde entonces, el universo se ha expandido, volviéndose más grande y más frío. Apenas 400 mil años después del Big Bang, el universo se volvió transparente y los rayos de luz pudieron viajar a través del espacio. Incluso hoy, esta antigua radiación nos rodea y, codificada en ella, se esconden muchos de los secretos del universo. Usando sus herramientas y cálculos teóricos, James Peebles pudo interpretar estos rastros desde la infancia del universo y descubrir nuevos procesos físicos”, puntualiza la Academia Sueca.

En este sentido, Calzetta remarca que el trabajo de Peebles fue “monumental, de muchísimos años. Él empezó a empujar la teoría del Big Bang cuando era una teoría rara. De hecho, el nombre de Big Bang se lo pusieron los adversarios para ridiculizarla. Es un logro haber insistido con esto y haberlo llevado al punto actual, que es una de las teorías con más poder predictivo que tenemos en la física”. Para tener una cabal idea de lo que su nombre significa, Calzetta grafica: “Peebles para todos los que estamos trabajando en cosmología, es el que escribió el libro con el que todos hemos estudiado”.

La otra mitad del Nobel de este año es compartida por Mayor y Queloz. Ellos han explorado nuestra galaxia natal, la Vía Láctea, buscando mundos desconocidos. En 1995 hicieron el primer hallazgo de un planeta fuera de nuestro sistema solar, un exoplaneta, orbitando una estrella de tipo solar. “Su descubrimiento –marca la Academia Sueca– desafió nuestras ideas sobre estos mundos extraños y condujo a una revolución en astronomía. Los más de cuatro mil exoplanetas conocidos (hoy) son sorprendentes en su riqueza de formas, ya que la mayoría de estos sistemas planetarios no se parecen en nada a los nuestros, con el Sol y sus planetas. Estos descubrimientos han llevado a los investigadores a desarrollar nuevas teorías sobre los procesos físicos responsables del nacimiento de planetas”.

Un verdadero “alegrón” fue la noticia para Rodrigo Díaz, investigador del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE, CONICET-UBA), quien conoció personalmente a Mayor cuando fue a Suiza a trabajar en el equipo de Mayor en la Universidad de Ginebra. “Siempre sonaba fuerte Mayor para el Nobel porque hizo un descubrimiento que cambia un poco la comprensión que tenemos de cómo se forman los sistemas planetarios, y eso nos toca de lleno. Es realmente fundamental. Y abrió a la consideración científica,un campo que no existía y es uno de los más activos de la astrofísica”, remarca Díaz, quien lideró la investigación que, a principio de año, descubrió el tercer exoplaneta más cercano al sistema solar.

Cuando los recientes Nobel hallaron en 1995 el primer exoplaneta, Queloz estaba haciendo su doctorado bajo la dirección de Mayor, según comenta Díaz. “Resulta valioso –añade- que se premie el trabajo de un investigador en formación o investigador joven. Muchos de ellos trabajan muy duro, y a veces en condiciones precarias y con mal salario, para avanzar el conocimiento científico. La inclusión de Queloz es también un reconocimiento para todos ellos y ellas”.

De estos nuevos mundos, cada vez más cercanos, Calzetta observa que el campo de búsqueda de exoplanetas avanza a una velocidad impresionante y que la única limitación es lo difícil que es observar estos objetos. “Cada vez que se encuentra una forma de mejorar la precisión de las observaciones, se descubre una familia nueva de planetas que nadie hubiera sospechado que existía. Acá se da el premio por la primera detección, en 1995, hace 24 años. Ahora, ya se han detectado miles. Y nos estamos acercando a lo que sería la frutilla del postre, que es encontrar uno parecido a la Tierra. Es muy difícil porque son muy chiquitos y están orbitando estrellas, entonces están tapados por su luz. Pero, nos estamos acercando cada vez más”.

Por .