Argentina, dispuesta a importar basura plástica

Reciclando basura en José León Suárez. Foto: Agustin Marcarian/Reuters

Este mismo asunto provocó un gran ruido en los medios dos meses atrás. Desde Infobae a Página 12, hasta la oficial Télam informaron. También AgendAR, naturalmente. Y se alzaron voces en protesta: del senador Solanas, a la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCyR).

Pero luego pasaron muchas cosas, y la memoria del público es corta. Aprovechamos esta nota del británico The Guardian, que se refiere a la preocupación internacional por el tema, para recordárselo al próximo gobierno.

«IMPORTANDO LOS DESECHOS PLÁSTICOS DEL MUNDO

Tumbando una ley con un decreto (la 24.051 de 1991 de Residuos Peligrosos con el 591/2019) Argentina ha cambiado su definición de residuos en una medida que podría permitirle importar millones de toneladas de residuos plásticos desechados en los Estados Unidos.

El decreto 591/2019, firmado por el presidente Mauricio Macri, «reclasifica la clasificación» en origen de plásticos destinados al reciclaje. Ahora, hasta inspección en puerto de destino, son materia prima en lugar de desechos. Si resulta que son basura tóxica o de gestión irredimible, paciencia: ¿quién se quedará con el muerto? la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, a cargo de Sergio Bergman, argumentó que la decisión del Gobierno de dejar de exigir el «certificado de inocuidad sanitaria y ambiental» , como garante del tipo de material de residuo que llegue al país, se debe a que ya no es emitido por ningún país. Lógico, la credibilidad de esos papelitos con sellos marca debajo de cero.

Esto le da a la Aduana una nueva «visión flexible» de los desechos de plástico mezclados y contaminados que son difíciles de reprocesar. Al no poder ser reciclados para darles una segunda vida económica como plásticos de menor calidad, aquí sufrirán un destino absolutamente común: serán tirados a los basurales (lo que supone contaminación de arroyos, ríos e incluso el mar, por acarreo), o serán enterrados en nuestros ya colapsados rellenos sanitarios (contaminación de napas más profundas) o incinerados (a temperaturas inferiores a 1000 grados Celsius, y eso supone contaminación aérea múltiple).

Grupos sociales y medioambientales dicen que el decreto es ilegal (efectivamente, viola la ley 24.051 a mansalva). Además, contrarresta una tendencia mundial hacia la mejora de los controles sobre las importaciones de residuos. Eso, al menos, es relativo. Hay países que «se tiran de palomita» para ocupar el lugar que acaba de abandonar China en 2017, pero éste es un tiempo de creciente desobediencia civil, y quienes se compran este problema se se arrepienten rápido. El de Macri es otro primer paso para que Argentina absorba los plásticos que se acumularon caóticamente en puertos de embarque del Primer Mundo cuando China, sin preaviso, comenzó a rechazar todos los envíos, excepto «de primera», es decir los más limpios y factibles de reciclado, a fines de 2017.

Recordamos a los lectores que en 1990, con la firma del presidente Carlos Menem y de su Ministro Domingo Cavallo, se intentó obligar a la Aduana a permitir la entrada de 500.000 toneladas de residuos de fabricación de pesticidas, pinturas y aceites clorados provinientes del Sur de los EEUU y de Alemania, y que quien la dirigía en aquel momento, el brigadier Rodolfo Echegoyen, filtró la información a los diarios Página 12 y Clarín, lo que desató el primer gran escándalo nacional del gobierno en un verano que se preveía políticamente tranquilo.

No lo fue. Pero los puertos de Buenos Aires y Comodoro Rivadavia se salvaron de quedar atosigados de tambores de metal llenos de contenidos inmanejables. El brigadier Echegoyen, que había renunciado a su cargo, «se suicidó»el 13 de Diciembre con un revólver .38, que tenía la nariz y la frente como suelen estar tras ser apaleado. Al parecer Echegoyen gatilló el arma con el dedo equivocado (¡el pulgar), gastó dos balas en suicidarse en lugar de una, y la que apareció incrustada en un marco era de plomo liso, distinta de las encamisadas de punta hueca. Echegoyen había dicho públicamente que haría denuncias más pesadas, relativas a la entrada de droga por los depósitos fiscales de Edcadassa, conformada por el grupo Yabrán y la Fuerza Aérea.

Un país que compra basura en cantidades siderales se arriesga a le le lleguen otras cosas. Pero anque se tratara de simples requechos plásticos, el problema de fondo es de qué están hechos, y qué contuvieron en su primer ciclo de vida. Jim Puckett, director ejecutivo de la Red de Acción de Basilea, un grupo que combate la exportación de desechos tóxicos de las sociedades industrializadas a las naciones en desarrollo, dijo (de nosotros): «Están dispuestos a convertirse en un país sacrificial donde el resto del mundo podría enviar sus desechos y beneficiarse de ello «.

Más de 180 países son parte de la Convención de Basilea, que rige el comercio internacional de residuos, pero Estados Unidos no lo es. Según una reciente enmienda propuesta por Noruega a la Convención, las naciones desarrolladas no podrán exportar desechos plásticos de baja calidad a las naciones en desarrollo sin obtener su consentimiento explícito y garantizar que los desechos puedan ser manejados adecuadamente.

Las enmiendas apuntan a garantizar que incluso los países que se abstienen, como los Estados Unidos, sigan las reglas de la Convención de Basilea cuando envíen desechos plásticos a los países más pobres.

Los países de la Convención de Basilea aún podrían llegar a acuerdos por separado con los EE. UU., siempre y cuando se aseguren de que los plásticos que reciben no se eliminarán de manera que dañe el medio ambiente y violen la letra del tratado, dijo Pål Spillum, subdirector general del Ministerio de Medio Ambiente de Noruega.

Puckett dijo que en negociaciones recientes, Argentina y Estados Unidos se opusieron a las enmiendas de Noruega: supondrian controles más estrictos «en origen», es decir en los propios países exportadores, que les impidirían sacarse de encima los plásticos no reciclables. Junto con el decreto, a Puckett le preocupa que Argentina quiera comenzar a absorber los desechos de Estados Unidos.

Se cree que Argentina, 8vo país del mundo por superficie, podría llenar el vacío dejado por la decisión de China de dejar de aceptar todo, excepto los plásticos factibles de reciclado de los Estados Unidos, el Reino Unido y Europa.

Después de ese profundo cambio, a fines de 2017, los desechos plásticos de EE. UU. comenzaron a fluir a países como Vietnam, Malasia y Tailandia, hasta que en estos se desataron las inevitables crisis de rechazo popular. Cuando esos países comenzaron a prohibir las importaciones, la basura plástica fue derivada a Camboya, Laos, Ghana, Etiopía, Kenia y Senegal, vírgenes hasta entonces de descartes plásticos de EE. UU., como se reveló en una investigación de Guardian.

Spillum dijo que la propuesta Noruega estaba destinada a «aumentar el control del movimiento transfronterizo de residuos plásticos que no es fácilmente reciclable y, por lo tanto, que podría convertirse en un problema ambiental en el país de importación».

Un portavoz de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) dijo que Estados Unidos apoyó la convención de Basilea pero se opuso a las enmiendas.

Para que la chatarra de plástico esté exenta de las enmiendas, necesitaría «cumplir con un conjunto de criterios muy estricto y estricto que es difícil y costoso de satisfacer», argumentó el portavoz de la EPA, y continuó: «A Estados Unidos le preocupa que las barreras a al… (plástico de descarte)… disminuirá su valor y hará que los plásticos vírgenes sean más atractivos en comparación, probablemente aumentando el volumen total de eliminación de plásticos del flujo de residuos ”. Es decir, seguirán exportando basura de puro ecologistas.

El bulto de la masa de plásticos técnicamente difíciles o económicamente muy caros de gestionar, ya sea por su propia composición química, o su contaminación orgánica, química o farmacológica, la forman los objetos fabricados para un uso único, cuya producción a partir de 1945 se disparó en rampa. Son las bolsas y botellas delgadas de PET, las botellas, bidones y pulverizadores de HDP (polietileno de alta densidad) que contuvieron detergentes y pesticidas, los clips, tuberías y mangueras de PVC, el polietileno de baja densidad (LDP) de bolsas de tintorería, botellas no retornables de bebidas, pañales descartables y productos pre-empaquetados de supermercado, el polipropileno (PP) de botellitas de fármacos, sorbetes y botellas de salas y aderezos, las bandejas de espumas de telgopor (o styrofoam) típicas del packaging supermercadista, y sigue una lista inacabable.

Nada de todo esto es recuperable. Para quemarse sin emitir particulados tóxicos se requiere de enormes hornos de proceso capaces de mantener temperaturas de 1000 grados en todo su recorrido (tuvo uno solo), o bien -y con más problemas- en hornos de calcinamiento de cemento (muy pocos en todo el país). La paradoja económica entonces es que la Argentina debería gastar cantidades enormes de combustible -gasoil y gas que le andan faltando- para transportar y luego quemar estas «materias primas» que nos regala EEUU. Gran negocio.

El único horno diseñado ad-hoc para eliminar residuos tóxicos fue el de AILINCO, firma fundada (con bastante ingenuidad) por INVAP en Zárate en 1994, provincia de Buenos Aires, en sociedad con Kommunekemi, una cooperativa de 3er grado y escala nacional formada por todas las municipalidades de Dinamarca. Kommunekemi participaba con un 15% de las acciones y la tecnología del incinerador.

AgendAR todavía no existía entonces, y la Internet apenas, pero pudimos ver el gigantesco horno en operación en 1996. Era un cilindro rotativo apuntado al cielo en oblicua, atiborrado de sensores químicos y térmicos que alimentaban computadoras, en cuyas panatllas se monitoreaba en tiempo real toda variación local de temperatura a lo largo del trayecto interno «por las tripas del dragón», mientras éste devoraba su menú de aquel día, creemos recordar una ensalada de neumáticos trozados y plásticos con residuos de fabricación de pinturas que entraba por abajo. Por arriba, de la tobera terminal sólo brotaban enérgicos torrentes de dióxido de carbono y agua. No había humos.

Un danés entusiasta y enorme me aseguró que salvo por la temperatura, aquel gas efluente de la chimenea era perfectamente respirable. Yo pensaba más bien en la enormidad que acababa de pagarle a Metrogas aquel bimestre, y lo que debía ser la factura de gas de AILINCO. Salvo que la firma cobrara fortunas a sus clientes, ¿cómo podía cerrar las cuentas?

No tenía mucha idea -casi ningún argentino la tenía- de que el yacimiento neuquino de Loma de la Lata, puesto en línea en tiempos del presidente Alfonsín y que debía durar hasta 2050, se terminaría despresurizando a principios de 2000, en parte porque la Argentina se iba sembrando de centrales de ciclos combinados para fabricar electricidad, y en mucha mayor parte por su exportación desaprensiva a Chile.

Previsiblemente, los grandes operadores de basura de la provincia de Buenos Aires, acostumbrados al descontrol total de aquel entonces (?), evitaron AILINCO como a la peste. Les quedaba lejos y cobraba. Prefieron seguir su práctica habitual de descartar en descampados o de quemar plásticos a bajas temperaturas bajo la mirada distraída de algunos intendentes, y conseguirse donde los expidieran certificados sellados de «buena gestión final». El negocio de INVAP estaba fracasando en todo… salvo en generar oposición ambientalista en Zárate: ¿quién iba a creer que AILINCO fuera una excepción al desastre provincial? En todo caso, dejó de ser una excepción en 1999 cuando INVAP, agotada de pérdidas y piñas, se retiró y compró su lugar la española HERA, para gran alarma danesa. INVAP jamás volvió a ese rubro.

No sólo danesa era la alarma. Los vecinos se enteraron de que HERA tenía planes de 5 grandes enterramientos de residuos tóxicos, «rellenos sanitarios», como se los llama, y multiplicaron los decibeles de su oposición: el percolado líquido generado en esas fosas de impermeabilización más bien simbolica (suelo compactado con motoniveladora, luego membrana de polietieleno grueso) amenazaba directamente el mayor acuífero de la Argentina, el Puelche, fuente de agua de la Zona Núcleo de la agricultura industrial argentina, también del agua potable de todas las municipalidades de la Pampa Ondulada, y del riego de una importante industria frutihortícola colindante con el Paraná. Y por definición, ya que la empresa gestionaba basura peligrosa, esos percolados no serían muyu inocentes. El «core business» había virado a un vulgar «entierro tu basura impresentable y te vendo papelitos sellados que certifican su santidad química».

En 2000 Kommunekemi asumió pérdidas y se fue de AILINCO con un portazo que se oyó. Dijo su CEO, Kield Knarreborg: «… nuestra política es no involucrarnos en proyectos que no alcancen los estándares daneses de seguridad para los trabajadores y el entorno».

Ahora es toda la república y no Zárate, la que absorberá como pueda los residuos plásticos, pero ya no de la Provincia de Buenos Aires, sino los de la 2da economía industrial del planeta, y la 1ra en producción de «packaging» plástico. La EPA, como haciéndole honor a su nombre, dijo que «acababa de darse cuenta» del nuevo decreto de residuos de Argentina y que no había tenido la oportunidad de evaluar sus impactos. Qué sorpresa.

Cecilia Allen, una defensora con sede en Buenos Aires de la Alianza Global para Alternativas a los Incineradores, dijo que no es probable que se reciclen los plásticos mixtos que Argentina aceptó del extranjero.

En los últimos meses, el valor del plástico reciclado ha disminuido. Es más costoso de fabricar que el plástico virgen producido a partir del gas etano extraído del subsuelo por los perforadores de petróleo y gas.

«Una de las preocupaciones que tenemos es que esto puede impulsar una industria incineradora en el país, o la quema de desechos en las plantas de cemento», dijo Allen. “Tenemos muchos desechos aquí y no estamos reduciendo, no estamos reciclando, no estamos compostando. Y no tiene sentido que abramos la puerta para que haya más por venir «.

Los incineradores que queman plástico están vinculados a los principales problemas de salud por la contaminación del aire que producen. Los productos cancerígenos de una combustión con poco oxígeno y bajas temperaturas son centenares, agrupables en decenas de familias químicas, y abundan en los particulados de bajo peso molecular, que generan esos delatores humos negros. Los de peor fama (justificada) son las dioxinas, disrruptores extremos del sistema inmunológico.

Los recicladores en Argentina, que examinan las pilas de plásticos para recolectar aquellos que se consideran reciclables (caso clásico: los fabricantes de tableestacas para estabilizar orillas, o mobiliario de plazas resistente a daños y robos), han protestado contra el decreto. Esperan que la sobreoferta disminuya el valor de los productos finales hechos de plástico reciclado.

Carolina Palacio, representante de la Federación Argentina de Recicladores, dijo que el sindicato ha luchado por mejores condiciones laborales y de vida. “En lugar de esto, desregulan y traen desechos de otras partes del mundo. ¿No tenemos suficiente desperdicio aquí? ”.

El decreto 591/2019 debe ser derogado de inmediato.