Alberto Fernández en la Unión Industrial: avizorando la nueva etapa

Unos 1.500 empresarios se hicieron presentes en la 25 ° Conferencia Industrial de la Unión Industrial Argentina. Muchos más que en anteriores y con una significativa presencia no sólo de empresarios pymes y directivos, sino también de dueños de grandes compañías. Se vio ahí a Alejandro Bulgheroni, Martín Cabrales, José Urtubey, Daniel Funes de Rioja, Adrián Kaufmann de Arcor, Saúl Rosenstein, del sector petrolero, Alberto Álvarez Saavedra, de Gador, Cristiano Rattazzi de Fiat, Luis Betnaza de Techint, Carlos Ormachea de Tecpetrol, Hector Motta, Martin Rappallini, presidente de la UIA de la provincia de Buenos Aires, Armando Hugo Goransky de la Unión Industrial de San Juan, entre muchos otros.

También estuvieron presentes sindicalistas: Antonio Caló de la UOM, Gerardo Martínez de la UOCRA, Héctor Daer de Sanidad y Armando Cavalieri de Comercio.

Alberto Fernández se mostró suelto. Hizo una larga exposición, interrumpida por aplausos en reiteradas oportunidades , en un ámbito en el que se lo vio cómodo. Así, se refirió a “Miguel” (el nombre de pila de Acevedo, titular de la UIA).

En su discurso, el presidente electo insistió en que iba a darle prioridad a la producción antes que al aspecto financiero, a quienes trabajan por sobre los que especulan, y reiteró la necesidad del diálogo social en una Argentina que incluyera a todos. Sugirió un paralelo con la etapa 2003 a 2005 “vamos a poner en marcha la economía una vez más”.

Insistió en la necesidad de recuperar el consumo; como ejemplo de las consecuencias de políticas equivocadas, recordó que en la Argentina había bajado 30% el consumo de leche. En lo que pareció un adelanto respecto al tratamiento de la deuda, afirmó que “será sin quita” y que su intención es pelear por el plazo.

También enfatizó la necesidad de crear un Consejo Económico y Social. Como síntesis, se pronunció a favor de “cuidar el trabajo en blanco, cuidar el trabajo industrial” como hacen todos los países, porque, calificó, es el que “permite el progreso social”.

Dijo que aspiraba a “terminar con los personalismos”, y fue enfático en cuanto a que “debemos ser todos” los que saquemos el país adelante y que se “vuelvan a levantar las persianas de las fábricas”, expresión que obviamente despertó el aplauso de los asistentes.

El presidente electo no tuvo problemas en quedarse luego más de media hora sacándose fotos con los asistentes y conversando acompañado de sus colaboradores Juan Pablo Biondi, Matías Kulfas, Paula Español y Ignacio De Mendiguren.

Especulaciones:

En el salón Vip se habló mucho del equipo de colaboradores del presidente electo. Se comentaba que Matías Kulfas tendría el rol central en la coordinación económica, en tanto que “suben las acciones” de Martín Guzmán para hacerse cargo del área financiera y del manejo de la deuda externa. En este sentido, ya estaría resuelto que Guillermo Nielsen colaborará con el nuevo gobierno pero en el área energética presidiendo YPF.

Se daba como muy probable que Miguel Pesce se haría cargo de la titularidad del Banco Central. Otro de los nombres que se comentó es el de Mercedes Marcó del Pont que se haría cargo de la AFIP (al respecto ya tuvo contactos informales con el organismo recaudador) y Alejandro Vanoli al frente de la Anses.

Algunos empresarios, industriales del interior del país destacaron como positivo la “mirada federal” que planteo el presidente electo en su discurso. Al respecto, Kulfas ya se habría comprometido a la vigencia del decreto 814 establecido en el 2001 y que fuera modificado por el gobierno de Mauricio Macri en el 2017. Dicho decreto permitía que el pago de las contribuciones patronales pudiera ser deducido del IVA. Según anticipo Kulfas a un grupo de empresarios, la intención del nuevo gobierno sería, o volver al esquema vigente del 2001, o aplicar una medida nueva pero con el mismo espíritu.

Martin Rappalini presidente de la UIA provincia de Buenos Aires explicaba con un ejemplo concreto porque es necesario contar con una mirada regional: “La CABA tiene un PBI per cápita como Bélgica, cuando se cruza la Gral. Paz uno se encuentra con un país sudamericano y si va a cualquier provincia del Noroeste el PBI es el correspondiente a Centro América”.

Respecto del acuerdo social Fernández había indicado que “no es cuánto tiempo estarán congelados los precios y salarios, sino debatir qué hay que hacer para que la Argentina vuelva a crecer”, un tarea en la que “todos tendrán algo que dar, algo que resignar porque las cuentas fiscales están en un estado deplorable”.

Es en el tema del Consejo Económico y Social donde algunos de los futuros funcionarios -muy «off the record»- expresaron una cierta preocupación: demasiadas instancias y competencias en el área económica. «No debemos cometer el error fundamental de Macri: la ausencia de una conducción central de la política económica».

Brasil

La defensa que hizo Alberto Fernández en su exposición del Mercosur trajo alivio a varios de los asistentes. Un acuerdo que “no va a salvar a Bolsonaro o a Fernández”, sino a dos pueblos que están profundamente unidos. En materia de política exterior, Fernández se pronunció por una “apertura inteligente” al mundo.

Los consensos también se observaron entre los gobernadores. Tanto Gerardo Morales de Jujuy como Omar Gutiérrez de Neuquén se pronunciaron a favor de la estabilidad de las reglas de juego. Gutiérrez dijo que “era distinto pesificar las tarifas a pesificar los contratos” y advirtió que si se rompen estos contratos “no va venir nadie a invertir”. También planteó la necesidad de jugar con el componente impositivo (50% del valor de los hidrocarburos) para mantener estabilidad en los contratos concertados con la producción, una iniciativa que fue bien recibida por los representantes de la industria del petróleo presentes.

Para el final, los directivos de la UIA apostaron a la alocución de Felipe González sobre cómo se puede lograr un Acuerdo o Pacto permanente, para que los industriales no abandonaran el evento. Es que el vínculo entre el presidente Mauricio Macri y la industria no fue bueno, los números lo muestran con claridad: 17 meses de caída de la producción industrial.