Argentina ante esta etapa del conflicto EE.UU.-Irán

Pablo Kornblum, licenciado en Economía (Universidad de Buenos Aires) y magíster en Estudios Internacionales (Universidad de Sydney, Australia), ha publicado en Ámbito un extenso e interesante análisis sobre el impacto geopolítico de los recientes acontecimientos en Medio Oriente.

En AgendAR creemos que un análisis a fondo debe esperar todavía, pero nos parece que sus observaciones referentes a Argentina son válidas y oportunas. Las reproducimos aquí:

«Ante este contexto abrupto generado exógenamente, las consecuencias para nuestro país son variadas y de diversa intensidad. En tanto a las relaciones geopolíticas o comerciales, los cambios que podrían producirse serían marginales o nulos.

En tanto a la diplomacia, las relaciones con los Estados Unidos no cambiarán: pasando de una total subordinación en el anterior gobierno, a una relación de ‘abandono al alineamiento directo bajo el halo de un mayor respeto y profesionalismo’, se intentará definir la situación como ‘en un stand-by de análisis’, al menos en el corto plazo.

Con Irán tampoco conviene que haya cambios: cualquier mínimo atisbo de acercamiento o alejamiento podría vivenciarse como un potente movimiento telúrico, especialmente luego de los atentados de la década de 1990 y el más reciente memorándum de entendimiento, todavía frescos y latentes en la memoria de la mayoría de los argentinos. No parece ser entonces inteligente mover el avispero, menos en los primeros pasos de un gobierno recientemente asumido. Equidistancia pragmática, se podría decir.

En el escenario comercial, tampoco veremos grandes movimientos derivados de la escalada del conflicto. Estados Unidos continuará siendo uno de los socios comerciales más relevantes para nuestro país, con cadenas de valor bilaterales que, más allá del impacto en los precios de la energía, muy lejos se encuentran de verse afectadas por el conflicto en un lejano Medio Oriente. Por otro lado, el intercambio comercial con Irán tampoco es relevante para nuestro país: el comercio bilateral del último año se mantuvo en torno a los 450 millones de dólares, un 0,77% del total de exportaciones de nuestro país. Bajo el esquema agroexportador clásico, casi la totalidad de las ventas argentinas se han centrado en la soja y sus derivados (harina, pellets), aceites y cereales. Por su parte, Irán solo le exportó 5 millones de dólares a la Argentina en el 2019: se destacan aquí los plásticos y una variedad de frutos secos. En tanto a las inversiones bilaterales, las mismas son prácticamente nulas; solo pensar que la Inversión Extranjera Directa mundial iraní promedió anualmente los 2.500 millones de dólares durante el corriente siglo, implica que para la Argentina solo quedan las migajas. No suena tampoco ilógico: en los últimos 15 años casi no ha habido visitas bilaterales de delegaciones comerciales de relevancia, a lo que se adiciona las dificultades financieras y de pago derivadas de las sanciones impuestas contra el régimen persa.

Como contraparte, el sector financiero si se ha visto afectado. La salida de los capitales de los mercados emergentes comenzó a impactar negativamente en los valores de nuestros títulos públicos, con incrementos en el riesgo país, y bajas significativas en la cotización de los ADR de empresas argentinas listadas en Nueva York (lógicamente las energéticas y aerolíneas argentinas han estado entre las más afectadas los primeros días).

El otro punto débil es el hidrocarburífero. Cuando asumió el nuevo gobierno en nuestro país, desde el sector petrolero mencionaban que el atraso tarifario rondaba entre un 10% y 15% con un barril a u$s 60. Un atraso que se incrementó al día de hoy, donde el Brent ya se encuentra en torno a los u$s 70. Igual y tal como sabemos, en Argentina la teoría nunca se traslada a la práctica. Al menos de manera proporcional. Con los precios de combustibles prácticamente congelados, la inflación promedio en nuestro país fue del 4% mensual en el último semestre de 2019. Desequilibrios macroeconómicos y monopolios formadores de precios domésticos, sería la conclusión preocupante. Por ello, el incremento del crudo a nivel internacional, solo implicaría echar más nafta al fuego.

En definitiva, cuando la externalidad macro es tan potente, poco se puede incidir siendo un ‘país medio’ con enormes dificultades intrínsecas; solo se puede actuar proactiva y cautelosamente para paliar la situación. Ya bastante complicado es lidiar con la negociación de la deuda con el FMI/Trump luego del asilo a Evo Morales y la ambivalencia diplomática ante Maduro; por ende, en el corto plazo solo queda lidiar con las consecuencias: contener los precios del surtidor y mostrar ‘una argentina cumplidora – se han pagado al día de hoy las obligaciones previstas en materia de deuda, como el bono Centenario (AC17) por unos u$s 100 millones – y en modo crecimiento’, para que los activos no se continúen devaluando. No mucho más en apenas un mes de mandato.

Luego solo queda esperar, siendo lo más diplomáticamente correctos y sin hacer declaraciones altisonantes a favor de una u otra posición. Porque lamentablemente, y más allá de los daños y las dolorosas muertes de seres humanos, las derivaciones para nuestro país difícilmente tengan alguna vertiente positiva. En un momento en el que necesitamos justamente apaciguar las variables y generar un contexto normalizador, la inestabilidad e incertidumbre solo generan obstáculos para con el poder mostrar y llevar adelante un proyecto superador de largo plazo; ya sea tanto para los expectantes actores relevantes domésticos, como para los que esperan – más ansiosamente ante el actual contexto beligerante – los repagos financieros desde el exterior. Ojalá entonces que pase la tormenta lo más rápido posible y se pueda llevar a la práctica, con menor ruido externo, la nueva racionalidad de unas políticas económicas que demuestren verdaderamente un cambio de rumbo.»