La industria láctea, en tiempos de pandemia

Las entidades agropecuarias piden créditos blandos y mejor precio para salvar la industria láctea.

Es un lugar común, pero no deja de ser cierto, la difícil situación en que ha puesto esta pandemia, y las concurrentes medidas de aislamiento social, a la mayoría de las actividades productivas. Y, sobre todo, a los que trabajan en ellas.

Pero creemos que es válido hacer notar que, en muchos casos, el coronavirus aceleró procesos que ya estaban en marcha. En muchos casos, procesos de deterioro. En algunos, de adaptación exitosa. No estamos diciendo nada original que las que se caen son en su gran mayoría pymes. Entre las grandes empresas -no todas, por cierto- es más fácil encontrar casos de crecimiento.

Este informe de Silvia Naishtat sobre la industria láctea es un buen ejemplo. Lamentablemente, también da una indicación negativa sobre que está pasando con el consumo de una parte básica de la alimentación de nuestros niños y jóvenes.

«Pocos sectores de la economía tienen un comportamiento tan disímil en esta cuarentena como el lácteo. Algunos están con el acelerador a fondo, produciendo como pocas veces. Es el caso de La Serenísima, con alta demanda de la leche fluída en sachet. Otros apagaron los motores como aquellas fábricas que abastecían de muzzarella a pizzerías y restaurantes. O los del dulce de leche industrial y heladero que están vendiendo el 10%. Hay unas 30 pymes que bajaron la persiana. Por cierto, el campo de acción de la lechería es muy amplio. Están los que se dedican a postres y yogures apenados por bolsillos más flacos, mientras las primeras marcas no saben cómo capturar la atención de ese consumidor que cambió de hábitos.

Según Alejandro Maurino, CEO de edairynews, la cuarentena aumentó el consumo de leche fluida, quesos frescos y dulce de leche. Y las empresas proveedoras del Estado lograron colocar importantes volúmenes para los planes sociales. Maurino afirma que, sin embargo, hubo aumento en los costos que no se pudieron trasladar a precios finales.

Pero antes del arranque de 2020, Danone informó que su casa central le había debido aportar 110.000.000 de euros a la filial local. Es que en 2019 se resintieron sus despachos un 30%. En las oficinas centrales de Paris, en el elegantísimo Boulveard Haussmann, no estarían mirando a la Argentina con cariño como cuando Antoine Riboud y Daniel Carassò vinieron a asociarse con La Serenísima.

En el comienzo de la gestión de Mauricio Macri el presidente de Nestlé, Peter Brabeck, prometió invertir. Y lo hizo. Así surgieron las líneas de leches infantiles en Villa Nueva y de leche condensada en Firmat. Los resultados no vinieron. A su vez, Milkaut, BonGrain, Savencia experimentó, con la llegada de su nuevo CEO Juan Carlos Dalto, un giro a productos de alta gama y rentabilidad. A ese negocio se lo comió el coronavirus.

Saputo, la canadiense encabezada por Lino Saputo, desembarcó con la compra a Pérez-Companc de Molfino y La Paulina. Hoy está en la cima en recibo de leche junto a La Serenísima, ambas seguidas por la ascendente Adecoagro. La novedad es que a Saputo y por primera vez le soltaron la mano desde Canadá. En cuanto al matrimonio Arcor-Mastellone es notable el avance de la familia Pagani que se acerca al 50%. Eso sí, la última compra de acciones por parte de Arcor dejó a miembros de Mastellone con sabor amargo y ganas de recurrir a la justicia. Y habría más amargura en un mundo en el que ya sobran stocks por la caída de la demanda . Esos volúmenes se están almacenando en forma de leche en polvo. Hay quienes aseguran que habrá que prepararse para una fuerte caída de precios que esta vez va en serio. EE.UU. llegó a tirar 25 millones de litros por día por los cierres de las cadenas de comida. La cotización internacional era de US$ 3.500 la tonelada de leche en polvo en marzo: cayó a los US$ 2.700.

A Federico Boglione lo obsesiona lo que es ya casi un debate existencial entre empresarios. Y gira alrededor de si las ayudas oficiales deberían discriminar por tamaño de compañía. Para el dueño de La Sibila, debería separarse en función de si son firmas de capital nacional o extranjero. “Los de afuera pueden venir, cerrar una empresa e irse. Nosotros estamos comprometidos con la gente y seguimos en el país”, remató.

¿Y el tambero? Cobra $ 18 por litro . Del lado de los industriales dicen es un precio excesivo. Pero Guillermo Draletti, su histórico dirigente, señala: “Continuamos trabajando en una lechería estancada desde 2008 en una producción de 10.300 millones de litros por año siendo superados por los vecinos y hasta por Colombia».

Por su parte, los tamberos santafesinos advierten que el sector va camino a una grave crisis. La Mesa de Productores Lecheros de Santa Fe (Meprolsafe) señala que las cotizaciones se derrumbaron a nivel mundial por la pandemia y que se proyecta una sobreoferta de leche para los próximos meses.

Otro dato, el consumo por habitante es de 200 litros por año. En el dramático 2002 llegaba a 230