INVAP construirá el satélite ARSAT 3 – Se relanza el Plan Satelital Geoestacionario Argentino

Posible aspecto del ARSAT 3 visto desde abajo: más esbelto que los 1 y 2, y con antenas más complejas. La Tierra, 35.786 km. más abajo, se refleja en un panel solar. Render del socio TAI.

Hoy las expectativas del sector espacial de nuestro país están depositadas en el próximo lanzamiento del satélite de observación SAOCOM 1B. Pero los actores que intervinieron en la fabricación, diseño, equipamiento y desarrollo de los satélites ARSAT 1 y 2, ya están haciendo gestiones para poner en marcha esos mismos pasos para el satélite ARSAT 3, contemplado en el Plan Satelital Geoestacionario Argentino, aprobado por el Congreso en 2015.

Es que, a más tardar a mediados de agosto, la estatal rionegrina de alta tecnología INVAP firmará con la empresa ARSAT, del Estado nacional, el contrato para la construcción del tercer satélite geoestacionario de comunicaciones, el suspendido ARSAT 3. Una vez que se dé este paso legal, el desarrollo y la fabricación en la sede de la compañía rionegrina de Bariloche, tendrá una duración estimada de tres años.

ARSAT 3 es parte del proyecto que, tras el lanzamiento del satélite de telecomunicaciones ARSAT 2, en septiembre de 2015, anunció la entonces presidenta Cristina Fernández al enviar al Congreso la Ley 27.208 de Desarrollo de la Industria Satelital. Ahí se aprobó el Plan Satelital Geoestacionario Argentino (PSGA) 2015-2035.

Se trata de un ambicioso proyecto de desarrollo espacial a 20 años: la fabricación de ocho satélites, entre los que se encuentran los SAOCOM (observacionales) y los ARSAT (de telecomunicaciones), además del desarrollo de estaciones terrenas de monitoreo, lanzadores propios, y el manejo de las redes 3G ye 4G, a nivel local.

ARSAT 3 debía comenzar su fabricación en 2016. El triunfo electoral de Mauricio Macri cambió todo, ya que se discontinuó el desarrollo de los satélites de comunicación, y se descartó como área estratégica y como «política de Estado» a buena parte de la incipiente industria espacial.

El Gobierno de Macri no congeló por completo las acciones de desarrollo satelital, pero apostó al desarrollo de satélites observacionales, como lo es el SAOCOM 1B, que se lanzará a fin de mes.

Los observacionales aportan valiosos datos de suelos, incendios, inundaciones, fertilidad. Los de telecomunicaciones implican un despliegue tecnológico complementario en el orden territorial, con impacto en pequeñas, grandes y medianas empresas.

Los ARSAT 1, 2 y el futuro 3 son satélites que orbitan a 36.000 kilómetros de altura y a una velocidad proporcional a la que gira la Tierra sobre su eje, de tal modo que siempre está sobre el mismo punto del planeta.

Esto le permite a ARSAT S.E. vender servicios de telefonía, datos y televisión en una amplia franja del continente americano. La empresa tiene ingresos constantes de parte de clientes privados, no sólo de Argentina, lo que le permitiría prescindir de aportes del Tesoro para financiar una nueva misión espacial.

El Arsat-3 no tendrá propulsión con combustible líquido sino con energía solar. En los dos anteriores, la mitad de su masa correspondió a hidracina y tetróxido de dinitrógeno. Al entrar en contacto se inflaman espontáneamente sin necesidad de oxígeno, que es precisamente lo que falta en el espacio.

La mayor parte de ese combustible se gasta en las maniobras para acomodar el satélite a su órbita porque el cohete lanzador lo deja en un viaje elíptico a unos 300 kilómetros de la Tierra y debe llegar hasta una órbita a 36.000 kilómetros, que es donde puede viajar a 11.000 kilómetros por hora para quedar «quieto» en relación con la velocidad en la que gira el planeta.

El combustible restante se utiliza para corregir de manera periódica la órbita. Y cuando se acaba, se termina la vida útil de un satélite. Es por eso que el reemplazo por energía solar permite extender la vida útil del Arsat-3 y además bajar el peso del satélite, que en vez de ser lanzado con 3.000 kilos de masa, calculan que saldrá de Bariloche con unos 1.800.

El gerente de Proyectos Espaciales de Invap, Gabriel Absi, que lidera la misión de la empresa en el lanzamiento del SAOCOM 1B en Cabo Cañaveral, afirmó que «ambas empresas están puliendo los últimos detalles del contrato para firmarlo entre este mes y el que viene».

Absi explicó que, una vez alcanzado el acuerdo sobre las características del Arsat-3, los siguientes 20 meses serán de desarrollo de la ingeniería. La construcción demandará otros 16 meses, incluidos los ensayos.

Arsat e Invap construyeron en el mismo terreno donde está la sede central de la empresa estatal rionegrina el Centro de Ensayos de Alta Tecnología (CEATSA se llama la sociedad entre ambos), que desde el Arsat-1 permite hacer pruebas a los satélites para someterlos a las condiciones de lanzamiento y de vida en el espacio, además de la medición de la calidad de sus comunicaciones con la Tierra.

Tanto desde el operador satelital argentino como de la empresa de tecnología rionegrina informaron que el lanzamiento del tercer satélite está previsto para el 2023.

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El desarrollo de ARSAT 3, y del Plan Satelital Geoestacionario Argentino, fue nuevamente puesto en la agenda de las políticas del Estado. Así lo expresaron en el mes de febrero de 2020, antes de la pandemia, en la Estación Terrena que ARSAT tiene en la localidad bonaerense de Benavidez, las nuevas autoridades nacionales al presentar el «relanzamiento del plan satelital geoestacionario», del que participó la secretaria de Innovación Pública de la Jefatura de Gabinete de Ministros, Micaela Sánchez Malcolm, junto al subsecretario de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Martín Olmos; el Presidente de ARSAT, Pablo Tognetti; y el Gerente General de INVAP, Vicente Campenni.

Así, el tercer satélite de la flota geoestacionaria de ARSAT, fue reflotado y se anunció como el primero de alto rendimiento y que tendrá, dentro de sus objetivos principales, brindar banda ancha sobre el territorio argentino.

Sánchez Malcolm manifestaba que «este proyecto es una política de Estado muy importante para nosotros. Debemos igualar derechos y gestionar políticamente para garantizar la universalización de la conectividad».

Tognetti señaló: «Poder contar con soberanía en materia de telecomunicaciones es fundamental para nosotros. Eso hace que tengamos una posición estratégica internacional pasando a ser uno de los pocos países con capacidad plena de desarrollar satélites de semejante envergadura».