El Ingreso Familiar de Emergencia disparó la bancarización: 4,8 millones de nuevas cuentas

Esta pandemia del coronavirus resultó ser una aliada estratégica de la inclusión financiera. Según datos del Banco Central, se abrieron 4.800.000 nuevas cuentas bancarias en pesos durante el segundo trimestre de este año, un alza del 10% sólo en esos 3 meses. El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el programa ATP fueron clave para avanzar en bancarización, pero no ha sido el único factor.

Las cuentas bancarias en pesos pasaron de 47,5 a 52,3 millones. Estas 4,8 millones de nuevas cuentas se repartieron entre bancos públicos (46%) y privados (47%) y, en menor medida, en las compañías financieras (7%).

«La posibilidad de la apertura remota y la obligación de las entidades financieras de ofrecer la Cuenta Gratuita Universal (CGU), permitieron dar respuesta a la mayor demanda de cuentas bancarias y medios de pago electrónicos», consigna el informe oficial. Y detalla que tanto el IFE como y el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) fueron determinantes en esto.

El IFE llegó a 8,9 millones de personas entre trabajadores informales, titulares de la Asignación Universal por Hijo (AUH), desocupados, empleadas domésticas y monotributistas de las categorías más bajas.

«Más de la mitad (53%) de los 8,9 millones de personas que cobraron la primera liquidación del IFE lo hizo a través de una cuenta bancaria, mientras que, de la mitad restante, el 54% ya poseía una cuenta al momento del cobro», señala el informe.

El Central destaca que «un 78% de las personas con mayor grado de vulnerabilidad socioeconómica del país poseía al menos una cuenta bancaria». Así, 1,9 millones de beneficiarios del IFE no tenía cuenta antes de la pandemia.

Al pagar tanto las jubilaciones como el IFE y otros planes sociales en medio de la cuarentena, el Gobierno se encontró con que si bien la mayoría de los beneficiarios estaba bancarizado, en los hechos no usaban esa cuenta, ya que optaban por ir cada mes al banco, hacer la cola y cobrar por ventanilla.

Las razones para no usar el cajero automático son variadas: desconfianza, temor a no saber operar, pérdida de la tarjeta o de la clave correspondiente, entre otras. Pero uno de los principales motivos es que en el segundo y tercer cordón del conurbano los cajeros automáticos y los puntos de extracción de efectivo son escasos. Entonces, la gente prefiere ir una vez al banco y llevarse toda la plata junta ante que peregrinar todas las semanas para conseguir algo de efectivo.

Después del primer viernes de abril cuando un millón de personas se amontonó en las sucursales para cobrar su haber, se puso en marcha un proceso para habilitar más de 11.000 cajeros o puntos de extracción de efectivo. Sin embargo, esto no solucionó el problema ya que tendieron a ubicarse mayormente en localidades que ya disponían de estos servicios y en las que los indicadores socioeconómicos son más altos.

A mayor bancarización, también hubo más uso de los medios de pago virtuales. Las transferencias electrónicas acumularon de marzo a agosto incrementos del 61% y 93%, en montos reales y cantidades por adulto, respectivamente. En ese mismo período, los pagos con tarjetas de débito en comercio electrónico también se destacaron, con montos reales que se triplicaron y cantidades que se duplicaron -medidos por adulto-.

Aún así, el Central admite que el uso de estas cuentas «continúa siendo bajo, especialmente entre la población más vulnerable y con menores capacidades tecnológicas, aunque se encuentran en un sendero de crecimiento lento pero continuo». La esperanza es el aislamiento obligatorio «provoque cambios en diferentes grados en los hábitos de uso de las cuentas».

El informe del Central también consigna que las líneas de financiamiento destinadas a MiPyMEs, pequeños contribuyentes y autónomos «contribuyeron a mitigar los efectos de la pandemia». De este modo, estas líneas especiales de financiamiento con tasas de interés subsidiadas acumularon a agosto 2020 un monto total de $ 482.000 millones, lo cual representa un 18% del financiamiento total en pesos al sector privado.

Las líneas MiPyMEs y Servicios de Salud y MiPyMEs Plus fueron las más significativas en términos de montos promedios (alrededor de $ 3,8 millones) y alcanzaron a más de 110.000 empresas. Las líneas a Tasa Cero y Tasa Subsidiada para Empresas sumaron un total de 533.174 préstamos con un monto promedio de $ 119.000.