«Impuesto al viento»: Para algunos parques eólicos, es el único insumo de origen nacional

El «impuesto al viento”, es el nombre que los medios dieron a la tasa municipal que aprobó el Concejo Deliberante de la ciudad de Puerto Madryn, un tributo que deberán abonar aquellas empresas que producen energía eólica en la localidad. Este gravamen se aprobó en enero de 2020, pero recién se agregó en noviembre al presupuesto y que se aprobó por unanimidad.

Como los parques eólicos estaban emplazados fuera del ejido municipal, los concejales decidieron extender el gravamen, para abarcar también zonas rurales para que las plantas allí instaladas tributen.

En principio, equivaldría al 4,5% de la facturación de las empresas que producen este tipo de energía, pero las críticas de los empresarios provocaron un cambio, y ahora se definirá por la superficie y no por la facturación de las firmas en general.

Los medios porteños se apresuraron a ponerla como un ejemplo de la «voracidad fiscal», pero es cierto que existe una fuerte controversia con respecto a esta tasa. Las empresas de energía eólica aducen que en realidad es un impuesto, ya que no presta ningún servicio, y lo que perciben los municipios debe tener una contraprestación. Las firmas más afectadas son los predios que tienen Aluar y Genneia, la firma cuya conducción ejerce Jorge Brito hijo.

Gustavo Sastre, el intendente de Madryn dijo que «lo que se les cobra es la misma tasa que pagan los vecinos que tienen comercios. No se trata de ningún impuesto al viento, sino de la tasa de Habilitación, Inspección, Seguridad e Higiene y Control Ambiental que utiliza como base imponible la potencia unitaria que posee cada aerogenerador. Es importante dejar en claro que no es sobre la producción de energía».

El tema terminará en los tribunales -como muchos otros- pero en la redacción de AgendAR se afirmó: «Habida cuenta de los subsidios nacionales directos e indirectos que reciben los eólicos, que paguen. Y no les estamos empezando a cobrar el gas que le hacen gastar al país en ´respaldo caliente´. Que fabriquen aquí el 100% de las turbinas, como deben hacer en Brasil, y nos sentamos a conversar».