EE.UU.: el «establishment» vuelve al gobierno

Linda Thomas-Greenfield, Janet Yellen, Avril Haines, Alejandro Mayorkas, Antony Blinken y John Kerry

Rafael Mathus Ruiz, el corresponsal de La Nación en Washington, ofrece una visión del equipo de Biden, del futuro gobierno de los Estados Unidos, que es -en realidad- como ellos se ven a sí mismos. (¿Y porqué no? La Nación siempre se sintió parte de lo que cree debe ser el «establishment» argentino). A los argentinos nos resulta útil saberlo. Al final, agregamos algunas observaciones.

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«WASHINGTON.- Los primeros nombres del futuro gabinete de Joe Biden ofrecen una mirada a su futuro gobierno, y dejan varios mensajes. Biden ha comenzado a ensamblar un gobierno diverso, con varios quiebres históricos, en el que las mujeres tendrán más poder que nunca. Es un gabinete de leales: algunos nombres llevan décadas al lado suyo. Pero, por encima de todo, su gabinete ofrece una larga trayectoria en los pasillos del poder de Washington. Tras cuatro años de un trumpismo caótico y rupturista, Biden prepara el retorno del establishment al poder, y a la vieja política tradicional.

Así como Trump armó su primer gabinete con familiares y empresarios que, al igual que él, carecían de experiencia en Washington -Rex Tillerson, Steven Mnuchin, Wilbur Ross, Gary Cohn, por mencionar algunos nombres-, Biden perfila un equipo de tecnócratas centristas forjados en el tejido de poder en la capital de Estados Unidos.

«Son individuos experimentados y probados en situaciones de crisis, de la misma manera que son innovadores e imaginativos», elogió Biden a su equipo de seguridad nacional y política exterior.

Janet Yellen, la elegida por Biden para el Tesoro, trabajó en la Casa Blanca de Bill Clinton, y luego estuvo casi 15 años en la Reserva Federal, donde fue la primera mujer presidenta. Antony Blinken lleva casi 20 años al lado de Biden, y llegó a ser el número dos de John Kerry en el Departamento de Estado durante el segundo mandato de Barack Obama.

Kerry, el nuevo «zar climático», fue senador, candidato presidencial y Secretario de Estado. Avril Haines, la primera mujer en dirigir la comunidad de inteligencia, ya pasó por la CIA. Y Alejandro Mayorkas, el primer latino que tendrá bajo su responsabilidad nada menos que la seguridad de Estados Unidos, fue fiscal federal, y el cubano que más alto llegó en el gobierno de Obama.

El riesgo para Biden es que, de tan tradicional, su gabinete no sea lo suficientemente vanguardista o progresista como para dejar conforme al ala más radical de los demócratas, que aspira a un giro más marcado al que está dispuesto a trazar Biden en salud, economía, política exterior y política ambiental.

«El equipo de política exterior y seguridad nacional de Biden tiene calificaciones impresionantes y una vasta experiencia profesional. En un claro contraste con la actual administración, todos trabajan dentro de los parámetros tradicionales de la política exterior estadounidense», describió Michael Shifter, del Diálogo Interamericano.

Shifter destacó un rasgo del equipo, que es, a la vez, un quiebre con Trump y un reflejo de Biden: ninguno es un ideólogo. Son figuras pragmáticas. Para América Latina, Shifter anticipó que el gobierno de Biden la dará un papel estelar a las preocupaciones por los derechos humanos y la democracia, que serán aplicadas más ampliamente, y no ya solo a Venezuela, Cuba y Nicaragua. Y la llegada de Mayorkas traerá un «trato mucho más humano» con los inmigrantes.

Blinken será la voz y la cara de Biden ante el mundo. A diferencia de Rex Tillerson o Mike Pompeo, los dos secretarios de Estado de Trump, Blinken es un hombre de la diplomacia. Ricardo Alday, experto en política exterior y consultor de Nomura Securities, quien fue jefe de Asuntos Políticos de la embajada de México, describió a Blinken como «un diplomático nato, un intelectual de la escuela que prefiere construir puentes y acuerdos». Blinken tendrá el puesto más codiciado de todo el gabinete, y es un hombre de máxima confianza de Biden.

«No le gusta imponer la posición de Estados Unidos, prefiere escuchar opiniones y proponer y empujar lo que quiere. Pero es más que nada alguien a quién le gusta construir alianzas y consensos. No tiene un interés natural por América latina, pero no la va a desdeñar. Tiene predilección por los grandes temas bilaterales y multilaterales de Estados Unidos. Seguridad, Irán, Afganistán, el Medio Oriente, Corea», indicó.

Benjamin Gedan, quien trabajó en América Latina para el gobierno de Barack Obama en el Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, dijo que el equipo que ensambló Biden muestra que el futuro mandatario es un «moderado experimentado». Al igual que Shifter, mencionó la democracia y los derechos humanos como pilares.

«El equipo de política exterior de Biden tiene un historial de crear de asociaciones internacionales para promover los intereses de Estados Unidos, y hacerlo sin sacrificar los valores de Estados Unidos, incluida la defensa de la democracia y los derechos humanos», indicó Gedan. «Es un regreso a una visión tradicional, en gran medida bipartidista de los intereses globales y del liderazgo global de Estados Unidos».

Observaciones de AgendAR:

El gobierno de Biden apunta a ser -no es sorprendente- un típico gobierno Demócrata. Es decir, con vínculos estrechos con Wall Street y las grandes instituciones financieras de la Costa Este, y probablemente con los gigantes tecnológicos de California. Al contrario que Trump, tratará de fortalecer los vínculos con la Unión Europea.

Con China, y en menor grado con Rusia, todo indica -las posturas demócratas en el Congreso, las declaraciones en los «think tanks» afines- se mantendrán los enfrentamientos. Casi con seguridad, en forma menos flexible e impulsiva que la que exhibía Trump.

No creemos que se vuelva atrás con el -moderado- proteccionismo de Trump. Los votos que el magnate acumuló en esta elección son una advertencia muy clara. Y estamos dispuestos a apostar que en enero, en la asunción de Biden, se verán muchos carteles «Trump 2024». Los Demócratas saben que no tienen un cheque en blanco del electorado estadounidense.

Para nosotros, los latinoamericanos, no cambiará mucho. Bolsonaro perderá un referente, pero en última instancia su suerte dependerá de los brasileños. Brasil es demasiado grande para que el gobierno estadounidense lo ignore o lo maltrate. Venezuela seguirá siendo presionada con dureza, pero también Cuba, Nicaragua, Honduras, hasta quizás Colombia recibirán cuestionamientos en nombre de la democracia y los derechos humanos. La política demócrata que Kissinger bautizó «wilsoniana».

Janet Yellen, la futura secretaria del Tesoro, quizás sea más flexible de lo que sería Larry Fink, pero seguramente más «ortodoxa» que Trump. Manejó la Reserva Federal, después de todo. Si algún economista nuestro «nac&pop» -no Guzmán, por cierto- trata de convencerla que la inflación se debe a la «puja distributiva», se llevará una desilusión.

Un detalle indicativo: el «latino» del gabinete es hijo de inmigrantes cubanos, exiliados del castrismo. Como Claver Carone, sin ir más lejos.

Hay un posible desarrollo que nosotros -todo el planeta, en realidad- debemos observar con atención: Biden ha anunciado que enfrentar el cambio climático -el calentamiento global- será una prioridad de su gobierno. El grado en que estas declaraciones se lleven a la práctica, afectará la producción y las exportaciones de todo el mundo. Inclusive de este lejano rincón en el Cono Sur. Cabe recordar que esta política tendrá el apoyo entusiasta de la Unión Europea.

Terminamos con un tweet del futuro «zar del clima»:

(Traducción:
Estados Unidos pronto tendrá un gobierno que trate la crisis climática como la amenaza urgente para la seguridad nacional que es. Me enorgullece asociarme con el presidente electo, nuestros aliados y los jóvenes líderes del movimiento climático para hacer frente a esta crisis como Enviado del Presidente para el Clima.)

A. B. F.