China, mucho más que carne de cerdo

La polémica que se inició cuando se anunció que en la Cancillería argentina se estudiaba un posible acuerdo con China para la instalación de carne de cerdo, sigue vigente. Sus oponentes movilizaron a los veganos, a gente preocupada por el maltrato animal y a los partidarios de la «alimentación ecológica», y consiguieron una entrevista con el Presidente, de la que informamos hoy.

No casualmente, en estos días también se publicó un artículo de la informada periodista Silvia Naishtat, que reproduce las opiniones de quienes están muy en favor del comercio con China. Nos parece valioso reproducir esta información sobre el país que es actualmente nuestro principal cliente.

«Un experto en China dice que las relaciones de negocios con Beijing nunca son de uno a uno, sino que hay tantas ventanas como días tiene un mes. Después de lo que los chinos llamaron el siglo de la humillación, por haber sido conquistados por distintos imperios y tras la revolución de Mao en 1949 y sus varios planes fracasados, cuentan que la figura de Xi Jinping, que lleva siete años en el poder, asoma como la del nuevo líder moderno.

Diego Guelar, ex embajador en China, habla de una nueva etapa del capitalismo a la china llevado adelante por alguien como Xi que fue en su juventud un alfabetizador rural e hijo de una víctima de la revolución cultural. Su nueva expresión es la magnitud del acuerdo de libre comercio significativo por los países que abarca: además de toda Asia, los de este continente que miran al Pacífico. El Mercosur, ausente.

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Lo próximo, la inversión conjunta con empresarios locales, entre ellos el grupo Insud de Hugo Sigman, para producción de carne de cerdo con destino a China. Esta iniciativa ha generado rechazo de grupos ambientalistas, intelectuales y artistas. Desde la Cancillería aseguran que se trata de una asociación entre particulares con controles, genética, manejo y sanidad argentina, según se ocupan en reforzar para que no haya nadie a quién quejarse. También afirman que están avanzando en protocolos y compromisos.
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Sergio Spadone, de 54 años que vivió en Beijing y Shangai durante 14 años y ahora dirige la Cámara de Comercio Argentina-China, dice, sin embargo, que Argentina se está perdiendo una gran oportunidad con la potencia de este siglo. Y revela que los chinos son como cualquier otro inversor. Es decir, buscan un lugar seguro a largo plazo para su capital. “Van camino a ser el país más grande del mundo en sentido económico. No lo estamos aprovechando”, sentencia.

De esa manera cuenta lo trabajoso que fue el acuerdo por las carnes que hoy se envían por el equivalente a US$ 2.000 millones. “Llevó 12 años”, suelta para contar otros productos de exportación que completan unos US$ 7.000 millones anuales, como la pesca en el caso de los langostinos que se terminan de procesar en los buques de factoría china. También se envían limones. Los vinos son otro ejemplo. Argentina ya es el quinto exportador mundial pero solo logra embarcar US$ 23 millones anuales a Beijing. Nos pasa, en parte, porque los vinos chilenos y los australianos ingresan sin pagar arancel.

Spadone señala que los chinos tienen inversiones en bodegas en Chile, Italia y California pero pasan por alto las vides locales. Y en su visión, la presencia es pequeña en el país. Y revela las diferencias con nuestros vecinos. “Con China, Brasil tiene tres ejes comerciales: los granos y carne, la industria a través del acuerdo con Embraer para la fabricación de aviones y el mineral de hierro que le envía Vale. Chile manda cobre y Perú, la plata y el oro”.

Tras el covid, China vuelve a ocupar el rol de la locomotora global pero sobre otros rieles. Guelar dice que crecerá 9% en 2021 y Xi precisamente cambió el régimen de los esforzados trabajadores a un sistema de 9 horas seis días a la semana. Lo salarios mejoraron y hay un nuevo consumidor en la clase pudiente que exige más calidad y es más frugal a la hora de comprar. La protección arancelaria china se redujo. Pintadas así las cosas, parece al alcance de la mano