Alberto Fernández llamó a Xi Jinping para conseguir para Argentina la vacuna de Sinopharm

El Presidente argentino quiere cerrar un acuerdo con Xi Jinping, de Estado a Estado.

El anuncio del laboratorio chino Sinopharm de que una de sus vacunas contra el covid tiene una efectividad del 79,34 %, y que ha solicitado autorización a las autoridades del país asiático para comercializarla subraya el interés de esta reciente nota de Diego Genoud:

«Junto a la llegada de las 300 mil dosis de la Sputnik V y el primer operativo de vacunación, Alberto Fernández tomó contacto con Xi Jinping para avanzar en un acuerdo con China que le permita garantizar la provisión de vacunas en los próximos meses.

Mientras aterrizaba el avión de Aerolíneas Argentinas con el cargamento procedente de Moscú y trascendía el conflicto con el embajador en Pekín, Luis María Kreckler, el presidente argentino le envió una carta a su par chino para acelerar en un nuevo entendimiento y recibió una rápida respuesta del líder oriental.

Después de las dificultades con Pfizer y AstraZeneca, Fernández quiere replicar los pasos que dio con Vladimir Putin y apunta a cerrar un acuerdo de Estado a Estado con Xi Jinping. En la residencia de Olivos anuncian que el objetivo ahora es lograr, en los próximos días, una comunicación telefónica entre los dos mandatarios. Al lado del Presidente, aseguran que en el contacto al más alto nivel no se trató el relevo de Kreckler por Sabino Vaca Narvaja.

El martes 22, enterado de que la “licencia ecológica” que se tomó había caído pésimo -tanto en Olivos como en la Cancillería- y de que su despido era un hecho, el embajador saliente difundió cables reservados en los que muestra el principio de entendimiento al que llegó para que Sinopharm se comprometa a enviar un millón de dosis a la Argentina en enero y 30 millones durante todo el año.

Sin embargo, el acuerdo era parte de un movimiento urgente del embajador y tenía dos fallas que Ginés González García cuestionaba: no había precio para la vacuna y China no enviaba la documentación necesaria para que la ANMAT firmara una aprobación provisoria como la que tuvo la Sputnik V. Ahora Fernández busca resolver ese punto ciego en una conversación mano a mano con Xi Jinping.

El gobierno argentino quiere garantizar el abastecimiento para la etapa inicial de vacunación y lograr que Beijing aporte millones de dosis a través de los laboratorios que están más avanzados con los ensayos: el estatal Sinopharm y Sinovac, que produce la llamada Coronavac.

Sinovac tiene sede en Pekín, pero hizo un acuerdo de desarrollo con el Instituto Butantan de San Pablo, en Brasil. El canciller Felipe Solá avanzó por su cuenta para que, desde San Pablo, se envíe un millón de dosis adicionales. El tercer laboratorio que también está en fase 3 es CanSino Biologics, una firma que cotiza en la Bolsa de Hong Kong.

Pese a que tienen tres experimentos en fase 3, las autoridades chinas fueron cautas en extremo y no aceleraron como otras potencias en la carrera global por la vacuna. Uno de los 40 vuelos que conectaron Pekín con Buenos Aires durante los meses de pandemia sirvió para que científicos chinos probaran la fase 3 de Sinopharm con 3000 argentinos que participaron de manera voluntaria. El desarrollo estuvo a cargo del laboratorio Elea Phoenix, de Hugo Sigman.

En la Casa Rosada afirman que Fernández corre con ventaja para llegar a un acuerdo con Xi Jinping porque se puso a su disposición, en marzo pasado, cuando el COVID-19 se expandía desde Wuhan y nadie lo hacía. Ese primer acercamiento redundó para el gobierno argentino, poco después, lograse un nivel de insumos médicos que pocos países recibieron. Está pendiente el ingreso de Argentina a la Ruta de la Seda y un viaje del presidente argentino que el coronavirus postergó por ahora sin fecha.»

Información de AgendAR:

Sinopharm hizo un trial argentino de fase III con 3000 casos que incluía mayores de 60 años, y el gobierno argentino tiene acceso a esos resultados. Muy fiables, además, porque el grupo control era del 50%, en lugar del 25% con que los rusos testearon la Sputnik V.

Por otra parte, la Sinopharm es una vacuna a virus entero inactivado, como la vieja vacuna Salk contra la poliomielitis. Al presentar todos los antígenos del SARS CoV2 como desafío, puede producir una respuesta inmune mucho más rica en tipos de anticuerpos y clones de linfocitos B y T8 que las basadas en un único antígeno viral.

Éstas últimas son las que emplean carriers adenovirales de genes Spike. Es la tecnología de las dos vacunas que Argentina ya tiene aseguradas (AstraZeneca y Sputnik V).

La vacuna de Sinopharm podría ser la vacuna «de batalla» argentina, y por su relativa sencillez, yo estaría tratando de fabricarla aquí.

En cualquier caso, es evidente que se necesita sí o sí un tercer proveedor para llegar al otoño con los no menos de 13 millones de argentinos de mayor riesgo vacunados. Es por completo verosímil que Alberto Fernández esté tratando de conseguir la vacuna de Sinopharm.

Daniel E. Arias