La ingeniera argentina que trabaja en la NASA y «voló» en Marte

Oriunda de Buenos Aires, Clara O’Farrell, la argentina que hoy trabaja en la NASA, se recibió de ingeniera Mecánica y Aeroespacial de la Universidad de Princeton en 2008. Luego, en mayo de 2013, terminó su doctorado en Control y Sistemas Dinámicos, en Caltech, el prestigioso Instituto Tecnológico de California.
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Esta gaucha del espacio (así se llama en su cuenta de Twitter, (@spacegaucha) trabaja en la NASA como ingeniera de orientación y control en el JPL (Jet Propulsion Laboratory), donde se dedica al modelado de la aerodinámica de paracaídas y a hacer simulaciones de trayectoria para descenso y aterrizajes.
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O’Farrell, de 35 años, trabajó en la misión que llevó al Ingenuity, un helicóptero de menos de dos kilos, a Marte enganchado en el rover Perseverance, y que aterrizó en ese planeta en febrero de 2020. Fue la primera aeronave a motor en volar en otro planeta.
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La historia de esta ingeniera comenzó a los 19 años, cuando viajó a los Estados Unidos para seguir su sueño y convertirse en ingeniera. Ahora, instalada en Pasadena, California, dijo que «cuando la NASA envió al Pathfinder a Marte en 1997 la gente también se preguntaba para qué mandar hasta allá algo que parecía un autito a control remoto, pero esa experiencia nos dio elementos para desarrollar todos los rovers que vinieron después y que nos permitieron explorar más allá del punto de aterrizaje abriendo nuevas oportunidades».
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La ingeniera destacó que «Marte es un lugar muy complicado para volar porque su atmósfera es mucho más tenue que la de la Tierra y eso hace más complicado que el helicóptero genere sustentación para volar; por eso el Ingenuity tenía que ser muy liviano y sus aspas poder girar mucho más rápido de lo que necesitarían aquí en la Tierra».
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La argentina fue testigo de cómo se vivió en la NASA el histórico momento, cuando el lunes 19 de abril el Ingenuity realizó su primer vuelo de 39,1 segundos, elevándose tres metros de la superficie.
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La ingeniera contó a la misma agencia que vivió el momento del aterrizaje con pánico porque el trabajo de muchos años de muchas personas dependía de que su equipo hubiese hecho bien el suyo: «Estuvimos con el corazón en la boca hasta que llegó la confirmación de que el paracaídas se había abierto bien; fue un momento de felicidad y alegría increíble».
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Lo que les permitió elegir el mejor lugar para aterrizar, contó la ingeniera, fue la inteligencia artificial, aplicada en tiempo real.
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«Una tecnología nueva -explicó- que usamos por primera vez en esta misión, en la que Perseverance a través de inteligencia artificial fue tomando imágenes mientras descendía en el paracaídas, las comparaba con un mapa de imágenes satelitales de Marte para ubicarse y en base a eso corregía su caída para dirigirse hacia la zona en la que debía aterrizar».
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