Ribeiro y Garbarino. Dos grandes cadenas en crisis

Las cadenas de electrodomésticos Garbarino y Ribeiro atraviesan una situación de crisis financiera que pone en juego la continuidad de sus negocios. Comenzaron a cerrarse locales, se dejaron de pagar salarios e incluso se dieron de baja ventas a través de los canales de comercio electrónico. Estas empresas buscan socios para volver a capitalizarse y mantener la operación.

En el caso de la empresa Ribeiro, que comenzó a funcionar hace más de un siglo en San Luis, el intento es conseguir un aporte de capital entregando participación del negocio pero sin ceder el control de los accionistas mayoritarios. Esta cadena de venta de electrodomésticos y electrónica de consumo llegó a tener más de 1.900 empleados con una fuerte presencia en el interior del país.

Hasta 2018 tenía abiertas 85 sucursales pero la crisis que comenzó en abril de ese año, en términos de inestabilidad macroeconómica, con fuerte devaluación, suba de precios y pérdida de capacidad de compra de la población, generó un combo explosivo para la compañía. A partir de 2019 las deudas de Ribeiro se hicieron cada vez más importantes, y con la pandemia el año pasado no consiguió enderezar la situación.

Los créditos que recibió la compañía se encuentran no sólo en situación de morosidad sino que se clasifican con criterio de irrecuperable. Por ello en la familia Ribeiro, que tiene el control de las operaciones de la empresa, buscan un socio que pueda capitalizar el negocio y asumir parte de los pasivos para recuperar solvencia.

Según datos del mercado, esta cadena de electrodomésticos registró a partir del 2019 una caída de ventas del 60 por ciento. Desde abril pasado fueron agravándose los problemas y se registró el cierre de una de las sucursales de Minicuotas Ribeiro en Mendoza, y se definió cerrar otra sucursal en San Juan. A mediados de junio último, Ribeiro cerró su local en la ciudad de Rafaela, en la provincia de Santa Fe.

Garbarino es otra de las grandes marcas del sector que se encuentra en una situación idéntica de crisis. Estaba intentando incorporar un inversor o directamente pactar la venta del negocio para evitar el cierre de la marca. Sin embargo la semana pasada se conoció que el acuerdo con el accionista interesado estaba claudicado.

La cadena tiene más de 3.800 empleados y desde mayo que no se pagan salarios, según fuentes gremiales. También comienza a acelerarse el cierre de sus sucursales de venta. La compañía tiene hace más de un mes y medio paradas las plantas en Tierra del Fuego. En el Ministerio de Trabajo siguen de cerca la situación ante reclamos del sindicato del sector.

El principal problema de Garbarino, que también es dueño de Compumundo, es una carga de pasivos financieros que desde la firma aseguran que no están en condiciones de cubrir. La cadena empeoró su situación al no poder cerrar el acuerdo de venta con los dueños de Supercanal Arlink, una operadora de cable e internet con más de 700 mil abonados y participación en 14 provincias.

Al igual que ocurrió con Ribeiro y otras empresas del sector, Garbarino empeoró la situacion financiera de sus balances con la crisis iniciada en 2018 que alteró en forma brusca el tipo de cambio y la tasa de interés, al tiempo que frenó el financiamiento en el exterior y provóco la pérdida de demanda.

Comentario de AgendAR:

Parece evidente que en ambos casos se unen dos factores estructurales -más allá de los errores que se pueden haber cometido las gerencias de ambas firmas.

Uno es la caída de las ventas que comienza con las devaluaciones de la primera mitad de 2018, y que se agravó con las restricciones que ha provocado la pandemia. La paulatina recuperación de la actividad económica que se advierte en algunos rubros, como la venta de maquinarias agrícolas, no se refleja en una recuperación del consumo de la mayoría de la población.

El otro factor poderoso viene haciéndose sentir desde hace varios años, y la pandemia lo aceleró: los locales comerciales que conocemos -Garbarino, Frávega, son nombres que a todos nos resultan familiares… son dinosaurios. La venta online, que obvia, entre otras cosas, la necesidad de pagar alquileres caros en shoppings y grandes avenidas, los desplaza.

Todas las firmas que venden al público deben repensar su modelo de negocios. Los locales comerciales -creemos- seguirán existiendo, por el humano placer de comprar. Pero deben transformarse. Si lo están haciendo los bancos, para sobrevivir a las fintechs…