Comenzó el proceso de extensión de vida útil de Atucha I, tras 47 años en operación

La Central Nuclear Atucha I inició la etapa final del proceso de extensión de su vida útil, tras 47 años de funcionamiento, una obra que demandará una inversión de US$ 300 millones y que permitirá extender su operación hasta más allá del 2040 con sus actuales 350MW (megavatios) de generación, sin dejar de lado la posibilidad de repotenciarla un poco más.

«Atucha I tiene que parar en 2024 y necesitábamos iniciar el proyecto de extensión de vida ya porque hay que empezar a fabricar lo que hay que reemplazar. Y ese proceso acaba de comenzar con la designación de la gerencia de proyecto», anunció el presidente de Nucleoeléctrica Argentina, José Luis Antúnez.

El histórico directivo que presidió la empresa entre 2005 y 2014, se refirió a los planes de un sector estratégico «después de un periodo en el cual el plan nuclear fue raleado», que es la síntesis de Antúnez sobre los cuatro años de la gestión Cambiemos.

«Tenemos este proyecto muy grande que es la extensión de vida de Atucha I, una obra que vamos a ofrecer a la industria nacional para poder participar hasta que llegue el momento del pleno funcionamiento del Proyecto Nacional«, tal como se conoce a la quinta central argentina, de uranio natural según nuestro medio siglo de tradición tecnológica, y de tubos de presión (como la planta cordobesa de Embalse). Esta elección supone supone una inversión inicial hasta un 50% más barata que cualquier central con recipiente de presión, y fabricación nacional de prácticamente todos los componentes críticos. Y además, lo principal, elementos combustibles 100% nacionales.

Antúnez destacó la participación de las empresas locales de larga experiencia en la industria nuclear: «Cambiamos la forma de hacer la obra porque la idea de la administración anterior era concretar el proyecto con una fortísima participación extranjera: nosotros lo haremos al revés».

«Lo vamos a hacer con tecnología nuestra y a la par de otra obra muy importante que es el almacenamiento en seco de los combustibles gastados. Ambos proyectos están en el orden de los 300 millones de dólares cada uno, que esperamos gastar en pesos».

La afirmación tiene sustento en la experiencia adquirida tanto en la terminación de Atucha II, que salió el equivalente de unos 3.400 millones de dólares, y se concretó en un 93% con componentes y partes nacionales, pagadas en pesos.

«Aquel fue un fenómeno irrepetible por el caso muy particular de que todo lo importado estaba almacenado. Pero cada uno de los dos proyectos en marcha va a tener mucho mas del 50% de componente nacional», aseguró.

Si bien la primera central atómica argentina detendrá sus 350 Mw de generación en 2024 durante 25 meses, el proyecto de la extensión de vida debe comenzar 3 años antes para planificar los requerimientos y los aspectos que se podrían modificar para hacer más eficiente el próximo período de vida. Éste podrá alcanzar entre los 15 y los 20 años de operación continua a partir de su regreso a servicio activo.

«No tenemos previsto sumarle potencia porque ya Atucha I, que es la mitad de Atucha II y Embalse (en potencia instalada), ha sido una maravilla: se diseñó para 250 MW (instalados), y ya durante la construcción se comenzó a subir la potencia (con mejoras de diseño e instalación) y medio siglo después está entregando 350 MW, que veremos si es su límite técnico«, detalló el presidente de NASA.

La Central Nuclear Atucha I, llamada «Presidente Juan Domingo Perón», inició su construcción en junio de 1968 y se convirtió en la primera central nuclear de potencia de América Latina, al ser conectada al Sistema Eléctrico Nacional en marzo de 1974 ya con 320 MW eléctricos. A lo largo de su vida operativa fue recibiendo mejoras en termohidráulica que fueron mejorando esa potencia hasta los 350 MW eléctricos actuales. La potencia bruta es realmente de 364 MW, pero la planta debe gastar una parte de la electricidad que genera en darle potencia a sus bombas de refrigeración y otros sistemas de control.

Pero lo que más cambió fue el «quemado», es decir la capacidad de generar más MWh (megavatios/hora) con la misma cantidad de combustible. El uranio natural tiene apenas un 0,71% del elemento físil que entra en fisión nuclear, el isótopo 235, el resto es todo isótopo 238, no fisionable. Con un enriquecimiento progresivo y minimalista del combustible de entre 0,72 y 0,85%, se logró pasar de un quemado de 6.000 MW/día/tonelada a 11.000 MW/día/tonelada.

En esta movida brillaron las gerencias clave de la Comisión Nacional de Energía Atómica: la de Combustibles y la de Materiales.

Atucha I fue la primera central de uranio natural del mundo en prácticamente duplicar su quemado con un enriquecimiento muy leve. Es un paso gigante hacia un uso más ahorrativo del uranio, una disminución de la minería y una minimización del volumen de combustible gastado a gestionar. Otros países con centrales de uranio natural -Canadá, la India, Corea, China, Rumania- estudian iniciativas semejantes, pero habrá que adaptarlas a la tecnología de tubos de presión, que terminó siendo la dominante con este tipo de combustible. Nuestras Atuchas I y II son las únicas plantas de uranio natural con recipiente de presión en todo el mundo, dos prototipos.

Desde que la inauguró el propio presidente Perón, la planta, que en los ’70 todavía era la unidad de generación más potente del Sistema Argentino de Interconexión, le inyecta energía con una disponibilidad superior al 80%, algo que sólo logran hacer las centrales nucleares… y no todas. Sólo las muy bien diseñadas y muy robustas. Está en la barranca de la margen derecha del Río Paraná de las Palmas, a 160 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, en la localidad de Lima, partido de Zárate.

Si bien es la primera central argentina, todos sus sistemas de seguridad están actualizados al estándar «post-Fukushima» del Organismo Internacional de Energía Atómica, y cumplen con las exigencias locales e internacionales. Como dato para pensar, las exigencias locales son MÁS severas.