Para interpretar los resultados de este domingo 12 de septiembre

En AgendAR hemos publicado en otros años encuestas anticipando elecciones nacionales y provinciales. Esta vez no vamos a hacerlo; ya hay muchas en muchos medios, prácticamente todos los días. Pero el motivo decisivo es que, a la incertidumbre inevitable en toda encuesta, se agrega que la pandemia impide encuestas presenciales numerosas.

Aquí les copiamos, en cambio, una reflexiva nota del politólogo Mariano Fraschini donde trata de contestar «¿Cómo se interpretarán los resultados del 12 de septiembre?»

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«Es conocida la frase que “en política dos más dos nunca da cuatro”. Seguramente menos original que esa notable canción de la Renga, casi una súplica de “si dos más dos fuera tres”. En política, como en el futbol, no importa quién llega mejor a la próxima jornada, sino quién logra, efectivamente, triunfar por más o por menos votos, pero vencer al adversario. Desde allí que esta columna siempre descreyó de las encuestas, de los sondeos y las tendencias. La opinión pública es sumamente volátil y cambiante, y los electorados son afectos a decidir su voto en la agonía de la jornada electoral. Así que aquí no vamos a hablar ni de encuestas, ni de tendencias electorales, sino que intentaremos realizar un análisis político (o tal vez, histórico-político) de lo que se juega, y de qué forma serán leídos los resultados del domingo de PASO.

¿Cómo suelen leerse las elecciones legislativas en nuestro país? ¿Qué impacto tiene lo nacional y lo distrital? ¿Se diferencia una elección PASO de una general? ¿Quién gana: el que tiene más votos o consigue renovar más cargos? ¿Predice en algo la elección presidencial?

Desde el retorno a la democracia en 1983 las elecciones de renovación legislativas han tenido distintas lecturas en sus resultados. Durante la década del ochenta hubo 2 elecciones parlamentarias (1985 y 1987) en las cuales los resultados fueron leídos a partir del cuantun electoral. La disputa bipartidista entre la UCR y el PJ simplificaba el análisis, por lo que las nítidas victorias a nivel nacional de la UCR en el 85 y del PJ en el 87 significaron dos momentos muy distintos durante el gobierno de Alfonsín: en el primero “Tercer movimiento histórico”; en el segundo “vuelve el peronismo”. Para decirlo claramente: el 85 auguraba un radicalismo imbatible y con buenas perspectivas de cara a futuro, mientras el 87 predecía un recambio presidencial.

En la década del noventa se sucedieron tres elecciones legislativas (1991, 1993 y 1997). Las dos primeras presagiaron la reelección de Menem y la última el recambio presidencial. La incorporación del FrePaSo como tercera fuerza alteró el formato sistémico partidario, pero no la disputa bipolar ya que la constitución de la Alianza (coalición de la UCR con el frente de centroizquierda) volvió a simplificar el análisis y permitió observar con nitidez los ganadores y perdedores. Es decir durante las dos primeras décadas democráticas, los resultados fueron leídos siempre desde la perspectiva nacional y constituyeron horizontes predictivos de cara a las elecciones presidenciales. El 87 adelantó el 89 y el 97 el 99.

Es a partir del 2001 cuando las elecciones de renovación legislativa dejan de ser predictivas y se comienza a analizar más en términos distritales que nacionales. La crisis de finales de ese año implicó una consecuente fragmentación partidaria, que la propia compulsa electoral de octubre adelantó con un significativo número de votos nulos y blancos, y un peronismo que se impuso con la menor cantidad de sufragios de una fuerza política desde el retorno democrático.

En el siglo XXI hubo cinco elecciones de renovación parlamentaria 2001, 2005, 2009, 2013 y 2017. A diferencia de las votaciones precedentes, las de este siglo revelan una descomposición parcial del sistema de partidos (la elección presidencial de 2003 ilustra en forma nítida lo dicho –tres candidatos peronistas y tres candidatos radicales separados) por lo que las lecturas de estas elecciones impidieron, por un lado predecir acertadamente la elección presidencial dos años después, y por el otro, que estas votaciones fueron leídas más desde lo distrital, que desde lo nacional. Para decirlo claramente, una victoria en la provincia de Buenos Aires tiene un peso simbólico y político mayor que lo que pueda dar la suma de votos a nivel nacional. No es objetivo de esta nota explicar todas las razones de esta nueva forma de interpretar los resultados de recambio legislativo, pero no debe obviarse el proceso de provincialización existente con gobernadores que adelantan (y alambran) sus elecciones distritales, y la labilidad con que los propios ejecutivos provinciales juegan sus fichas durante estas elecciones legislativas.

Esta nueva forma de interpretar/leer los resultados electorales de medio término tienen en el 2009 y 2013 sus puntos culmine. En ambas elecciones el oficialista FPV ganó la votación a nivel nacional, sin embargo, al caer derrotado en los principales distritos del país (en la simbólica Bs As, Córdoba, Santa Fe y la Ciudad de Bs As) la explicación viró de lo nacional a lo distrital. El año 2017 encontró un oficialista PRO vencedor frente a un peronismo opositor fragmentado, siendo, una vez más, la provincia de Bs As el epicentro del triunfo, luego de la derrota de CFK frente a Esteban Burlich por escasos 3% de diferencia.

Sin embargo, a diferencia de lo que solía ocurrir durante las décadas precedentes, los “triunfos opositores” en 2009 y 2013 (dejo aclarado, una vez más, que a nivel nacional la victoria fue del FPV por un porcentaje de votos similar en torno al 33%) y del PRO en 2017, no fueron predictivos de cara a las presidenciales. Ni Francisco De Narváez el “ganador” de 2009, ni Sergio Massa el de 2013, ni el oficialismo hace cuatro años preanunciaron un desenlace similar dos años después. En 2011 reeligió CFK, en 2015 ganó Macri y en 2019 volvió a ganar el peronismo. A excepción de estos ejemplos, la de 2005, leída desde lo nacional, pero también desde PBA, la victoria de CFK preanunció el triunfo de 2007. Tal vez se trató de la última elección en donde interpretación nacional + PBA y predicción se dieron la mano.

Hay dos etapas claramente diferenciadas: la de la década del 80 y 90 en donde las elecciones legislativas predecían la presidencial en el interior de un formato partidario bipolar, y la del siglo XXI en donde los distritos se convierten en las principales geografías explicativas y no predicen el rumbo electoral de “dos años después”. ¿Qué significa todo esto? ¿Qué las elecciones deben ser leídas, en cuanto a ganadores y perdedores a partir de los votaciones distritales? ¿Qué no existe la posibilidad de tener una disputa bipolar predictiva como hace décadas? ¿Que no importa quién gane porque esto no predice la elección presidencial de 2023?

En principio, a diferencia de las últimas cinco elecciones desarrolladas durante este siglo (y en una lógica más cercana a las votaciones de los ochenta y noventa), vuelven a emerger dos grandes polos, el FDT y Juntos, capaces de atraer más del 80% de los sufragios. En segundo lugar, en línea con lo anterior y a diferencia de los últimos años, el conteo nacional tendrá algo que decir en este escenario menos fragmentado. Y por último, siguiendo al especialista Abelardo Vitale, una última dimensión será “la cantidad de provincias ganadas y la cantidad de bancas obtenidas para dar cuenta de la narrativa ganadora del domingo 12”

Para ir cerrando la nota sin incumplir la promesa del inicio, restará revelar el interrogante acerca de la participación electoral. A pesar de que la intuición del autor de estas líneas es que vaya en línea con las elecciones provinciales de este año, es decir a la baja del promedio histórico, nunca es fácil discernir acerca del comportamiento electoral del y la votante argentine. Mucho tendrá que ver la narrativa que se logre imponer del domingo para dar cuenta del resultado. ¿Se festejará el triunfo a nivel nacional? ¿La cosecha de las futuras bancas en juego? ¿Las diferencias con las elecciones pasadas? ¿Los triunfos en los distritos más grandes? Muchos interrogantes que por suerte serán develados en pocos días.