Cuando la ANSES contribuyó a financiar la terminación de Atucha II

Esta nota surge de un tuit. Porque hace pocos días, cuando informamos que la Corporación América, de Eduardo Eurnekian, encabezará el consorcio que construirá la central hidroeléctrica de Chihuido, en Neuquén, también tuvimos que decir que las turbinas serían alemanas. Porque la obra se financia con un crédito de ese origen. Y «el que paga el gaitero elige la música».

Ahí @tavos tuiteó: «Tenemos a IMPSA con capacidad para fabricar turbinas nacionales de primer nivel, pero los proyectos argentinos más grandes tienen turbinas chinas (Santa Cruz) o alemanas (Neuquén). Decisiones así son las que estructuran el subdesarrollo».

Y agregó «Quizás haya que buscar otras formas de financiar estas obras. Si Atucha II, mucho más riesgosa, tuvo financiamiento de ANSES, ¿por qué no puede financiar una represa?».

No consideramos que Atucha II sea riesgosa, pero en 2006 era una planta sin terminar cuyos diseñadores y constructores habían desaparecido, y había atravesado 27 años y 10 presidencias nacionales sin progresos de obra ni perspectivas de finalización. Sí era muy de riesgo financiero, no técnico. La respuesta de @tavos fue el disparador. Una pregunta al presidente de NA-SA, José Luis Antúnez, el hombre que en 2014 realizó esa obra, y recibimos esta respuesta:

«ANSES fué uno de los mayores suscriptores de las dos emisiones de Obligaciones Negociables que emitió NA-SA para financiar parcialmente la terminación de Atucha II.

Tuvieron como garantía la cobranza de CAMMESA por la energía generada por el conjunto de las Centrales Nucleares.

Fueron muy bien calificadas por la Comisión Nacional de Valores y por Fitch.

Se han venido pagando puntualmente tanto los intereses como el capital y creo que ya falta muy poco para terminar de pagar la última emisión.»

Queda para los lectores de AgendAR definir la moraleja de esta breve historia. Que se ha repetido al menos una vez y a escala menor en el rubro aeronáutico: la fabricación y homologación del prototipo del IA 100 Malvina, el avión de entrenamiento básico de la FAdeA (Fábrica Argentina de Aviones), se financia con dinero de una caja jubilatoria exclusiva de la Fuerza Aérea Argentina.

Y nos parece bien: la plata de los jubilados está mucho más segura en «fierros» y producción nacional imprescindible, como son las de Defensa y la de energía, que en bicicletas financieras, o en esquemas de Ponzi como eran las AFJP. La historia de este avión puede leerse aquí.

Publicaremos pronto el Especial de Atucha II: una crónica argentina.

José Luis Antúnez, Presidente de NA-SA