Premian el proyecto argentino que busca llegar a la Luna con el cohete más pequeño y económico de todos

Un equipo de jóvenes de distintas universidades argentinas fue premiado en un concurso de innovación tecnológica en Dubái por desarrollar una nave espacial de 34 centímetros de altura que aspira a ser «el vehículo más pequeño y económico de la historia en descender en la Luna».

El grupo, formado por nueve jóvenes provenientes de la Universidad Nacional de La Plata, Universidad de Palermo, Universidad de Buenos Aires, y Universidad Argentina de la Empresa, y de la Universidad Don Bosco de El Salvador y de la ETH Zurich de Suiza, obtuvo el segundo puesto en el concurso #T-TeC 2021, que se realizó este 16 de diciembre en Dubái, organizado por los gigantes aeroespaciales italianos Leonardo y Telespazio.

Franco Ruffini, Tomás Boschetto y Facundo Gavino, tres ingenieros aeronáuticos egresados de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), explican que la misión Pulqui XXI aspira a convertirse en un transporte espacial de «ultra bajo costo,» utilizando el estándar de diseño CubeSat, que refiere a nanosatélites conformados por cubos de 10 centímetros.

«Nuestro vehículo es un CubeSat de tres unidades de estos cubitos, por lo que en total mide 10 x 10 x 34 centímetros de altura y sería el más pequeño en llegar a la superficie lunar», asegura Ruffini, de 23 años y flamante ingeniero aeronáutico.

«Recibir el premio fue una gran validación del trabajo que veníamos realizando hasta ahora y es un gran impulso para afrontar el futuro», afirma Tomás Boschetto, quien viajó a Dubái junto con Ruffini en representación de todo el equipo.

«Notamos que varios referentes aeroespaciales del mundo demostraron bastante interés en nuestro proyecto y esa es una de las mejores experiencias que obtuvimos del viaje», agregó Ruffini.

Características del proyecto

La misión Pulqui XXI consiste en un vehículo de aproximadamente seis kilos, lo que lo diferencia categóricamente de los equipos que rondan la media tonelada, a la vez que tiene la ventaja de «poder descender en cráteres de muy difícil acceso».

«Nuestra nave tiene dos partes: un satélite y una sonda que simplemente se posa sobre la superficie lunar y es capaz de aguantar el impacto. Hasta ahora siempre que se aterrizó en la Luna fue con un cohete controlado», precisa Boschetto, de 25 años y oriundo de la localidad bonaerense de Zárate.

La sonda tiene la forma de una esfera y está construida por barras de aluminio encastradas siguiendo el principio de una novedosa tecnología llamada «Tensegrity» que es desarrollada en el campo académico por el profesor argentino Julián Rímoli en la Universidad Georgia Tech, de Estados Unidos, pero que todavía no fue puesta en práctica en ninguna misión.

Esta tecnología permite absorber mejor el impacto del alunizaje y «es como si fuera tirar una pelota de plastilina, se deforma sin rebotar y protege lo que va en el interior», grafica Boschetto, quien actualmente cursa una maestría en la Escuela Politécnica Federal (ETH), de Zúrich, en Suiza.

Otra característica para destacar de la esfera son las velocidades de impacto: «en las pruebas realizadas en el Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) de la Facultad de Ingeniería de la UNLP las velocidades fueron de 25 y 50 kilómetros por hora», declaró a Télam Facundo Gavino, y remarcó que el costo del prototipo de esta bola fue de «menos de un dólar».

«Toda la nave tiene un presupuesto de 120 mil dólares pero la diseñamos de tal manera que se puede comprar todo en el mercado, ´off the shelf´», continúa el ingeniero de 25 años oriundo de la ciudad de Berazategui.

«El objetivo principal es mostrar que se puede llegar con poco», subrayó el joven y comparó el proyecto con una de las últimas misiones de Israel que tuvo un costo de 100 millones de dólares.

En la misma línea, Boschetto planteó que «si resulta tan barato desplegar equipos, nuestro proyecto tiene un potencial enorme para la expansión de la humanidad fuera de la Tierra». Puede contribuir en la logística de misiones lunares, por ejemplo.

Otro de los objetivos del proyecto es que la esfera de la nave transporte en su interior un instrumento científico que pese alrededor de 250 gramos y sirva para relevar parámetros de interés como «presencia de agua en cráteres del polo sur, composición del polvo lunar o radiación».

Hasta el momento, los prototipos que probaron en el Centro Tecnológico Aeroespacial resultaron «positivos» y los ingenieros señalan que «la estructura funcionó como queríamos, así que ahora estamos trabajando en optimizarla».

Cómo sigue el proyecto

Respecto a los próximos pasos, indican que van a utilizar el premio de 6 mil euros en seguir desarrollando el proyecto. Aseguran que hacerlo a través de la UNLP «sería un sueño».

«Por ahora el apoyo más fuerte que hemos tenido -aparte del concurso y el premio- ha sido en nuestro país: tuvimos la ayuda de muchos profesores, los ensayos los hicimos en la UNLP y queremos participar en un programa de la Universidad para hacer pruebas de nuestro satélite en órbitas terrestres», explica Boschetto.

También realizaron ensayos de propulsión en la Facultad de Ingeniería del Ejército, donde estudiantes desarrollan el trabajo final de la carrera en misiones espaciales similares.

El nombre de la misión hace referencia al primer avión a reacción de Argentina, y el octavo en todo el mundo, bautizado como Pulqui I, que en lengua mapuche significa «flecha», y realizó su vuelo inaugural el 9 de agosto de 1947, marcando un hito histórico en la industria aeronáutica nacional.

«Con la misión Pulqui XXI queremos ser el primer alunizaje de Argentina y de Latinoamérica. Sabemos que lo vamos a terminar haciendo».