Analizando algunos mitos sobre la minería

Elizabeth Pontoriero preparó este artículo que -como se puede ver- es una articulada defensa de la actividad minera ¿Es útil reproducirlo, siendo que sólo convencerá a los ya convencidos, como este editor?

Creemos que sí, porque repasa, y cuestiona, cada uno de los argumentos más usados contra la minería. Eso obliga a quienes la atacan a fundamentarlos. Hace a un debate de mejor nivel.

Igual, estaremos mejor informados una vez que el Ministerio de Desarrollo Productivo ponga en marcha el el Sistema de Información Abierta a la Comunidad sobre la Actividad Minera en Argentina (SIACAM).

«La minería es una actividad imprescindible para el desarrollo de muchos productos, no sólo los «glamorosos» como las baterías de los celulares y las computadoras portátiles; también muchos otros objetos de la vida cotidiana. Sin embargo, la actividad cuenta con poco prestigio. Por eso, la Secretaría de Minería difundió un documento en el que responde a preguntas clásicas en torno a la minería: ¿Contamina mucho? ¿Qué pasa con el agua? ¿Genera empleo? ¿Deja plata en el país?

Mito 1: “No deja plata en el país”

Según estudios del CEP-XXI, en base a la Encuesta de Nacional de Grandes Empresas, el 67% de las ventas realizadas por las grandes compañías mineras metalíferas (la llamada “megaminería” por los críticos) que operan en el país se queda en Argentina, en gastos como pago a proveedores nacionales, masa salarial e impuestos provinciales o nacionales.

Así las cosas, el 29,8% de los gastos se destinan a compra de insumos a proveedores nacionales, en lo que se denomina “consumo intermedio nacional”; un 10,6% se destina a proveedores nacionales que reponen maquinarias y edificaciones, lo que serían las “amortizaciones nacionales”. Mientras, otro 15,2% de lo facturado por las mineras es para costos de salarios, que se engloba en salarios y contribuciones y un 11,4% va para impuestos nacionales y provinciales.

Mito 2: “No genera empleo”

El documento analizó qué ocurre con el empleo formal en relación de dependencia teniendo en cuenta la minería metalífera, la no metalífera, la de carbón, los servicios de apoyo directos y el empleo minero en empresas que no tienen como principal actividad la minería, pero sí tienen eslabones mineros en la producción de sus bienes como, por ejemplo, la industria cementera o ladrillera.

Así las cosas, si se suman los puestos indirectos (contratados por proveedores) la suma total da 68.655 puestos formales entre directos y proveedores inmediatos.

Por su parte, para la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM) el número total asciende 83.000 puestos de trabajo en toda la cadena minera. La CAEM toma en cuenta no solo a los proveedores inmediatos sino también a los proveedores de los proveedores y al empleo no asalariado registrado.

Discriminado por provincia, tenemos que 7 explican el 80% de los puestos de trabajo directo. Santa Cruz es la principal con el 27,8% del total. Luego, San Juan con un 14%, la provincia de Buenos Aires con 11,9%, Salta con un 7,7%, Jujuy con 7,4%, Córdoba con un 6,2% y Catamarca con un 5%.

Mito 3: “No aportan divisas”

El sector minero aporta divisas de carácter significativo a las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), convirtiéndose en “uno de los pocos sectores cuyo balance de divisas es estructuralmente superavitario”, de acuerdo con el informe del CEP-XXI. Desde el 2003 no hubo registro, en ningún momento, de que los dólares ingresados al país hayan sido menores a los que salieron, lo que representa un ingreso sostenido de divisas durante 18 años.

En este sentido, la Secretaría de Minería, sobre datos del BCRA, observó que, para el caso de la industria minera, la balanza entre las divisas que ingresan y las que salen ha demostrado tener un resultado positivo desde principios 2003, año en que el BCRA empezó a medir este indicador. En ese ciclo, el aporte total fue de 50 mil millones de dólares netos. 

Durante 2021, la minería representó más del 4% de las exportaciones de bienes, por un valor de más de 3.200 millones de dólares, lo que se asemeja a lo exportado por la carne bovina y el trigo. El oro fue el mineral más exportado por más de 2 mil millones de dólares, en segundo lugar, la plata por 835 millones y después el litio con 208 millones. Los otros minerales sumaron 172 millones.

Mito 4: “La minería usa mucha agua”

La minería utiliza grandes cantidades de agua en sus procesos, pero al trabajar en circuitos cerrados, en los que se repone lo que se evapora, el consumo neto termina siendo bajo si se lo compara con otras actividades económicas. Un ejemplo de esto es el que se da en la provincia de San Juan, en la que la actividad minera consume menos de un 1% de agua, mientras que la agricultura utiliza más del 80%. En Chile, que tiene un gran desarrollo minero, el consumo de agua por esta actividad no sobrepasa el 4% del total de la demanda del país. Lo mismo ocurre en Perú. Se trata de estadísticas oficiales, pero también de estudios privados, como el del Círculo Argentino de Ingenieros. ¿Con tanta información disponible, por qué se sigue con ese mito?

Mito 5: “Es una actividad muy contaminante”

Igual que otras actividades humanas, la minería provoca un impacto sobre el ambiente. Entre ellos, los principales tienen que ver con el uso del agua y la generación de residuos sólidos y de polvo.

Sin embargo, gracias a las regulaciones estatales y al uso de nuevas prácticas, en los últimos 30 años la minería ha mejorado su accionar para reducir la contaminación sobre el ambiente. Actualmente, la mayor parte de la actividad minera se realiza en circuitos cerrados que permiten la recirculación del agua e impiden la formación de efluentes. Asimismo, los residuos sólidos se almacenan de acuerdo con su categoría y la generación de polvo es monitoreada y minimizada a partir del riego de caminos (ver el video con la exposición del bioquímico y especialista en ingeniería ambiental Oscar Minolli).

Por último, una vez finalizado todo el proceso productivo por agotamiento del mineral se cierran las instalaciones para garantizar que los remanentes no contaminen el ambiente. Por lo tanto, en condiciones normales y controladas no debería existir liberación de sustancias contaminantes.»