miércoles, 12 junio, 2024 - 11:44 am

La obra más reciente de Oliver Stone: «Nuclear Ahora!»

«Siempre se dice que si hay un accidente que involucra a lo nuclear, será el fin del mundo. Pero eso es pura mierda, afirma sin contemplaciones Oliver Stone. El tema de la energía nuclear está en el centro de la más reciente película del realizador, el documental Nuclear Now.

El multipremiado director  ha construido su reputación en el cachetazo visual y el exceso: la violenta odisea criminal de Scarface (donde fue guionista); el visceral drama bélico Pelotón; la insaciable sátira de los ochenta Wall Street; JFK, el thriller de tres horas de duración guiado por teorías de la conspiración. Su proyecto más reciente, sin embargo, exhibe una convicción sin mayores adornos.

El encuentro con Stone y Fernando Sulichin, productor argentino de Nuclear Now, se produce en el bar de un hotel del centro londinense. Están en el país para presentarse en un par de proyecciones privadas, y por ello empiezan con algunas reflexiones del evento realizado la noche previa. De manera inusual, nada de la charla se dirige a cómo fue recibida la película en términos cinematográficos, sino más bien a cuán receptivo fue el público presente con respecto a sus argumentos. Tiene sentido: Nuclear Now es una realización audiovisual como manifiesto. El documental tiene un mensaje ardiente, y no pierde demasiado tiempo en entretenerse con puntos de vista alternativos. La energía nuclear, coinciden los dos hombres, es el único camino práctico a un futuro verde, y a la supervivencia de nuestra especie.

«Yo era un jovencito en los ’70 y ’80», explica Stone. «Creí en lo que estaba diciendo Jane Fonda, y lo que decían Ralph Nader y Bruce Sprinsgteen. Eran héroes, con lo que no me costó coincidir con ellos. Pero a medida que pasaron los años y la situación se fue profundizando… han pasado veinte años desde el año 2000, y aún hoy el 84% de la energía del mundo proviene de combustibles fósiles.» Por supuesto, Stone ya no es un jovencito -tiene 76 años, para ser exactos-, y lo rodea un aire de estar hastiado del mundo. Cuando habla, de todos modos, lo hace con una intensidad de oso. «Obviamente, no estaré por aquí en el 2050», dice. «Pero mis hijos, y espero que mis nietos, sí estarán.»

Los defensores de lo nuclear enfatizan lo relativamente económico de su tecnología y su confiabilidad: a diferencia de la energía eólica o solar, su producción no está sujeta a patrones del clima o del ciclo día/noche. «No estamos diciendo que estas energías limpias sean malas», asegura Sulichin. «Pero por ejemplo, tomando el tendido eléctrico de Inglaterra, con el viento que hay, se necesita prácticamente rodear toda la isla de Gran Bretaña con turbinas».

Esto no es estrictamente verdad. Como isla del Atlántico Norte, Gran Bretaña tiene las mejores fuentes naturales para viento y mareas generadoras de energía de Europa. Actualmente provee alrededor de un cuarto de sus necesidades energéticas con el viento, y está comprometida a elevar su capacidad a 50 gigawatts para el año 2030 (el pico de demanda actual está apenas por encima de los 60 GW). Pero el Reino Unido no es el ejemplo típico.

Sonriendo cortésmente junto a Stone, Sulichin compone una imagen marcadamente menos intimidatoria que el veterano de la guerra de Vietnam. Pero no está menos dedicado a las argumentaciones sobre lo nuclear. «Esperamos estar creando una pequeña abolladura en las opiniones de la gente», dice. «El cambio climático está en todas partes. Hay temperaturas elevadas, hay inundaciones en Italia, huracanes… está por aquí y está por allá. Y la gente sigue bailando en el Titanic.»

Esta no es la primera colaboración de Sulichin con Stone: el productor argentino ya trabajó para él en proyectos sobre Edward Snowden, Hugo Chavez, Fidel Castro y -de manera aún más notoria- Vladimir Putin. «Soy la clase de persona que tiene que apoyar la visión de Oliver y hacerla realidad», dice.

Stone se sintió atraído al tema nuclear tras leer A Bright Future («Un futuro brillante») de Joshua Goldstein y Steffan Qvist, un libro de no ficción que eventualmente terminaría adaptando para Nuclear Now. Su primer pensamiento fue si podía hacer una ficción con ello, e incluso llegó tan lejos como para encargar un tratamiento previo. «Mi idea era hacerla alrededor de una científica, una mujer, porque son populares en estos días. Una científica mujer con un lacayo masculino, o algo así». Stone sonríe de manera un poquito maníaca. «Y en el sentido de salvar la energía nuclear, ella tiene que hacer básicamente los mismos trucos que un Tom Cruise.»

De manera nada sorprendente, esa idea no llegó a realizarse. Mientras el armagedón nuclear ha probado ser un febril artefacto narrativo en películas catástrofe como Dr. Insólito: O como aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba o Síndrome de China (ambas mencionadas al paso en Nuclear Now), la estéril, prosaica realidad de todo eso no es un material muy adecuado para el entretenimiento pochoclero.

Entonces, finalmente los realizadores optaron por lo que Stone llama «un documental no convencional», «porque usamos un montón de metraje de archivo descuidado, bastante feo. Teníamos que hacerlo. No hay ninguna otra cosa, nada. Con lo que intentamos incorporar entrevistas, y fragmentos de filmaciones hermosamente viejas, pero algunas de esas cosas eran difíciles de ver.» Nuclear Now también incorpora algunas modestas florituras gráficas, algunas apariciones del mismo Stone y casos de estudio, incluyendo una mirada de primera mano a la infraestructura nuclear de Rusia.

Un rato después de iniciada la entrevista, Stone empieza a irritarse por una conversación que llega desde una mesa unos cinco metros más allá («¡Odio el sonido de la voz de ese tipo!»). Nos vamos a una habitación más privada. Aquí, los sofás están algo distanciados; él se retuerce y estira el cuello en un esfuerzo por escuchar las preguntas. Soy, como diría Jerry Seinfeld, algo así como «un susurrador». Por un momento considero preguntarle a Stone por Seinfeld -que se burló de manera memorable de JFK- pero no, el clima en el salón es de puros negocios, y una parte de mí teme que me arranque la cabeza con el ceño fruncido.

Más o menos le grito la siguiente pregunta: ¿Y qué hay de los riesgos de una fusión nuclear, el peor escenario posible? ¿Es un riesgo con el que tenemos que hacer las paces? «El peor escenario posible ya sucedió», responde. «Tuvimos una explosión nuclear en Chernobyl, y los efectos se diseminaron por todo el norte de Europa. ¿Pero cuánta gente murió por eso?». Da un número de aproximadamente 4000 personas, aunque algunos hacen estimaciones sustancialmente más altas: calcular el daño a largo plazo a través de un continente, incorporar una miríada de otros factores, es un trabajo inherentemente nebuloso. Comparado con las bajas de la industria del carbón, señala, es minúsculo.

Sulichin, mientras tanto, tiende a distanciar la imagen de la energía nuclear de la idea de nubes en forma de hongo y bombas. «La gente confunde la energía nuclear con las armas nucleares, y no tienen nada que ver una con la otra. Vienen del mismo origen, pero no son lo mismo. Una cosa provee energía, la otra crea destrucción en masa.»

Stone habla elogiosamente de la inversión nuclear rusa, su compromiso de construir nuevos reactores y exportarlos a «países del Tercer Mundo». Para Stone, los «problemas políticos» de Occidente con Rusia (y China, que también muestra signos de un desarrollo nuclear) son obstáculos para el progreso. «Todas las disputas políticas del mundo son complicadas», dice. «Nosotros realmente estamos mirando la imagen general. Estamos tratando de decir, miren, estamos en esto juntos.» En noviembre del año pasado, el Reino Unido prometió 700 millones de libras para respaldar la nueva y gigantesca planta nuclear Sizewell C en la costa del Mar del Norte, empujando fuera del acuerdo a China, que previamente había sido una inversionista considerable.

Tras el lanzamiento de The Putin Interviews en 2017, Stone fue marcado como un apologista de Putin; ha elogiado al dictatorial líder ruso en múltiples ocasiones, aunque  desde la guerra en Ucrania ha criticado algunas de sus acciones. «En ese momento, Putin era señalado como el enemigo», dice Stone. «Nuestra teoría fue ir a conocer a ese enemigo». Describe a la serie en cuatro partes, estructurada en base a 30 horas de entrevistas con el presidente ruso, como una fuente «invaluable» para estudiar al hombre.

«Hicimos la primera serie angloparlante que realmente dejó a Putin hablar con su propia voz», dice Stone, orgulloso por el logro. «Si mirás las cosas estadounidense que hacen sobre él, siempre está doblado como el mal cine italiano de los años ’50. Consiguen un actor que hace de su voz una especie de gruñido de oso ruso, que no es él, más bien lo opuesto. Es un individuo muy refinado que habla pausada y razonablemente.»

Conseguir la financiación inicial de Nuclear Now, y más tarde la financiación, fue un proceso arduo. El daño que The Putin Interviews le hizo a la reputación de Stone en Occidente fue considerable. Es justo asumir que esto fue parte de la razón por la cual Stone y Sulichin tuvieron problemas para hacer despegar el documental. Pero no fue ni por asomo la única razón. Ellos argumentan que el dominio de las series «true crime» al estilo Netflix está sofocando el ecosistema audiovisual, dejando fuera a más pesos pesados de la no ficción.

«Los asesinos son populares», dice Stone. «Cosas como la serie Tiger King. Pero no abordan la clase de temática que es geopolíticamente importante. Creo que hay un blindaje, y pienso que están preocupados por el valor del entretenimiento en temas nucleares. Se sabe: ‘¿Dónde está la estrella?'».

Para los defensores de la energía nuclear, de todas maneras, hay raptos de optimismo. Sulichin apunta a una nueva ola de celebridades ecoconscientes que parecen menos hostiles a las causas nucleares, como Leonardo DiCaprio. «Creo que la opinión pública está empezando a cambiar», dice. «Cuando estábamos haciendo la película fue muy difícil conseguir la financiación, por la mala reputación de lo nuclear y la información perdida. La gente no quería ni siquiera escuchar lo que teníamos para decir. Pero ahora, gracias a la evidencia científica, las cosas están empezando a inclinarse.»

Nuclear Now es convincente, pero escépticos de ambos lados del espectro eco-político han discutido algunas de sus aseveraciones. Para algunos sectores de la población, cuando se trata de energía nuclear, el veredicto aún está en manos del jurado. Pero el tiempo para la deliberación se está escurriendo por los dedos de todos.

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