Gracias a estos físicos podemos vender componentes nucleares a la India, China y Canadá

No todas son rosas en la historia nuclear argentina, pero gracias a los físicos en materiales metalúrgicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) estamos con un pie adentro de la puerta del mayor nicho del mercado nucleoeléctrico del mundo: el de las centrales de uranio natural, agua pesada y tubos de presión. O dos pies: a la India ya le estamos vendiendo, a China ya empezamos, Corea nos tiene en su radar, Rumania también… ¡y agarrate, Canadá!

Como dice, distribuyendo mérito, uno de los premiados, Pablo Vizcaíno: «Si no hubiéramos retubado con componentes 100% argentinos nuestra única central de este tipo, Embalse, no estaríamos vendiendo nada».

Retubar Embalse terminó siendo una triple inversión: por una parte, se consiguió el equivalente de una central nueva por un tercio del costo, y en la mitad del tiempo de construcción de una nueva. Y no es pavada, porque ilumina aproximadamente a la mitad de los cordobeses.

Por otra parte, se salvó de la dispersión al elenco de recursos humanos de casi 140 empresas nacionales que habían terminado Atucha II en 2014. La obra del retubamiento ocupó a más de 3000 personas altamente calificadas, muchas de ellas en obra, todas argentinas.

Pero por otro lado, retubar Embalse con componentes propios nos volvió más raros que un perro verde. El mundillo nucleoeléctrico mundial se preguntó cómo diablos un país con una sola central CANDU puede rehacerla de pe a pa, mientras países con una industria nuclear poderosísima, que tienen 4 CANDU como Corea o 2 como China, necesitan importar fierros y cerebros.

La participación extranjera en el retubamiento de la planta nuclear cordobesa se limitó a tres canadienses (Canadá inventó las CANDU en 1961). Los tipos pintaron sólo para certificar la calidad de nuestros laboratorios de calidad de  componentes. En un rol más prominente, estuvo la empresa holandesa Mammoet, especializada en mover componentes de centenares de toneladas de peso dentro de espacios cerrados obstruídos de cables, caños y otras estructuras, sin romper nada. Es algo que aquí dejó escuela. Fuera de ello, ésta fue una obra de fierros, cerebros y manos argentinas.

Embalse se retubó porque los contratos estaban firmados desde 2010, y ningún mejor ministro de energía de la Shell se atreve a ligarse 100 y más juicios. Sin embargo, con Embalse ya volviendo al ruedo, el susodicho se vengó, e hizo despedir a los aproximadamente 200 ingenieros nucleares de Nucleoeléctrica Argentina SA que dirigieron la obra.

Trascartón, eliminó de planes una central tipo CANDU mayormente argentina, que NA-SA llamaba «Proyecto Nacional» y tenía un 75% de financiamiento chino, y cerró la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) de Neuquén, la mayor del mundo, y dispersó a sus profesionales y técnicos.

Sin agua pesada nuestras dos Atuchas y Embalse no funcionan. Ahora estamos importando, pero el cierre de la PIAP hizo disparar el precio internacional de U$ 300.000 la tonelada, al millón redondo la tonelada.

Lo último que quieren las petroleras es un programa nucleoeléctrico argentino exitoso, y lo último que quiere el State Department es que éste funcione a uranio natural. Es muy fácil tumbar un gobierno con apagones crónicos (ver el caso de Alfonsín), y bastante difícil apretar con un boicot de uranio enriquecido a un país que se ilumina con uranio natural, como el de las dos Atuchas o Embalse.

A Alfonsín el antinuclearismo le costó caro. Haber terminado Atucha 2 en 1987, según planes originales, le habría ahorrado desastres eléctricos al AMBA, industriales al país, y políticos a su propio gobierno. Creo que pese a su sagacidad, el líder radical envejeció y murió sin caer en la cuenta de ello. Su partido puede morirse debido a lo mismo.  

Las centrales como Embalse son un nicho dentro del mercado nucleoeléctrico mundial: más o menos el 11% del total. Pero el nicho crece para afuera y para adentro. Para afuera, porque la India y Rumania están construyendo 15 y 2 máquinas nuevas, respectivamente 15.

Para adentro, porque las CANDU y sus razonables imitaciones indias suman decenas en todo el mundo. Y este tipo de centrales cada treinta años hay que «retubarlas» para darles una segunda vida operativa, que entonces llega a los 60 años.

Y las centrales de este tipo están hechas básicamente de caños de aleaciones rarísimas de zirconio, la familia de los zircaloys, y de otras aleaciones igualmente extrañas con base de níquel y hierro, la familia de los inconel y los incoloy. Aquí CONUAR, sociedad mixta de la CNEA y del Grupo PECOM, es Gardel en este tipo de componentes. Pero de eso el mercado mundial se enteró recién cuando retubamos Embalse sin componentes importados. Mirá qué locos estos argentinos, ir tan a contrapelo de la globalización.

Va siendo hora de que se enteren también los locos argentinos de lo que se logró con eso. Podemos hacer una CANDU 100% propia, lo que «in altri tempi», el Ing. Celso Papadópulos, de la CNEA, llamaba «la central Azul y Blanca». Legalmente, en realidad podemos hacer muchas de éstas, aunque no exportarlas, por restricciones contractuales impuestas por Canadá en 1974, cuando se firmó la adquisición.

Pero aunque hacer una o muchas centrales propias puede ser espectacular y liberar el mercado eléctrico interno de su dependencia fósil, hay mucha más plata en esto de volverse la calle Warnes del ecosistema mundial CANDU. Y es que éste, -salvo por la India- quedó al garete y sin proveedor principal de componentes en 2011, con la quiebra de AECL, cortesía del ecologismo canadiense en alianza con los «tories», el Conservative Party.

Para los locos argentinos y el ecosistema CANDU no es cuestión de salud mental sino de contabilidad. Fabricamos componentes CANDU básicamente en pesos y eso requiere de un manejo de la estructura atómica superficial y profunda de estas aleaciones. La CNEA tardó 70 años en adquirirla. Importar estos caños de alta tecnología para nosotros fue siempre mucho más caro que fabricarlos aquí. Pero lo mismo le sucede al resto del ecosistema mundial CANDU, derramado desde los años ’60 sobre 7 países. Era cuestión de que se notara.

Por lo mismo, ya habiendo ya probado la calidad de lo que pusimos para rehacer Embalse, podemos venderle piezas similares a los 6 otros países CANDU, que suman 41 máquinas activas. Eso, sin contar casi 30 inactivas no decomisionadas que podrían volver al ruedo si retuban, y sin considerar la considerable flota india de IHPWRs, la versión local de la CANDU. Son buenas, y esa flota está creciendo en rampa. CONUAR le está vendiendo a la India 20 millones de dólares de caños de inconel 690 para generadores de vapor, y vamos por más.

Ese país hace profesión de fe desde 1974 de sólo comprar «made in India», pero está construyendo 16 IHPWR nuevas de 700 MWe. Cumplir con ese plan probablemente supere su capacidad instalada de fabricación de componentes. Y no sólo de tubuladuras finas de inconel 690 para generadores de vapor. No es imposible que nos pidan otras cosas.

Canadá nos acaba de rebotar una oferta de tubos de presión y de calandria para retubar 4 de las grandes centrales del complejo nuclear de Bruce. No por precio, sino porque los canadienses quieren resucitar su propia cadena de proveedores. Con veranos de 39o C en la taiga y la tundra, y con centenares de incendios forestales simultáneos en su país empiezan a sacarse la tara antinuclear y redescubrir que alguna vez tuvieron la mejor ingeniería nucleoeléctrica del mundo, y no es imposible que esto lo redescubra también el mundo.

Que los canadienses no le hayan dado a CONUAR el retubamiento integral de 4 enormes centrales en el complejo nuclear Bruce, en Ontario, certifica que la aldea global y la globalización son un globo para aldeanos.

Pero no es imposible que los Canucks se terminen tentando con nuestros precios. Tampoco es imposible que en 30 años de ecologismo silvestre y talibanes de mercado y del petróleo decidiendo la política energética del país, hayan logrado por fin destruir no sólo su empresa nuclear de bandera, AECL, sino su cadena de centenares de provedores, y que lo hayan hecho tan a fondo y tan bien que tarden bastante en resucitarla. Amigos canadienses, «cocodrilo que se duerme, es cartera», como se dice en Ontario.

La calidad nuestra los canadienses ya la conocen. No es la primera vez que hacemos una CANDU sin ellos. Embalse, firmada en 1974, se terminó en 1984 con 4 años de demora. AECL tenía órdenes de su cancillería de incumplir el contrato, y no sólo no nos transfería la tecnología sino que no mandaba componentes y la obra se iba al requinto cuerno. La verdad es que se pudo terminar por pura obstinación de la CNEA, con una participación industrial argentina bastante mayor que la acordada, y esa una historia bastante épica, desconocida y olvidada. Pero con consecuencias.

Dentro de las centrales de 2da y 3ra generación, y a diferencia de las PWR y BWR, las CANDU son las únicas centrales nucleares que no han sufrido jamás un derretimiento de núcleo, es decir son apabullantemente las más seguras.  Y ahora que está de moda lo modular, son las más modulares. Y lo son desde 1961, sólo que ser modular entonces no era chic, era una rareza.

Con idénticos caños de idénticos materiales e idénticas dimensiones construís una máquina chica de 22 MWe, o una mediana-grande de 880 MWe, o una de 657 MWe como Embalse, sin importar en qué país. Un manojo combustible CANDU -otra estructura hecha de caños de zircaloy- producido por CONUAR en Ezeiza funciona perfectamente en Embalse, pero también en cualquier central canadiense, rumana, coreana, india, pakistaní y china. Lo mismo para tubos de presión y de calandria. Y lo mismo para tubos de intercambiadores de calor y generadores de vapor. Así de modular es el ecosistema CANDU mundial. Ha sobrevivido a sus creadores.

A todo eso, el globo globalista se pinchó. Dejar de ser un lugar y volverse de nuevo un país se está poniendo de moda, porque es negocio, y también porque por fuerza ahorcan. País que no defienda sus recursos, su territorio o a su gente, se incendia, o lo saquean, o lo vuelven una semicolonia mendicante, o pierde territorios marinos y/o terrestres, o lo invaden. O todo eso junto.
Curiosamente, los males que están reventando al mundo e incluso la caída de nuestro peso, todo nos vuelve baratos y factibles de autoabastecimiento nucleoeléctrico. Podemos alfombrar el país de Embalses. Tenemos todo para ello. La plata también, sólo nos falta la decisión política de que aparezca.
Eso nos pondría a salvo -hasta cierto punto- de la triple dependencia que nos generaría comprarle una central Hualong-1 a China. Al menos, en las condiciones contractuales que exige este país, y que son durísimas. Porque suma:
* Dependencia en tecnología (la compra sería «llave en mano» rabiosa).
* Imposibilidad de abastecerla con uranio enriquecido argentino (nuestra pequeña planta de enriquecimiento de Pilcaniyeu no lograría jamás abastecer la demanda de esa máquina).
* Y para rematar, la exigencia de no ponerle combustibles nacionales durante sus primeros 20 años operativos.
Eso último, además de dejar dos décadas al cuete a NA-SA, CONUAR, INVAP, a la CNEA y a las 140 empresas argentinas que terminaron Atucha 2, retubaron Embalse y están construyendo el prototipo del CAREM, tiene un costo económico muy alto. 20 años años de comprarle combustible a China, en plata, es como pagar dos veces la Hualong-1.
Aún si la China Nuclear National Corporation (CNNC) acepta financiarnos al 100%, con el precio altísimo fijado por China sumado a este destrato colonial hacia nuestro país en materia de industria y combustibles, no nos están haciendo ningún favor. Para nosotros el negocio tecnológico no es prender lamparitas, es desarrollar tecnología.
El favor se lo están haciendo ellos: somos la única vidriera nuclear prestigiosa de América Latina, porque dominamos el pequeño nicho de los reactores nucleares multipropósito y somos los mejores exportadores del planeta en ese tipo de plantas. Los chinos, no. Al menos, no todavía. Si les compramos una Hualong-1, les compra la región. Hacemos muchas cosas mal, pero el negocio nuclear lo dominamos bien. Somos referentes. ¿Cuánto vale eso? 
Los 1120 MWe de la Hualong-1 en el predio de las Atuchas darían electricidad a entre 4 y 5 millones de habitantes del AMBA. Si un día la Argentina se despierta con un ataque de argentinidad tan grande que quiere recobrar el control del Mar Argentino, donde cada temporada cálida pescan gratis 600 barcos asiáticos, mayormente chinos, mayormente ilegales, no sería imposible que fuéramos objeto de un apriete del tipo de «quedate con tu pescado, y te quedás con tu apagón».
Esas cosas suceden, pero nadie se entera porque jamás se difunden. Son extorsiones tan eficaces que no se ejecutan, ni salen de educados y feroces cuchicheos en pasillos de cancillerías. Por algo la mafia del uranio enriquecido, concentrada en muy pocos países, no se banca las centrales de uranio natural.
Recuperar el Mar Argentino sin miedo a que se apague el AMBA. ¿Cuánto vale eso?
La noticia es que hagamos o no una CANDU Nac & Pop, hay vidas extras para el Plan Nuclear de Jorge Sabato, tal como surgió entre 1965 y 1968: independiente en materia de tecnología y de combustibles. Mientras sigamos siendo vendedores de partes de CANDU, nuestra independencia en combustibles nucleares no se terminará.
Lo que empieza a valer mucho es haber construido Embalse solos, haber terminado Atucha 2 solos, haber reparado ambas Atuchas solos y haber retubado Embalse solos. No nos ayudó nadie y eso nos volvió un jugador mundial. Hay una épica en esa historia, pero la épica no se vende. Los tubos, sí.
No son caños que uno se compre un un corralón de materiales. Son de aleaciones extraordinarias por su resistencia a la radiación, la temperatura, la presión y la corrosión. Su maquinado y tratamiento superficial para resistir 30 y más años de maltratos fisicoquímicos es de una complejidad abigarrada. Es un campo donde la metalurgia requiere de mucha empiria, es decir mucho laboratorio, pero también de mucha física cuántica.
Muy pocos países saben hacer estos caños con los que se hacen centrales nucleares como Embalse. Se ve que los canadienses los hacían bien, porque por seguridad y por disponibilidad, Embalse la mejor máquina de generación eléctrica del país, por encima de todas las hidráulicas, térmicas y renovables, y lo es cada vez más. Y son máquinas que están en 7 países. Ese es nuestro mercado. A tomarlo antes de que lo hagan otros. Dueño natural, por ahora ausente. Estamos haciendo goles en tiempo de descuento, compatriotas. Abran los ojos.

En suma, este premio se lo dieron a los metalurgistas que nos abrieron la puerta del mundo de las centrales CANDU, de su construcción, y de su retubamiento. Se necesitaron 7 décadas de trabajo para tener gente de este nivel, y una industria público-privada como CONUAR, absolutamente emperrada en exportar: empezará cada vez más a vivir de eso.

Haber podido terminar Embalse sin los canadienses en 1984, y retubarla solos en 2018 nos permitió consolidar recursos humanos, científicos, tecnológicos e industriales que estuvieron perdiéndose entre 1983 y 2006, y entre 2015 y 2020, pero que ahora se pusieron en valor. En un mundo de catástrofe climática y de guerras, la industria nuclear resurge en todos lados.

El uranio está mucho mejor distribuido que el petróleo en la geografía política, y su utilización no causa efecto invernadero. Por eso la tecnología CANDU, que más de un idiota comparó con los autos a carburador, resucita. Y los recursos nucleares especializados empiezan a faltar, también en todos lados.

No seamos tan idiotas de perderlos.

Daniel E. Arias

———————————————————————————————–

El Departamento de Tecnología de Aleaciones de Circonio perteneciente a la Gerencia de Área de Ciclo del Combustible Nuclear de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), obtuvo el premio al desarrollo tecnológico innovador de la física aplicada a la industria por parte de la División Industria y Tecnología (DIT) de la Asociación Física Argentina. El Departamento se encuentra emplazado en el Centro Atómico Ezeiza.

El premio fue entregado en el marco de la Reunión de la Asociación Física Argentina (RAFA) 2023 por el desarrollo de la tecnología de fabricación de tubos de presión para la Central Nuclear de Embalse, que se llevó a cabo en el marco del programa de extensión de vida de dicha central. Este trabajo se realizó en forma conjunta entre CNEA y CONUAR SA y comenzó en 2012. El proyecto concluyó en 2017 y la central entró en criticidad en enero de 2019.

El logro corresponde a un grupo de profesionales cuyas especializaciones abarcan la física y diversas ramas de la ingeniería, como la metalurgia, los materiales y la mecánica, entre otras. Los responsables de este proyecto fueron el jefe de la Planta Piloto Fabricación de Aleaciones Especiales (PPFAE) en ese momento Daniel Bianchi, la jefa del Laboratorio de Materiales Fabricación de Aleaciones Especiales (LMFAE) Alejandra Flores y el jefe del Departamento de Tecnología de Aleaciones de Circonio Pablo Vizcaíno.

“Implementamos la tecnología de fabricación y fabricamos estos componentes nucleares en el país, algo que solo se había hecho en Canadá, diseñador de este tipo de reactores y poseedor de su tecnología. Se superaron desafíos técnicos que implicaron cumplir con exigentes tolerancias dimensionales y un control del proceso de laminación del cual no había experiencia acumulada. Tuvimos que capacitarnos en el código ASME nuclear, de hecho, la PPFAE fue acreditada como proveedor de materiales nucleares”, señala Vizcaíno sobre el desafío que implicó hacer esta tarea.

La capacitación de los investigadores fue crucial para llevar a cabo el proyecto.

El investigador enfatiza en el aprendizaje realizado en todo el proceso de fabricación, tanto en las técnicas de fabricación como en las caracterización y microanálisis de materiales, que permitió llevar adelante el proyecto, cuyo resultado fue la sustitución de importaciones, la incorporación de tecnología de punta y la formación de recursos humanos altamente calificados, proviniendo muchos de ellos de institutos de la CNEA.

“Fabricar estos componentes no solo nos permitió un ahorro significativo de divisas, sino que también pudimos generar una capacidad exportadora tanto de éste como de otros componentes de reactores CANDU (como el de la Central Nuclear de Embalse) de la que hoy goza CONUAR y nuestro propio Departamento, capacidades que implican un alto grado de desarrollo tecnológico”, manifiesta Vizcaíno. Y añade: “Paralelamente, se investigó en diversas propiedades y mecanismos de degradación del material de estos componentes, conocimiento académico que generosamente se plasmó en publicaciones en revistas científicas especializadas y en actas de simposios internacionales de primer nivel, es decir, un trabajo inspirado en la búsqueda de conocimiento para el bien común”.

Vizcaíno también rescata la importancia de la capacitación en todo el proceso para garantizar el cumplimiento de las especificaciones técnicas, la calidad del trabajo y la seguridad. “Fuimos supervisados por inspectores nacionales e internacionales en las tareas involucradas en el proceso de fabricación, de manera de poder cumplir con los altos estándares requeridos por la industria nuclear”, comenta.

“Tuvimos una estricta supervisión en cada etapa del proceso de producción para minimizar errores y garantizar el cumplimiento de las especificaciones técnicas de fabricación. La capacitación continua y la especialización en física aplicada fueron la clave para que un proyecto de esta envergadura tenga éxito”, agrega.

Asimismo, Atomic Energy of Canada Ltd (AECL) certificó a los laboratorios de la Gerencia de Materiales del Centro Atómico Constituyentes para la realización de los ensayos especificados para el material de los tubos de presión. Es la primera vez que un laboratorio fuera de Canadá fue calificado para realizar este tipo de ensayos.

La tarea de este equipo multidisciplinario sentó un precedente para la excelencia en la industria nuclear argentina, demostrando el potencial innovador y la capacidad de liderazgo regional de nuestro país en la fabricación de componentes clave para reactores nucleares.

VIAArgentina.gob.ar