Empresas chinas analizan inversiones en petroleo y la PIAP, en Neuquen

La planta de agua pesada de ENSI, en la estepa de Arroyito, afueras de Neuquén, con capacidad de fabricación de 200 toneladas/año, que los vecinos llaman “El barco” por motivos obvios. Nos hace el primer productor mundial de agua pesada.

El gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, recibió la visita de empresarios chinos, que buscan invertir en la provincia tanto en la producción de potasio y urea, como en la actividad hidrocarburífera.

El encuentro se concretó en la Casa de Gobierno con las delegaciones de China Potassium Chemical Group y China Petroleum Technology Development Corporation. El gobernador Gutiérrez estuvo acompañado por directivos de YPF y de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), entre otros.

Los directivos de China Potassium Chemical expresaron su interés en explotar potasio, en conjunto con Compañía Minera de Neuquén (Cormine), en cercanías de la localidad de Rincón de los Sauces, donde los estudios previos marcan que existe un gran potencial.

La delegación del país asiático visitará junto con autoridades de la CNEA, la Planta de Agua Pesada de Arroyito, para estudiar la posibilidad de producir urea, un fertilizante muy demandado en el país para el sector agrícola, ya que importa la mitad de lo que se consume, además de tener una alta demanda internacional.

China Petroleum

En tanto, China Petroleum, una empresa de servicios petroleros que tiene equipos de perforación, provisión de tubos, químicos que se usan para las actividades de fractura, tendido de ductos, plantas de compresión y tratamiento, tiene intención de insertarse en la actividad hidrocarburífera que se desarrolla en Vaca Muerta.

Además, se explicó que esta compañía “busca posibilidades de inversión en la refinación de petróleo para la producción de combustibles, teniendo en cuenta que en el país las refinerías en actividad se encuentran al límite de su capacidad”.

“Se trata de una compañía muy importante que depende de la empresa nacional de petróleo de China”, informó la gobernación neuquina.

Acompañaron al gobernador el ministro de Energía y Recursos Naturales, Alejandro Monteiro; el senador nacional Oscar Parrilli; la diputada provincial Lorena Parrilli y Diego Hurtado, viceministro de Ciencia y Tecnología y vicepresidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

La delegación china estuvo integrada por Pang Dongmei; Wei Chengguang; Chan Kin Cheung; Sit Kin Cheung; y Cui Jian Guo; en tanto, por la empresa YPF participaron del encuentro la directora María del Carmen Alarcón; y la asesora Sofía de Nicolo.

Nota de AgendAR:

Por si alguien no lo notó, el valor de la urea granulada este mes anda en U$ 380 la tonelada, y el de agua pesada, en U$ 1 millón la tonelada. Es decir, lo que la PIAP ya venía produciendo hasta que la cerró Mauricio Macri en 2017, hoy vale 2632 veces más que la urea.

Macri no fue el único en cerrar la PIAP. Cuando todavía estaba en construcción, muy demorada por el desfalleciente gobierno de Alfonsín, una de las primeras medidas del presidente Carlos Menem en 1989 fue sacarle la propiedad de la obra a la Comisión Nacional de Energía Atómica y dar la planta en copropiedad a la muy petrolera provincia de Neuquén.

El entusiasmo neuquino por el agua pesada y la energía nuclear es comparable al del pato por la munición. Si se genera más electricidad nuclear, se quema menos gas, punto. Pero no es imposible que la idea haya surgido del canciller Guido Di Tella, o más bien, que se la haya hecho llegar la embajada de los EEUU en un «white paper», como se estila. Al State Department no le gusta que fabriquemos agua pesada.

Ellos fabricaron muchísima, allá en su planta de Savannah River, pero para generar plutonio 239 y hacer bombas atómicas y termonucleares. Llegaron a tener 31.255 de éstas en 1967 y nosotros ninguna, porque no queremos, no porque no podamos. El agua pesada la usamos para generar electricidad, no plutonio. Y el que se genera en nuestras centrales es militarmente inútil por exceso de isótopos hiperfísiles 240, 241 y 242. Pero en la narrativa del State Department los armamentistas somos nosotros… 

Pero centavito a centavito, la CNEA logró inaugurar la PIAP en 1997. Recomiendo conseguir fotos de la ceremonia de  inauguración. Las expresiones de Menem y del ministro Domingo Cavallo, que no podían faltar, dicen todo.

La nueva instalación se puso a producir al toque durante 3 años, resultó mucho mejor que las plantas -entonces mucho mayores- de otros países, logró devolver una deuda histórica de agua pesada que teníamos con Canadá, y luego empezó a exportar a EEUU, Noruega, Francia, Alemania y otros países de la UE, con un rédito de U$ 150 millones.

Entonces en 2000 vino Fernando de la Rúa y la cerró.

La planta estuvo casi abandonada, y no se estropeó ni la vandalizaron porque un plantel de CNEA se negó a las jubilaciones anticipadas y se quedó a mantenerla y cuidarla, a espera de algún presidente menos títere.

En 2006, Néstor Kirchner, un peronista que redescubrió el átomo, dictaminó que se terminara Atucha 2 (cosa que sucedió) y que la PIAP se reabriera para darle a esa máquina las 500 toneladas de agua pesada sin las cuales ninguna central nuclear de uranio natural logra siquiera la puesta en marcha.

Cuando Macri cerró la PIAP, la planta había hecho un mantenimiento integral preparatorio para darle 450 toneladas de agua pesada a Atucha 3, central que NA-SA planificaba construir con tecnología de tubos de presión, como Embalse en Córdoba, y obviamente de uranio natural.

No era posible que Macri no volviera a cerrar la PIAP, o que dejara que Atucha 3 se hiciera con uranio natural y diseño y recursos humanos argentinos. La financiación, según contrato firmado por ambos países y rubricado por sus parlamentos en 2014, la ponía resignadamente China, a cambio de que le compráramos su central Hualong-1, dado que somos el único show-room nuclear prestigioso del Hemisferio Sur, mucho más que Sudáfrica y muchísimo más que Australia. Macri dio por tierra con todo.   

Que los chinos quieran urea no significa necesariamente que la tengan que conseguir aquí. Tampoco que para ello debamos hacer percha una instalación como la Planta Industrial de Agua Pesada de Neuquén. Que además, hoy por hoy, es la mayor del mundo en su tipo.

Y menos que menos, hacer eso cuando empieza una rampa mundial de demanda, propulsada por 2 nuevas centrales nucleares de agua pesada en construcción en Rumania, 15 más en la India, y el retubamiento de casi todas las canadienses. Y menos aún cuando estamos importando agua 25 toneladas anuales de agua pesada para nuestras tres centrales nucleares, en lugar de hacer autoprovisión y vender alrededor de 160 toneladas/año al mercado internacional. Hoy serían U$ 160 millones/año. Pero la demanda sube, y el mercado es absolutamente inelástico: no hay oferta nueva.

Una de las explicaciones es que desde fines de siglo, el agua pesada dejó de ser un artículo fabricado por estados y vendido bajo salvaguardias a otros siete estados con centrales nucleares de uranio natural. Se empezó a volver un insumo imprescindible en industrias muy diferentes.

Por ejemplo, miles de resonadores magnéticos de la industria mundial del diagnóstico por imagen ahora usan agua pesada para generar esos tremendos campos magnéticos de 3 o 4 Tesla que mapean por dentro los cuerpos de los pacientes.

Pero además encontró usos nuevos en la fabricación de resinas sintéticas en plantas de química orgánica, y en la espectroscopía infrarroja de proteínas en laboratorios de biología. Es decir que la demanda hoy no está traccionada únicamente por el renacimiento de la energía nuclear. Que es un hecho, le pese a quien le pese. 

Entiendo que además de un hambre salvaje de urea granulada, China podría estar bastante interesada en que la Argentina abandone su línea fundacional en energía nuclear, que es uranio natural como combustible, moderado y refrigerado por agua pesada.

¿Por qué motivos querrá China que fabriquemos urea en una planta que hoy costaría U$ 3000 millones, y que fue hecha para fabricar un insumo nuclear muy caro? Si quisieran simplemente ganar plata, pondrían unos renmibis para resucitar la instalación, y sacarían más rédito de vender un insumo energético, médico y científico de alta tecnología que una bulk-commodity agropecuaria que sale 2632 veces menos por tonelada. ¿O no?

Lo dicho: esto lo hacen para que no fabriquemos más agua pesada. Les estropeamos el mercado nuclear. Ningún país que exporta uranio enriquecido tolera a los orejanos que usan uranio natural en sus centrales nucleoeléctricas, porque es difícil dejarlos a oscuras con un boicot de uranio enriquecido.

No es diplomacia-ficción. Más bien es diplomacia anti-fisión. A nosotros EEUU ya nos hizo boicot en 1981, para castigarnos por haber exportado dos reactores nucleares a Perú. Pero la única central argentina que funcionaba entonces (Atucha 1) ni se enteró. El uranio que quemaba era argentino. Y natural. 

Los chinos se mueren por vendernos una central nuclear Hualong-1 de uranio enriquecido a un precio de escándalo, y además, el combustible durante los veinte primeros años. Si nos venden una máquina, es porque van calzar el zapato en la puerta y tratar de vendernos 4 o 5 más. Y si el precio por ello es desmantelar nuestro programa nuclear empezando por su independencia, no tienen problema.

Pero mientras nuestro programa dura, es el más prestigioso del Hemisferio Sur, de modo que plantar una Hualong-1 aquí puede servir para vender otras máquinas similares al resto de Sudamérica. La tienen clara. Nosotros no.

Entiendo la presencia del gobernador neuquino en esa reunión: desde 1989, la provincia es la distraída copropietaria de un fierro en el que jamás puso un mango y que no le interesa. Si los chinos la quieren para fabricar dentífrico, dale nomás. El tipo es un petrolero, ve las cosas de otro modo, más a lo Menem, De la Rúa o Macri, que como AgendAR.

Lo que no entiendo es qué hacía allí la CNEA.

Daniel E. Arias

 

 

 

VIAPeriferia