La Fundación Leloir inaugura una incubadora de empresas de base tecnológica

CeDeBio

El proyecto comenzó en la primera década del siglo como una oficina de vinculación tecnológica de la Fundación Instituto Leloir (FIL) llamada INIS-Biotech, cuando ese tipo de emprendimientos era una rareza en el país. “Fue la primera y empezó a funcionar mucho antes de que el Conicet estableciera este tipo de estructura –cuenta Laura Morelli, investigadora del Conicet y vicepresidenta de la nueva CeDeBio–.

Aquella primera la creamos con la idea de poder incubar proyectos que tuvieran utilidad para la sociedad. Pero luego, por diversas situaciones coyunturales, falta de interés en invertir en este tipo de iniciativas, limitaciones en cuanto a las habilitaciones, no progresó. Pero después de lo que pasó en la pandemia, cuando se vio que proyectos de la Fundación tuvieron un impacto importante, se decidió hacer una inversión para relanzarla”.

El nuevo espacio, mejorado y ampliado, será administrado por INIS y ocupa 740 metros cuadrados que ofrecen una ubicación privilegiada en el centro de la ciudad, con laboratorios, áreas de ambiente controlado, sala de conferencias, oficinas y ámbitos comunes. Ayer se hizo el corte de cintas de esta estructura pensada como una plataforma de incubación de startups nacionales o internacionales, ahora con más organización administrativa y laboratorios equipados para generar proyectos en etapas muy tempranas de desarrollo aprovechando los servicios que puede proveer el Instituto Leloir, tanto en instrumentos de primer nivel, como en mentoreo o asesoramiento de algunos de los investigadores más destacados del país.

En aquella primera época se había incubado allí Phylumtech SA, una compañía hoy exitosa que surgió de la colaboración entre el sector académico y el privado, y que aplica la biotecnología, la automatización y la bioinformática para la creación de tecnologías para el descubrimiento de nuevos fármacos y moléculas en modelos in vivo. También, Inmunova, creada por Fernando Goldbaum para la investigación y desarrollo de medicamentos innovadores destinados a enfermedades infecciosas poco frecuentes sin opción de tratamiento (por ejemplo, el síndrome urémico hemolítico), y que luego pasó a la Universidad Nacional de San Martín.

“Ahora, nuestra idea es incorporar 16 startups –dice MorelliTenemos espacio alrededor de 50 puestos de trabajo y en este momento ya se están mudando dos compañías en gestación. Una es Bioexentis, que trabaja en el posicionamiento de nuevos fármacos, y hace algo de inteligencia artificial y analítica de compuestos. Y la otra es Vaxinz, que forma parte del grupo Securitas, y está desarrollando varias líneas de vacunas lideradas por Osvaldo Podhajcer”.

De aquí en más, las puertas de CeDeBio están abiertas para recibir a potenciales emprendedores. “Al principio, pensamos que sería cubierta por las necesidades de investigadores del Instituto, pero con una reglamentación más clara, estatutos, contratos, habilitaciones y seguros la estamos poniendo a disposición del resto de la comunidad científica –cuenta Morelli–. Ofrecemos un espacio de confort para las empresas y eventualmente se firmarán contratos de propiedad intelectual dependiendo de las características del proyecto, los investigadores involucrados y los roles que puedan cumplir la Fundación y el Conicet en el desarrollo o patentamiento de nuevas tecnologías. También nos planteamos darles un mentoreo a esos proyectos en asociación con escuelas de negocios de distintas universidades, y facilitarles los primeros dos o tres años para que luego se instalen en otro lugar”.

Entre los servicios que proporcionan se cuentan, entre otros, plataformas tecnológicas de biología molecular, proteica, cultivo de células, laboratorio de microscopio, biofísica, genómica y bioinformática, bioterio, unidad de resonancia magnética nuclear, secuenciación, sala limpia. Además, acceso a investigadores de la FIL.

Según el Primer Censo Argentino de Empresas de Nano y Biotecnología, que acaba de conocerse, la Argentina se encuentra en el top ten por la cantidad de compañías biotecnológicas que posee: 340 empresas, de las cuales, 140 son startups creadas a partir de 2015, que durante 2022 facturaron más de 1.300 millones de dólares y generaron casi 20.000 puestos de trabajo.

Morelli y colegas ya están contemplando la posibilidad de desarrollos en materia de kits de diagnóstico, evaluación de contaminantes en el agua y otros.

Fernanda Ceriani, frente a la sala «limpia», con estrictos standards de seguridad biológica

Llegar hasta acá no fue nada fácil, pero siempre tuvimos en claro que es indispensable fomentar las tecnologías innovadoras. En un mundo en el que los emprendimientos biotecnológicos mejoran la calidad de vida de las personas es clave impulsar el establecimiento de estas tecnologías –destacó Fernanda Ceriani, presidenta de INIS y jefa del Laboratorio de Genética del Comportamiento de la FIL–. Esperamos  y confiamos en que el hecho de estar tan cerca de un lugar donde hay mucha gente pensando y con un montón de capacidades instaladas hagan del CeDeBio un lugar especial como incubadora de empresas”.

Por su parte, el biotecnólogo Ignacio Sartori, gerente de INIS, subrayó que “Hoy queda claro que los países compiten por la economía del conocimiento, y nosotros queremos ver florecer acá un vibrante ecosistema de emprendimientos biotecnológicos, que en sus estadios más tempranos puedan nutrirse del nivel académico y científico que tenemos a sólo 20 metros de distancia. Favorecer esa interacción es uno de los valores agregados que podemos ofrecer desde este espacio”.

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