De la Estrategia de Seguridad Nacional del Pentágono a la inédita ofensiva contra el “narcoterrorismo” en el Caribe y el Pacífico; de la captura de Nicolás Maduro y la nueva era en la relación con el chavismo a la máxima presión sobre el régimen cubano; del apoyo financiero y político a la Argentina a las operaciones militares conjuntas con Ecuador. Y la lista, extensa, continúa.
La proclamación final en la bautizada cumbre “Escudo de las Américas” que encabezó Donald Trump este sábado en Miami con 12 mandatarios aliados -entre ellos, Javier Milei– representó un nuevo eslabón del renovado foco en América Latina de esta administración republicana, con el que busca enviar a toda la región un mensaje directo sobe su nivel de influencia.
En un atril delante de los líderes presentes y gran parte de la plana mayor de su administración, Trump anunció la creación de una “nueva coalición militar” para combatir a los carteles del narcotráfico en la región y afirmó que Estados Unidos ayudará a los países aliados “a enfrentar a los carteles sanguinarios que imponen su voluntad mediante el asesinato, la tortura, la extorsión, el narcotráfico y el terror”.
“Hay un enfoque distinto y especial de Estados Unidos hacia América Latina, que se ha visto no solo con la operación militar en Venezuela, sino con las alianzas que Trump ha mantenido, incluso antes de su segundo mandato, con ciertos líderes. Particularmente aquellos con los que comparte una visión sobre del mundo, de la economía y del papel que debe jugar Washington en la región, como lo son Milei y [el salvadoreño] Nayib Bukele“, señaló el politólogo Daniel Pedreira, de la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés).
Los especialistas sostiene que en estos momentos Estados Unidos ve a la región como un un territorio que, primero, debe mantenerse bajo la influencia norteamericana, y segundo, que puede beneficiarlo en cuanto a lazos económicos, políticos y en materia de seguridad.
Ese es el contexto que precedió a la inédita cumbre que se desarrolló este sábado en el pomposo Trump National Doral Miami, con la que el magnate buscó reforzar su alianza con líderes ideológicamente afines y generar un bloque robusto que haga contrapeso al avance de China en la región. Eso, pese a que no fueron de la partida tres de los pesos pesados latinoamericanos: Brasil, México y Colombia.
“Esta fue una especie de Cumbre de las Américas alternativa. Se convirtió en una reunión de Trump con solo aquellos que lo quieren y que han buscado un acomodo muy particular con Estados Unidos“, graficó el politólogo Eduardo Gamarra, experto en América Latina de la FIU, en Miami.
“Los que fueron son amigos de Trump, presidentes que están muy alineados con él, caso Milei, Bukele o Daniel Noboa [Ecuador], y otros, como Rodrigo Paz [Bolivia], que no están tan comprometidos con el trumpismo, pero que entienden que su futuro depende en gran medida de qué tipo de relación establezcan con Washington“, agregó Gamarra, que hizo foco en la postergación de la décima Cumbre de las Américas programada para diciembre pasado en Punta Cana debido a tensiones regionales y una pulseada con Trump por la lista de invitados (léase Cuba, Venezuela y Nicaragua).
El presidente norteamericano ha enfatizado la necesidad de limitar la influencia de potencias extranjeras adversarias, como China, Rusia e Irán, en América Latina, a la vez que fomenta la cooperación regional en temas como la seguridad, la migración ilegal y la lucha contra el narcotráfico.
Sin embargo, Estados Unidos “no puede mantener su influencia en el hemisferio occidental únicamente a través de los organismos multilaterales con los que la administración Trump decide colaborar”, señaló Adam Ratzlaff, fundador y CEO de Pan-American Strategic Advisors.
La lógica de “Escudo de las Américas” se enmarca en el término “friendshoring”, que hace referencia a las alianzas con gobiernos confiables para asegurar a recursos y cadenas de suministros claves -aunque pueda ser a costos más altos- y así mitigar los riesgos derivados de tensiones geopolíticas con países que ejercen control sobre determinados flujos comerciales.
Un claro ejemplo fue la pulseada de Estados Unidos y China por los minerales críticos, de los que el gigante asiático controla gran parte de su producción y refinación global con empresas estatales. Un amplio conjunto de restricciones impuesto por Pekín empujó a Washington a acelerar sus alianzas con países aliados -como la Argentina- para suscribir una asociación estratégica global.
En su discurso de este sábado posterior al de Trump, el secretario de Estado, Marco Rubio, fue enfático en ese sentido. “Los 12 líderes aquí presentes son más que aliados: son amigos. Es un momento en el que hemos aprendido que, a menudo, un aliado, cuando se lo necesita, puede no estar presente. Estos son países que han estado ahí para nosotros, y siempre están dispuestos a trabajar y cooperar», dijo.
“Queremos ser sus socios, ya que queremos que el mundo vea que ser amigo y aliado de Estados Unidos es algo positivo. Es recíproco», añadió.
Combate a los carteles
La nueva postura de la Casa Blanca para América Latina también quedó marcada en la presentación del Pentágono de la Estrategia de Seguridad Nacional para 2026, en la que resaltó que “tras años de abandono” el Departamento de Guerra “restaurará el dominio militar estadounidense en el hemisferio occidental“, y que eso será utilizado para proteger a Estados Unidos y su ”acceso a territorios estratégicos en toda la región“.
Además, solo dos días antes de esta cumbre, Estados Unidos y 15 países latinoamericanos aliados -incluida la Argentina- firmaron un acuerdo para combatir a los grupos “narcoterroristas” en la “Conferencia de las Américas contra los Carteles”, en Doral.
Ignacio Albe, director asistente para la Argentina en el Atlantic Council, en Washington, destacó que más allá del “componente político en materia de alineamiento ideológico”, la cumbre de este sábado en Miami tuvo también una “dimensión económica importante”. Milei tiene en Estados Unidos a su principal aliado internacional y ha hecho una fuerte apuesta con al acuerdo recíproco de comercio e inversiones sellado con Washington en febrero.

“Para la Argentina, el interés está en ampliar la cooperación en comercio, inversión y cadenas de suministro con Estados Unidos, algo que se refleja con nuestros interlocutores en el gobierno que resaltan al país como prioritario. Pero esto no implica un quiebre con otros actores relevantes, como el título de la reunión puede aparentar: China es aún un mercado clave para la Argentina y un importante aliado comercial», expresó.
“La lógica de fondo para la Argentina es de diversificación más que de alineamiento exclusivo en materia económica: profundizar vínculos con Estados Unidos sin dejar de sostener relaciones comerciales con otros actores centrales que siguen siendo fundamentales para el comercio exterior argentino”, añadió Albe.
Guillermo Idiart


