La diputada nacional y expresidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Adriana Serquis, presentó el lunes un pedido de informes ante la Cancillería y el Ministerio de Economía para esclarecer la inspección de siete funcionarios de Estados Unidos en centros atómicos estratégicos de Argentina.
La comitiva, integrada por miembros del Departamento de Estado, el Departamento de Energía y la Comisión Reguladora Nuclear (NRC), recorrerá hasta el próximo viernes las sedes de Constituyentes, Ezeiza, Bariloche y la sede central de la CNEA.
La legisladora de Fuerza Patria advirtió sobre la implementación de sistemas de vigilancia digital compuestos por cámaras y sensores que serían controlados directamente por agentes estadounidenses. Serquis, doctora en Física e investigadora, calificó esta medida como sumamente lesiva para la soberanía nacional, al considerar que configura un escenario de tutela externa sobre desarrollos tecnológicos donde Argentina es referente mundial.
El pedido de informes surge tras una disposición interna de la CNEA emitida el pasado 30 de abril bajo el concepto de «Visita de Protección Física». El cuestionamiento busca determinar bajo qué convenios internacionales se ampara esta auditoría, el rol específico de los funcionarios norteamericanos y la existencia de acciones de reciprocidad que permitan a técnicos argentinos inspeccionar centrales en territorio estadounidense.
La diputada señaló que el avance de estas inspecciones ocurre en un contexto de fragilidad internacional por el conflicto en Medio Oriente y la agresión conjunta de EE.UU. e Israel contra Irán. En este marco, Serquis enfatizó: «nuestro país no es un actor cualquiera: Argentina ha alcanzado un desarrollo nuclear relevante que le proporciona soberanía energética a mediano y largo plazo, pero también la obliga a ser extremadamente cauta en sus decisiones internacionales«.
El Gobierno nacional mantiene hermetismo sobre el alcance de estos acuerdos de cooperación. El sector científico y tecnológico nacional manifiesta preocupación ante la posible entrega de información sensible y la militarización de activos críticos mediante el incremento de fuerzas federales en las instalaciones, lo que consideran una auditoría sin precedentes sobre la capacidad soberana del país.
Comentario de AgendAR:
La Dra. Adriana Serquis dice la verdad. Desde que la Argentina firmó el Tratado de No Proliferación (TNP), todas sus instalaciones nucleares quedaron bajo monitoreo constante del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de las Naciones Unidas.
Esta agachada diplomática y tecnológica vino (esto es un clásico) con la firma del presidente Carlos Menem. Hasta entonces, y durante más de cuatro décadas, la Argentina se negó a inspecciones de instalaciones y laboratorios de desarrollo y componentes 100% nacionales por una razón simplísima: no nos gusta que nos roben tecnología. Y eso porque somos (mal que le pese a los EEUU) exportadores de tecnología nuclear, y muy competitivos. Dominamos el mercado de los reactores de fabricación de radioisótopos médicos, y hace tres décadas que estamos tratando de desarrollar una central nucleoeléctrica compacta como producto de uso local y de exportación. Nos referimos al CAREM.
En ambos mercados, reactores y centrales, estamos en paridad e incluso superioridad con los EEUU, según les venimos dando palizas en licitaciones internacionales.
La firma de Menem en ese tratado colonial, el TNP, les permite hacer inspecciones sorpresa y controlar con cámaras y otros sensores tecnológicos todo lo que hacemos y dejamos de hacer.
Antes de que se firmara el TNP el programa nuclear argentino sólo era factible de inspección si usaba algún material, componente o sistema importado del exterior bajo control del OIEA.
Eso le permitió a la CNEA desarrollar el manejo del circonio, material clave para el combustible de nuestras centrales nucleoeléctricas. O más aún, nuestras fábricas de agua pesada, indispensables si se quiere usar uranio natural argentino, en lugar de comprarlo en el exterior. Y desde ya, la capacidad de enriquecer uranio en pequeña escala, lograda en 1982.
Todas los componentes y la misma ingeniería de estas cosas no se podían comprar afuera por veto de los EEUU sobre nuestro comercio nuclear.
Por ende, las resolvimos en casa sin ningún componente extranjero, sin pagarle un mango a nadie, y sin dar derechos de espionaje consentido y gratis a través del inspectorado del OIEA. Si alguien quiere fierros nucleares argentinos, que los pague
Y los que han querido son unos cuantos: Perú, Argelia, Egipto, Holanda, Arabia Saudita, y siguen las firmas. Licitación donde se presenta INVAP, firma de la Comisión Nacional de Energía Atómica, EEUU directamente desiste de competir. ¿Por qué? Porque su tecnología es vieja y cara.
El TNP ya nos puso cámaras y sensores en TODAS las instalaciones y laboratorios nucleares, y el OIEA no le guarda secretos comerciales a los EEUU. Como que fue fundada por EEUU.
Últimas dos palabras sobre el TNP: es asimétrico. Le da a las cinco potencias del Consejo de Seguridad de la ONU luz verde sobre todo nuestro programa. Pero la Argentina (y todos los firmantes) no tienen acceso alguno a los programas nucleares de EEUU, Francia, el Reino Unido, Rusia y China, nuestros competidores comerciales ee tecnología nuclear pacífica, y de yapa, los grandes proliferadores de bombas atómicas y termonucleares. El TNP es el desarme de los desarmados.
Será por eso que no sirve de mucho. Israel, la India, Pakistán, Sudáfrica y Corea del Norte desarrollaron sus arsenales nucleares ignorando el TNP. Ninguno de estos países compite con Argentina en tecnología pacífica.
Peor aún, haber firmado el TNP no salvó a Irak de ser invadido y despedazado por EEUU con la excusa de que ese país estaba cocinando su bomba. Y ni hablar del caso de Irán, que había aceptado inspecciones del OIEA en 2015 a cambio de que se levantaran las sanciones sobre su comercio exterior.
Poco duró esa firma. El presidente Trump rompió el acuerdo en 2018, y hoy está bombardeando a Irán, pese a que suele dar libre acceso al inspectorado del OIEA en materia de enriquecimiento de uranio. Los iraníes no hacen esto por idiotas, sino justamente para tener un organismo testigo de que están enriqueciendo al 60%, cifra bastante inútil para bombas.
Si uno tiene petróleo y tecnología nuclear pacífica, puede ser visitado, amable o violentamente, por los EEUU, que están muy interesados en dominar el comercio mundial de petróleo, pese a ser el primer productor.
Dicho en favor del OIEA, su director en 2003, el egipcio Muhammad ElBaradei inspeccionó científicamente a Irak hasta darlo vuelta y anunció públicamente que ese país no tenía indicios de un programa nuclear militar. El presidente George W. Bush invadió ese país, de todos modos, destruyó su estado y se retiró tras dejar una guerra civil que todavía sigue. Y un acceso gratis al petróleo iraquí.
Vuelvo al tema de las declaraciones de la Dra. Serquis: ya tenemos cámaras y sensores mucho más sensibles y batidores que las cámaras plantados en todas las instalaciones nucleares argentinas. Reportan al OIEA, que después del raje/renuncia ElBaradei, acata lo que diga el State Department sin chistar.
La situación tecnológica no cambia gran cosa. Ahora físicos e ingenieros nucleares podrán ser seguidos visualmente y en tiempo real hasta en los pasillos en sus talleres y laboratorios.
Pero la situación diplomática sí cambia: agrava hasta la obcenidad la sumisión colonial de la Argentina de hoy.
País cuyo programa nuclear, otrora sofisticado y competitivo, este gobierno quiere reducir a la exportación de uranio argentino hacia los EEUU.
La vocación de colonia la tenemos adentro, habría dicho el Diego.
Daniel E. Arias


