¿Hay lugar para las energías renovables en la crisis energética de Cuba?

La crisis energética en Cuba ha llegado a un punto crítico donde el combustible es un lujo y la electricidad es una incertidumbre diaria. Sin embargo, en medio de este panorama de escasez, la creatividad de un joven de 21 años está logrando lo que las soluciones oficiales no han podido: mantener en movimiento el sustento de los trabajadores. 

Yadán Pablo Espinosa ha transformado más de 15 triciclos eléctricos en vehículos híbridos solares, utilizando una fábrica casera para instalar paneles que recargan las baterías mientras los conductores circulan por las calles.

Este proyecto surge como una respuesta directa a las deficiencias de infraestructura en la isla. Aunque el gobierno promovió los vehículos eléctricos para mitigar la falta de gasolina, la red eléctrica nacional, golpeada por apagones constantes, no siempre permite cargar las baterías. Espinosa identificó este vacío y desarrolló un sistema que aprovecha el recurso más abundante de la región: el sol.

Una ingeniería propia para el sustento diario

El funcionamiento del mecanismo diseñado por el joven cubano es ingenioso por su simplicidad y efectividad. El sistema permite que, mientras el triciclo está en movimiento, el panel proporcione energía constante al motor; cuando el vehículo se detiene, esa misma energía captada se dirige a cargar la batería. De esta forma, las pausas que hacen los trabajadores para entregar mercancías o descansar se convierten en estaciones de recarga automática.

Según información publicada por la agencia EFE, la instalación consta de los siguientes elementos técnicos y operativos:

  • Soportes de hierro artesanales que funcionan como techos para proteger al conductor del sol y la lluvia.
  • Paneles solares con potencias que oscilan entre los 550 y 650 W.
  • Conexión directa al motor que complementa el consumo de la batería durante las horas de mayor radiación.
  • Un sistema de recarga gratuita que se activa automáticamente cada vez que el vehículo frena o se detiene.

Durante los momentos de máxima luz solar, la potencia suministrada ronda los 2600 W. Si bien este valor no suple la totalidad del consumo del motor, sí reduce drásticamente la exigencia sobre la batería, permitiendo que los vehículos recorran distancias mucho más largas sin necesidad de buscar un enchufe en una ciudad a oscuras.

El impacto en los trabajadores cubanos

Para los transportadores de mercancías y alimentos, la autonomía de sus herramientas de trabajo es la diferencia entre llevar comida a casa o perder el día de labores. Antes de estas instalaciones, muchos conductores debían rechazar servicios largos o terminar sus jornadas antes de tiempo por temor a quedarse varados sin energía.

Joanis Castro, uno de los clientes de Espinosa que trabaja en el transporte de mercancías, afirma que «aceptó de inmediato la propuesta de instalación» para mejorar su productividad, según declaraciones recogidas por EFE. 

Gracias a esta mejora, los usuarios reportan que la batería ya no se agota durante las extensas jornadas de trabajo y el rendimiento general del vehículo es superior.

Paneles solares Cuba
La situación en Cuba ha sumido a sectores como el transporte y la salud en un ciclo de precariedad. Foto:Imagen generada por IA.

Emprendimiento familiar contra la escasez

Lo que hace más llamativa la historia de Yadán Pablo Espinosa es que su microempresa no cuenta con subsidios, formación académica formal ni financiación estatal. El taller opera gracias al trabajo conjunto con su padre, un amigo y sus tres hermanos, quienes se encargan de fabricar las estructuras metálicas y montar los equipos.

La situación en Cuba, agravada por la presión económica externa que dificulta la llegada de repuestos y petróleo, ha sumido a sectores vitales como el transporte y la salud en un ciclo de precariedad. Ante la imposibilidad de acceder a créditos bancarios o a una cadena de suministros organizada, esta iniciativa familiar demuestra cómo el ingenio individual puede resolver problemas colectivos

La demanda es tal que los transportadores ya planean equipar sus vehículos con estos paneles desde el primer día de uso, consolidando una solución sostenible que no depende de la red eléctrica nacional.

Angie Tatiana Rodríguez Bernal

Comentario de AgendAR:

Entre la captura en molinos de la energia del viento costero, casi permanente, y los paneles chinos que irán tapando la isla de parques y techos fotovoltaicos, Cuba va a reducir bastante su dependencia del petróleo. ¿Lo va a ver en vida el cubano promedio, que tiene más de 42 años? Probablemente sí.

El asunto es que los cubanos además necesitarían parques eólicos y fotovoltaicos nada comunes. Deben poder bancarse grandes huracanes, y eso todavía no se fabrica en ningún lado. Ya llegará cuando la electricidad eólica deje de ser un berretín de ecologistas ricos. Y el país que viene demoliendo, a pura escala de fabricación, el precio FOB de ambos tipos de equipamiento es China. Ese país es un1 olmo al que todavía se le pueden pedir algunas peras.

La temporada de huracanes oficial en Cuba va de junio completo a agosto completo, pero hoy en realidad son más frecuentes y destructivos entre agosto, septiembre y octubre. Lo que se construya en el oriente de la isla, donde los huracanes pegan peor, va a necesitar reparaciones frecuentes. Y como los apagones se propagan rápido y duro por las redes chicas, más tiempo perdido en «restartearlas» desde black-out total.

¿Cómo harán los cubanos para transformar en electricidad de base, disponible 24×7, lo que salga de fuentes de suyo intermitentes, y con 5 meses garantizados de interrupciones? Hay modos elegantes, pero caros. Pongo a la Argentina de ejemplo y de contraejemplo, como guía de qué hacer y qué evitar.

CERRO PELADO A CALZÓN QUITADO

Para que la red nacional no se les venga abajo a los cubanos si es de noche y se plancha el viento, pueden construir algunas centrales de bombeo, como la única nuestra, la de Cerro Pelado en Córdoba. Salvo la gente del palo eléctrico, fuera de Córdoba no la conoce nadie: no es vistosa, ningún argento va allí a sacarse la selfie, comprar peperina o clavarse un choripán, como en el embalse de San Roque.

Cerro Pelado la hizo Agua y Energía de La Nación en el 3er gobierno de Perón, y fue obra pública de la grande, en la que no hubo un centavo de inversión privada y/o externa. Para el caso, costó tanto como la Central Nuclear de Embalse (U$ 1000 millones), la inauguró el presidente Raúl Alfonsín en 1986, a los tres meses de asumir, y debió haber pagado íntegramente lo invertido más mantenimientos e intereses en 10 años.

Nadie sabe si lo hizo, por factores intercurrentes.

El despelote que sucedió desde los ’90, liderado por el presidente Carlos Menem y el gobernador Eduardo «Pocho» Angeloz, tan honestos el uno como el otro, merece su propio capítulo. Resumo: obvios intentos de privatización a cargo del gobierno nacional por parte de Domingo Cavallo, discutidos por Angeloz, ganoso de volverla cordobesa y a cargo de EPEC, la empresa de electricidad provincial… para privatizarlas él, plinc, caja. No por nada al Pocho lo llamaban «aspirina», porque cada día se le descubrían nuevas propiedades.

Lo dicho, factores intercurrentes e intercurrantes.

Entre aquellos titanes en cinchada terció sin que lo llamaran el Sindicato de Luz y Fuerza, sabedor que toda privatización venía con despidos en catarata. La bronca obrera lanzó a las calles incluso a la pachorrienta clase media cordobesa. Incluso el cordobesista contumaz ya había comprobado en cuero propio que los servicios públicos nacionales privatizados en el resto del país, empezando por telécomunicaciones, siguiendo por transportes y terminando en agua, resultaron ser una bosta. Dicho con perdón de la bosta.

Córdoba se movilizó a fondo en las calles para defender a EPEC. Hubo barricadas. Durante días, aquello recordó al Cordobazo. Faltaba Agustín Tosco. Lamentablemente, sigue faltando. Los grandes medios nacionales ignoraron aquel resurgimiento fugaz de las puebladas setentistas en La Docta.

Cavallo, corbobés pero furioso, le cortó a la provincia (su propia provincia) su parte de coparticipación de fondos, y le pisó incluso el giro de créditos internacionales. En suma, la curró. Pero una cosa es robar gallinas y otra desplumar a la segunda provincia del país por población y producto bruto. El Dolape luego lo hizo con el país entero, y sigue libre.

La inmediata malaria y los salarios públicos impagos desencadenaron nuevas puebladas masivas y la quema de un par de edificios públicos. Angeloz, hasta entonces emperador de cabotaje pero emperador al fin, quedó de pronto como un enano interpolado en un boxeo entre dos grandotes, el gobierno nacional y la regional de Luz y Fuerza. ¡Terceros afuera!

Arrugando cual frenada de gusano, el Pocho renunció en 1995. Le dejó el incendio a Ramón Mestre (padre), de similares pergaminos, méritos, propósitos y fuentes de inspiración (el Banco Mundial).

Mestre quiso dividir a EPEC en dos y rematar las dos Unidades de Negocios, es decir los pedazos. Plan de lucha total de Luz y Fuerza, paros masivos y nuevamente, los cordobeses, unánimes, en las barricadas. Por suerte para Mestre, su interinato terminaba en 1999 y se pudo ir en auto, sin helicóptero.

El tercer goberna local al hilo ganoso de privatizar EPEC fue José De la Sota, que se sacó los guantes de box. Relanzó la ofensiva para concesionar de manera definitiva la distribución y generación de energía de EPEC. Las casi obvias barricadas cordobesas en 2001 se habían vuelto un fenómeno nacional. Decidido siempre, De la Sota y el siempre inconcluyente De la Rúa respondieron con allanamientos a las sedes del gremio y la detención de 219 trabajadores y dirigentes cordobeses.

Pero el país había cambiado. Cavallo, resucitado por el presidente Fernando de la Rúa, había pasado de ídolo nacional y salvavidas presunto de cierta clase media idiota a enemigo público. Sólo tuvo que confiscarle los ahorros en dólares depositados en ingenuas cuentas a la vista. No sólo Córdoba, el país entero estaba explotando.

Entonces, en una hazaña digna de los grandes descubrimientos geográficos, La FATLYF, la Federación Nacional de Luz y Fuerza en Buenos Aires, descubrió Córdoba. ¡Eureka, existe!

Sería bueno que esta historia no se olvide, como tantas, ahora que el gobierno de Javier «Peluca» Milei quiere privatizar las tres centrales nucleares argentinas, y todo indica que será este año.

EN CHANCLETAS

En una suerte de inesperado milagro, aquel 2001 la Federación salió del coma cuatro y lanzó un ultimátum: largan a los compañeros detenidos, se raja a la intervención del gremio local y De la Sota se olvida de privatizar EPEC. Caso contrario, paro nacional de todas las centrales eléctricas del país. Todas.

De la Rúa y De la Sota recularon en chancletas, y desde entonces se sabe, no en el país pero al menos en Córdoba, que con los laburantes de la electricidad no se jode. Su capacidad de interdicción, cuando su dirigencia se acuerda de ella, sigue y seguirá siendo enorme.

Y como la propia central de Cerro Pelado, esa historia reciente es desconocida fuera de Córdoba. Se entiende, Clarín y TN estaban distraidos.

El asunto es que toda esta rapiña tuvo consecuencias técnicas sobre la central de Cerro Pelado: desde que desapareció Agua y Energía de La Nación, la planta, impecable hasta entonces, se quedó sin mantenimiento. En 1996 se le quemó uno de sus dos enormes transformadores, «trafos» en la jerga, de modo que su capacidad instalada (750 MW) descendió a la mitad. Todavía sigue así. Nunca se reparó. Lógico, pasaron apenas 30 años, algunos gobernadores y presidentes, y nunca conté los apagones.

En 2000 se quemó el otro trafo, y Cerro Pelado quedó muerta. EPEC, propietaria indiscutida de ese naufragio, logró recauchutar el primero. pero como saben los tacheros, nada destruye mejor un sistema que el desuso. A fecha de hoy, habría que invertir U$ 100 M para restablecer ambos, reemplazar los controles analógicos ochentosos por otros digitales, y hacerle un mantenimiento general a las 4 enormes turbinas Francis de eje vertical.

Lo que además perdieron el país y Córdoba como lucro cesante, eso a cobrarles a los 5 jinetes del apocalipsis: Menem, De la Rúa, Angeloz, Mestre, De la Sota y otras patologías privatizantes Todos muertos y muy extrañados. Pero vivos tampoco habrían devuelto un mango.

Si Ud. las mira, esas turbinas Francis son realmente 4 obras de arte: cuando se larga el agua desde el embalse superior, tras una caída de 185 metros verticales y 18 km. horizontales a través de cuatro tubos, esas bestias de rotores, cada cual de 360 toneladas, arrancan despacio y van acelerando hasta ponerse a 250 vueltas por minuto, y ahí se clavan, sin pasarse. Activan los generadores correspondientes y la colosal obra entrega su potencia instalada completa. Para una red eléctrica grande, eso es casi a toque de botón.

Tras girar en los rodetes superiores, el agua ingresa a cada turbinas como un remolino horizontal, y egresa por abajo como un chorro vertical. La descarga se va acumulando durante el día en el contraembalse inferior. Pero en la madrugada, cuando Córdoba y su extrarradio tienen una demanda eléctrica menor, las cuatro turbinas se invierten y empiezan a aspirar el lago inferior como bombas impelentes. Empujan contra gravedad la considerable masa hídrica del contraembalse hasta ir llenando el lago superior. Cosa e’ Mandinga.

Para ese ascenso bastante titánico, Cerro Pelada utiliza los excedentes de electricidad de la Central Nuclear de Embalse, que está en las cercanías y sobre el mismo valle (Calamuchita). Ambas centrales se construyeron juntas para actuar en tándem.

Cerro y Embalse se complementan de modo inteligente: en su primera versión, Embalse daba 600 MWh 24×7, pero era previsible que el «boom» metalmecánico y demográfico de Córdoba la iba a superar. Y eso iba a suceder en demanda máxima, que suele ser a la noche, cuando el alumbrado público se prende y el laburante vuelve a casa y enciende la luz, la TV y si es verano y lo tiene, el aire acondicionado, o «los aires», y a su aire.

Con la demanda constante de las fábricas trabajando a tres turnos, lo típico de los ’70, las curvas de consumo cordobesas eran mucho más planas, cosa de países adelantados. Ahora -cosa de países empobrecidos- la curva es más jorobada que un camello de exposición, pero además con hipo.

Embalse, hoy repotenciada a 646 MW, como cualquier central nuclear trabaja todo el tiempo a potencia nominal, es decir la máxima. No está hecha para bajarla de vueltas en la madrugada haciendo «seguimiento de carga», con las ciudades cordobesas entregadas al apoliyo, que es cuando la electricidad es más barata. En cambio desde la tarde, con la ciudad pidiendo potencia a pleno, la electricidad se vende salada.

Eso define un buen negocio de arbitraje entre precios máximos y mínimos: comprar electricidad barata de Embalse en la madrugada y venderla desde Cerro Pelado al resto del país cuando anochece, es negocio. Al principio, fue un negocio federal, hoy cordobés, mañana andá a saber.

La demanda ya no es estrictamente local: las demás provincias entraron a tallar: Córdoba ahora no es una isla eléctrica. Quedó unida a la Región Centro y las otras 23 provincias (incluida CABA) a través del Sistema Argentino de Interconexión.

Ese arbitraje de precios permite al dueño de Cerro Pelado levantarla con la pala, incluso con la central a media máquina, como está desde 1996. Algo me dice que si se remata Nucleoeléctrica Argentina, como intenta hacerlo el gobierno de Milei, el fisco va a tratar de incluirla en el paquete de venta junto a Embalse. Y si no tiene más remedio, le tocará al estado repararla antes a nuevo, cosa de minimizar sufrimientos innecesarios al afortunado ganador de una licitación, sin duda, honesta.

Cerro Pelado actúa como un gigantesco acumulador de energía. Equivale a más de un millar de las Tesla Megapack que vende Elon Musk, pero no tiene litio y no se incendia.

Una o unas centrales de bombeo podrían venirle bien a Cuba cuando agarre viaje con alguna buena oferta china de parques solares y eólicos. En sus compras de fierros ajenos, los cubanos tienen tradición de comprar bueno. Se dejan cometear tanto como cualquiera, pero, como me lo sintetizó el manager de una multinacional italiana de ingeniería, tipo que vendía plantas industriales completas en el entonces llamado Tercer Mundo, «No trates siquiera de venderles basura. Practican la coima patriótica».

UNAS BUENAS GÁRGARAS

Montañas y lluvia los cubanos tienen, el resto es todo ingeniería, y eso tambíen tienen, y buena, gracias a un sistema educativo que sigue siendo el mejor de América Latina. Guita, no: a fuerza de bloqueos y de vivir en un área económica minúscula, apenas 11 millones de hectáreas de las cuales sólo están sembradas 3,5 millones, están pobres como lauchas. La geografía y la geopolítica, tan inevitables una como la otra, los tienen fregados.

Pero China tiene MUCHA plata, a veces sufre de arrebatos de generosidad y mueve bien sus piezas. Si quieren volver locos a los cubanos de Miami, empezando por Marco Rubio, en Beijing tienen la pelota picando en el área chica. Es un tema chico, ¿habrá estado en la agenda de la reunión entre Trump y Xijing pin?

El derribo de Nicolás Maduro dejó a la isla sin petróleo venezolano gratis. Turismo también falta, y no tanto porque Trump es Trump y no Obama, sino por decisión de la burocracia estable del State Department. Mandar algún tanquero lleno de petróleo a la isla, como ha hecho Putin, es más un gesto simbólico que una política efectiva y durable.

La isla tiene hoy una población muy envejecida por la emigración de jóvenes: apenas 9,6 millones de habitantes, que en los ’90 eran 11 millones. Pese a la escasa demanda de tan exiguo pueblo, los apagones y «brown outs» de la red están liquidando la escasa industria que los cubanos supieron conseguir.

Para China, dejar a los cubanos en la oscuridad no sería un crimen, sería un error. Dos errores, en realidad. Uno comercial, y otro geopolítico. China en general no los comete, al menos todavía.

Llenar a los cubanos de placas fotovoltaicas y turbinas eólicas le daría a la industria china una perspectiva nueva en América Central y el Caribe, donde sólo hay una central eólica de ese origen. Es una gran diferencia con Brasil y la Argentina, con 50 y 7 parques con máquinas chinas respectivamente. Sudamérica tiene un total de 60 operativos, pero contando.

La inversión china en infraestructura nueva, «greenfields» para economistas y pedantes, América Latina está dejando lo hidro de lado. Viene de chocar con la resistencia social de los perdedores en los emprendimientos hidro «de baja densidad energética»: centrales de ríos de llanura, lagos enormes en superficie y de escasa profundidad, de bajo rendimiento en MWh por la falta de pendiente, con eutrofización garantizada (en cristiano, el agua se llena de algas y se pudre), y con habitantes de aguas arriba de las represas, que también se pudren. Pierden tierras y ciudades bajo el pelo de agua del nuevo lago.

Por autorizar cosas así cayó Dilma Rousseff.

Los habitantes de aguas abajo. en cambio, se tienen que bancar un aprovisionamiento disminuido debido a la evaporación de los embalses de poco fondo en zonas calientes. O por las crecidas cuando el dueño de la central hidro necesita vender potencia.

Si hay algo que China quiere evitar es adquirir la imagen del Banco Mundial, los gringos malos que te zampan un lago al cuete donde tu familia vive y trabaja desde hace décadas o siglos, y si no te gusta, te mandan encima los jueces, la gendarmería y el ejército.

La de centrales de bombeo es obra cara, mucho túnel vertical cavado a dinamita, mucha turbina de paso reversible construida en cavernas artificiales del tamaño de catedrales, toda una ingeniería de lo enorme que ha intimidado incluso a la vieja Unión Soviética Pero al estar en forma obligada sobre terreno montañoso o serrano, tanto los embalses de coronamiento como los contraembalses al pie, resultan relativamente profundos, de poca superficie, y rinden MW hasta dar calambres. Alta densidad energética, que le dicen. No le joden la vida a nadie, o a casi nadie.

Más bien, resuelven problemas. Las redes eléctricas con demasiada base intermitente producen electricidad cara. En Uruguay, país básicamente hidro y eólico, la tarifa domiciliaria por kilovatio hora es tres veces más cara que en la Argentina. Al ecologista boutique, la sola mención de Uruguay le provoca orgasmos intempestivos. Bueno, se le pasan de inmediato con la factura de electricidad.

Pero además, un factor de penetración tan desmesurado de fuentes intermitentes, provoca altibajos en cualquier red eléctrica. Y volviendo al Largo Lagarto Verde, tan sumido en zona de huracanes, ahí tenés que frenar las turbinas eólicas y poner las aspas en bandera durante meses. Amortizás la inversión el día del arquero. Cuantímás, los hipos y baches de carga en la red queman las heladeras y los motores eléctricos.

En ese contexto, el efecto aplanador de curva de carga de las centrales de bombeo es colosal. Y salvo que a Cuba le sobrevengan vendepatrias como los que le pudrieron la vida al cordobés de a pie desde los ’90, no hay modo de no ganar plata con este tipo de máquinas.

Si los chinos ponen la tarasca en la red cubana, los parques eólicos y solares salen como piña. Es más, en el contexto geopolítico actual, la valiente muchachada de la Franja y la Ruta la pondría gratis. Y sólo para convidar a los cubanos de Miami a unas gárgaras de cianuro con tachuelas. ¡Salud!

Daniel E. Arias

VIAEl Tiempo