El programa nuclear argentino celebra su cumpleaños 76, pero no lo invitaron

Vista del CAREM cuando aún estaba en obra. Al fondo, el Paraná de las Palmas.

No es costumbre de los verdugos celebrar el cumpleaños del condenado. Tampoco brindar con su familia. 

Por ello, este domingo las autoridades nucleares hacen un escueto acto por los 76 años de existencia de la Comisión Nacional de Energía Atómica, CNEA, en el salón de actos de la Sede Central y a puertas cerradas. 

El sanedrín que está desmontando la casa, adentro, y los profesionales, técnicos y laburantes nucleares históricos afuera, en la esquina de Libertador y Ramallo.

No han sido invitados, para su bien. Roma soporta a los saqueadores, pero es Roma. Hasta hoy, los ha sobrevivido. 

Desde el 10 de diciembre de 2023, pronóstico reservado. Apestando a honestidad, intercurrieron las sucesivas cúpulas del “Nuevo Programa Nuclear”, con personajes pintorescos como el mesadinerista Demián Reidel o el picapleitos Federico Ramos Napoli.

Con gente así, la CNEA perdió entre 300 y 474 puestos de trabajo sobre 3647 a la fecha mencionada, dependiendo de las fuentes: el INDEC y los registros sindicales.

El éxodo sobrevino por la pérdida de un 40% del poder de compra del salario nuclear, que sumergió al 92% de sus integrantes bajo la línea de pobreza. 

Pero el mayor disruptor fue la paralización de proyectos estratégicos. Doy sólo dos, pero hay más. 

El reactor RA-10, en construcción en Ezeiza desde hace 12 años, y parado una vez más “porque no hay plata”. 

Uno de los proyectos estratégicos parados es la central de potencia compacta modular CAREM-25, en el predio de las Atuchas, liquidada con un 75% de avance multiaxial. 

Otro es el reactor RA-10 multipropósito de Ezeiza, desfinanciado de muerte con un 85% de avance. Pese a que puede, literalmente, levantarla con la pala. 

Ambas plantas inconclusas están ligadas a autoabastecimiento y exportación. 

El RA-10 puede facturar U$ 90 millones/año en radioisótopos medicinales y silicio irradiado, eso, de movida y contando. Faltan buenos reactores, el RA-10 puede ser el mejor durante al menos durante dos décadas, y la demanda internacional de productos explota. 

La de radioisótopos cerró 2024 en U$ 8900 millones, y va a finalizar 2026 en U$ 10.410 millones. Viene creciendo entre un 8% y un 10,2% anual.

El RA-10 de Ezeiza -muy potente- podría zamparse  del 20 al 30% de ese mercado sin romperse ningún diente. Mal momento para bajarle el 40% del presupuesto a la CNEA. 

Mal momento para frenar la puesta en marcha de una obra casi completa. En sólo dos años, la actual caterva de menguados ya nos costó U$ 1510 millones en lucro cesante. Y de la tuya, lector. 

¿Pero acaso no nos prometió el presidente Javier Milei barrer con “la casta” de científicos y tecnólogos? Prometió de sobra, y cumplió de más. Aunque la barrida, ejercida por personajes con más prontuario que antecedentes, nos viene saliendo cara. 

Es que el CAREM muy exportable como planta nucleoeléctrica. Pero claro, a condición de que se termine y se lo ponga en marcha de una puta vez. 

Aquí se ha hecho un arte el sabotearlo. Por ahora es sólo un modelo de demostración tecnológica inconcluso, apuntando a unos flacos 32 MWe de potencia instalada. 

Atención, chichipíos: el CAREM 32 nunca trató de ser un producto final sino una unidad de testeo, y una vidriera para inversores. 

Como en 1976 lo fue el RA-6 de Bariloche: costó U$ 8 millones, con 0,5 MWt de potencia. Pero esa movida nos hizo vender 7 reactores más en 7 países, como corazón de 9 complejos nucleares. Y cada vez más salados. El PALLAS de Holanda tendrá 55 MWt y a la Argentina le dejan U$ 440 millones. 

El CAREM es un showroom, y desde el vamos. En 1988 Turquía la quiso comprar y sobre planos, a sabiendas de que era chico para el enorme consumo eléctrico turco. 

Ánkara quería ese fierro para algo MUY turco desde hace unos 9500 años, cuando surgió la ciudad-estado de Çatalhöyük, en la meseta de Anatolia. En esas tierras desfilaron 5 grandes imperios: dedicados mayormente a comprar y revender. Y el estado-nación actual continúa. 

La operación fue urdida por el embajador Adolfo “Chinchí” Saracho, nació en los 2 años finales del presidente Raúl Alfonsín. Pero murió saboteada por el presidente Carlos Menem y su Ministro de Relaciones Carnales.

Degollada mil y una veces en la cuna, el CAREM luchó 3 décadas por salir de planos y existir. Pero desde 2024 la obra hoy vegeta, vacía una vez más, mirando el Paraná de las Palmas junto a las Atuchas 1 y 2. By the way, producen la electricidad más barata y confiable del país.

Un CAREM comercial, con 4 módulos y 500 MWe sumando todos, puede venderse por U$ 2000 millones, probablemente más porque la demanda mundial de potencia nuclear está en rampa. Es barato porque la inversión inicial es chica y el recupero es rápido: puede construirse en 4 etapas financiadas “en cascada”: la anterior paga la construcción y puesta en marcha de la siguiente con electricidad. 

La idea nació aquí en 1984. Hoy es una moda mundial. Pero las ideas no se cobran. Los fierros y la tecnología, sí.

Según la Agencia de Energía Nuclear de ese club de ricos, la OCDE, el CAREM viene a ser el cuarto mejor proyecto del mundillo de los SMRs (Small Modular Reactors), medido contra otros 127. 

Sólo está, (bueno, estuvo) precedido por 3 otras plantas de potencia, dos chinas y una rusa. La mayor ventaja de estas sobre el CAREM desde 2023, cuando la OCDE inició sus comparaciones, viene siendo la existencia: ya están funcionando. 

Les faltaron 40 años de sucesivos y reincidentes cretinos, turros, burros, colaboracionistas, vendidos y saboteadores. En tales regímenes como los mentados van en cana, en el mejor de los casos. Aquí se les niega reja o bala, y flotan cual plácidos escíbalos, y tenemos para exportar.

Al CAREM, expertos de la talla del mesadinerista Demián Reidel y el abogado Ramos Napoli lo llamaron invendible, y en nombre de “la honestidad intelectual”. Miralos a los honestos. 

Hay más víctimas del “Nuevo Plan Nuclear Argentino”, que en realidad es yanqui y consiste básicamente en que no tengamos ninguno. 

El lugar donde nos quieren poner es en el de un país que exporte uranio a los EEUU. Un estúpido vendedor de naturaleza cruda. 

Eso, y dejar las rupias, los fierros y la exportación de tecnología jugosa “a los que saben”. Que tanto no saben, porque en cada licitación internacional por reactores los pulverizamos.

Por eso hoy celebramos los 76 años de energía nuclear argentina. Sus verdugos, festejan encerrados en el salón de actos de la CNEA, recién pintado para recibir a la hermana del presidente y sus chupamedias. 

Los laburantes históricos, chupando no medias pero sí frío en la vereda, Libertador esquina Ramallo. Ya veremos quiénes ven pasar la caravana fúnebre de quiénes.

Por ahora, es Milei cumple, Karina dignifica.

Daniel E. Arias