Reflexiones del editor:
El 7 de abril escribía en mi blog personal Irán, Israel y EE.UU.: lecciones de una guerra corta y una tregua caliente: «Esta guerra de 40 días es parte de una mayor, de 47 años. Y, lo importante, no terminó». Así fue, pero los días dejaron ver ganadores y perdedores entre esos 3 países, según sus objetivos.
El objetivo de Irán, el del estado iraní, estaba muy claro, dada la asimetría abrumadora de poder militar: sobrevivir. Y lo consiguió: apoyado en una industria militar modesta pero propia, y, sobre todo, en la cohesión que mantuvo.
El objetivo de Israel es también obvio: debilitar y si es posible destruir la capacidad militar de Irán, una potencia regional que hizo del enfrentamiento con el estado judío una política central. Así, Irán se convirtió en el promotor y financista del «Eje de la Resistencia» en la región. Formado, principalmente, por las comunidades chiitas en Oriente Medio, más los palestinos, sunnitas, pero que no veían a ningún otro país dispuesto a apoyarlos frente a Israel.
En el plano de la capacidad militar iraní, hay un aspecto que Israel considera un peligro existencial, pero que EE.UU. toma en serio: la posibilidad de acceder a armas nucleares. En realidad, a ningún otra potencia le entusiasma la proliferación nuclear…
En lo que hace a los objetivos de Israel: esta «guerra corta» destruyó mucho de las fuerzas armadas de Irán, y bastante de su industria militar. Pero nada que no pueda reemplazar por sí mismo o con la ayuda de discretos aliados. El gobierno israelí no consiguió sus objetivos, hasta ahora.
De EE.UU. no puede decirse esto, porque nunca definió objetivos claros. Salvo, tal vez, alimentar el ego del presidente Trump. Como si lo necesitara.
Esta nueva etapa, que se planteó abiertamente ayer sábado 18, es muy distinta, por el control del Estrecho de Ormuz.

Repasemos, con ayuda de IA, algunos datos geográficos: ese estrecho conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el océano Índico. No es muy grande: su longitud es de unos 167 km. El ancho varía entre 39 km y 97 km. Tres países tienen costas, y puertos en él: al norte, Irán, y al sur dos países árabes: Omán y Emiratos Árabes Unidos.
No hay otros países con orillas directas en el estrecho. Los puertos de Arabia Saudita, Kuwait o Qatar se encuentran más adentro del Golfo Pérsico y no en las orillas del propio estrecho.
Y es uno de los puntos de estrangulamiento (chokepoint) marítimos más críticos del mundo. Por ahí transitaban, antes del bloqueo, unos 20 millones de barriles de petróleo al día, lo que representa cerca del 20% del consumo global de petróleo y alrededor del 25% del comercio marítimo mundial de petróleo y productos petrolíferos. Además, pasa por allí cerca del 20% del gas natural licuado (GNL) mundial, principalmente desde Qatar.
El bloqueo causa, ya causó en este 2026, subidas bruscas en los precios del petróleo, afectar la inflación global y generar escasez energética, especialmente en Asia (China, India, Japón y Corea del Sur reciben la mayor parte). Además de «daños colaterales»: escasez de fertilizantes, de helio, …
Es decir: el estrecho de Ormuz es una posición geopolítica muy poderosa.
Ahora, Estados Unidos tiene, además del apoyo a Israel, la preocupación por una posible arma nuclear iraní, y la fantasía de Trump sobre una «operación Venezuela» en Medio Oriente, un desafío como Gran Potencia global: ¿puede permitir que Irán controle el arma más potente, por ahora, de guerra económica?
Esta preocupación también la tienen las debilitadas potencias europeas. La misma China, a pesar de su privilegiado acceso a los recursos energéticos de la Federación Rusa, también debe estar analizando la situación, y conversando con su aliado tradicional, Pakistán.
Porque EE.UU. es la única potencia en condiciones de poner un ejército -«botas en el terreno»- para impedir el control iraní del estrecho. Destruir los cañones, drones, misiles que podría usar. Si lo consiguiera, el control real pasará a sus manos.
Si mi evaluación de espectador desde el lejano Sur es correcta, hay un interés decisivo de las otras dos Grandes Potencias y de las potencias regionales en Eurasia en evitar una nueva etapa de esta guerra. Una etapa que supere el nivel de masacre y destrucción que ya se alcanzó.
Abel B. Fernández


