La terapia CAR-T facilitaría la recepción de trasplantes

Una sola dosis de células inmunitarias modificadas ha ayudado a dos hombres y una mujer a recibir trasplantes de riñón que les salvaron la vida. Estas tres personas forman parte de un grupo de pacientes con sistemas inmunitarios «altamente sensibilizados», lo que significa que a menudo no reúnen los requisitos para recibir trasplantes, ya que sus organismos suelen rechazar los órganos donados.

«Estas personas mueren en la lista de espera; nunca reciben un riñón», afirma Allan Kirk, cirujano de trasplante renal del Hospital de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte, quien no participó en su atención médica. El uso de estas células inmunitarias para hacer posibles los trasplantes «podría cambiar las reglas del juego», afirma Kirk.

Más de un año después de recibir las células, las tres personas viven ahora con riñones nuevos y sin efectos secundarios notables. Sus historias de éxito se publicaron hoy en el *New England Journal of Medicine* en dos informes de equipos de investigación independientes.

Quedan pocas opciones

Cuando los riñones de una persona dejan de funcionar o entran en insuficiencia, la diálisis y los trasplantes son los únicos tratamientos disponibles. La diálisis, que utiliza una máquina para limpiar la sangre de una persona, requiere mucho tiempo, ya que puede durar varias horas al día, generalmente tres días a la semana. Consume la vida de las personas y las deja físicamente agotadas, afirma Ali Naji, cirujano de trasplantes de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia y autor de uno de los informes.

Los trasplantes ofrecen la posibilidad de llevar una vida relativamente normal, pero se estima que entre el 5 % y el 10 % de las más de 91 000 personas que en Estados Unidos aguardan un trasplante de riñón tienen un sistema inmunitario altamente sensibilizado. Sus cuerpos producen altos niveles de anticuerpos que atacan biomoléculas y tejidos extraños, como los que se encuentran en un órgano donado.

Una mujer con esta afección acudió al hospital «una y otra vez» —nueve veces en total— acompañada de posibles donantes que resultaron no ser compatibles desde el punto de vista inmunológico, afirma Eva Schrezenmeier, nefróloga de Charité – Universitätsmedizin Berlin y autora de uno de los estudios. La mujer tenía treinta y tantos años y había recibido previamente un trasplante de riñón que falló al cabo de una década. Al no funcionar sus riñones, pronto desarrolló hipertensión arterial, lo que posteriormente derivó en insuficiencia cardíaca. La diálisis que recibía la dejaba sin energías y ya no podía mantener un empleo. «Estaba muy desesperada», dice Schrezenmeier.

Unas células inmunitarias modificadas, conocidas como células T con receptor de antígeno quimérico (CAR), ofrecían la posibilidad de mejorar y prolongar su vida. Han sido aprobados por organismos reguladores para tratar diversos tipos de cáncer de la sangre y se han evaluado en ensayos clínicos para algunas enfermedades autoinmunes. Los investigadores querían comprobar ahora si estas células podían suprimir los elevados niveles de anticuerpos que impiden que las personas con sistemas inmunitarios altamente sensibilizados reciban trasplantes.

Historias de éxito

Las células CAR-T se obtienen extrayendo y aislando los linfocitos T de una persona —un tipo de célula del sistema inmunitario— y modificándolos posteriormente para que ataquen a otras células que producen una proteína diana. En el caso de la mujer, las células de su organismo que expresaban una proteína llamada CD19 producían masivamente los anticuerpos problemáticos que le impedían recibir un nuevo riñón.

Así pues, Schrezenmeier y sus colegas obtuvieron la autorización de uso compasivo de la agencia reguladora médica de Alemania; posteriormente, modificaron las células T de la paciente para que atacaran la proteína CD19 y las reintrodujeron en su organismo. Cinco meses después de recibir esa dosis única en 2024, además de medicación adicional para ayudar a la proliferación de las células T, sus niveles de anticuerpos disminuyeron lo suficiente como para permitirle someterse a un trasplante. Actualmente trabaja entrenando a niños en gimnasia acrobática y toma los medicamentos inmunosupresores estándar que recibirían los receptores de riñón con sistemas inmunitarios no sensibilizados. «Está muy contenta», dice Schrezenmeier.

Por otra parte, Naji y sus colegas también querían probar la terapia CAR-T en Estados Unidos para ayudar a personas con la misma afección. Los investigadores obtuvieron la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos para su ensayo de fase I en 2023. Los dos primeros participantes, ambos hombres, recibieron una terapia CAR-T que combinaba células T modificadas para atacar el CD19 con aquellas modificadas para atacar el BCMA, otro marcador proteico de las células productoras de anticuerpos. Después de esa dosis, ellos también pudieron recibir trasplantes. Los dos hombres habían estado recibiendo diálisis; uno llevaba tres años esperando un trasplante de riñón, y el otro, siete.

«Mantenerse con vida mediante diálisis durante tanto tiempo es un trabajo a tiempo completo», afirma la autora del estudio, Mary Kaminski, asistente médico especializada en trasplantes de la Universidad de Pensilvania.

Desde entonces, Kaminski, Naji y sus colegas han tratado a otras cuatro personas con terapia CAR-T; una de ellas recibió un trasplante el mes pasado tras esperar 20 años un riñón de donante. El equipo espera inscribir a otras cuatro personas para finales de este año.

Aunque se trata de solo dos estudios pequeños con pocos participantes, con más pruebas, la terapia CAR-T —que frena a las células inmunitarias productoras de anticuerpos— «podría convertirse perfectamente en el tratamiento estándar en cinco años o menos», afirma Fadi Lakkis, nefrólogo de la Universidad de Stanford, en California. Para las personas con sistemas inmunitarios altamente sensibles, «esta terapia podría resultar realmente transformadora», añade.

Edward Chen

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