Columna: Un gobierno apagó el mejor modelo de IA del mundo

Estados Unidos obligó a Anthropic a desconectar Fable 5 y Mythos 5, sus modelos más potentes. Por primera vez se vio en vivo a un gobierno ejerciendo poder duro sobre un modelo frontier. Y de paso dejó algo en claro: estas herramientas tienen bandera.

El 12 de junio, a las 17:21 de Nueva York, Anthropic recibió una carta del gobierno de Estados Unidos y tuvo que apagar Fable 5 y Mythos 5 para todos sus clientes del planeta. Tres días antes los había lanzado. La orden no venía de un fallo técnico ni de una caída: era una directiva de control de exportaciones firmada por el Departamento de Comercio, que prohibía el acceso de cualquier extranjero —dentro o fuera de Estados Unidos, incluidos los propios empleados extranjeros de la empresa— a sus dos modelos más capaces.

Como Anthropic no puede filtrar usuarios por nacionalidad en tiempo real, la única forma de cumplir fue desconectar los modelos para todo el mundo. Si abriste Claude el viernes a la noche y el modelo no estaba, esa es la razón. No te lo cortaron a vos: se lo cortaron a todos los extranjeros del planeta de un día para otro, y vos sos uno de ellos.

Vale separar las dos cosas que se mezclan acá. Mythos 5 es el modelo frontier: el más potente. Fable 5 es el mismo modelo con clasificadores de seguridad que bloquean respuestas en áreas de riesgo como ciberseguridad. Fable fue lo que se publicó para todo el mundo el 9 de junio; Mythos quedó reservado para un grupo acotado de organizaciones del programa Project Glasswing. Y fue Fable —la versión con salvaguardas— lo que terminó apagado casi enseguida.

Dos versiones que no coinciden

Acá hay dos relatos y no encajan. La versión del gobierno la dio David Sacks: un socio de confianza que estaba probando Fable encontró un jailbreak —una forma de saltear las barreras del modelo—, le pidieron a Dario Amodei que lo arreglara o retirara el modelo, y Amodei se negó. La acusación de fondo es que Anthropic priorizó su producto de consumo por encima de la seguridad.

La versión de Anthropic es otra. La empresa sostiene que se trata de un «malentendido», que el supuesto jailbreak es una capacidad de análisis de código que los equipos de defensa usan de manera rutinaria, y que el mismo criterio, aplicado a toda la industria, frenaría el lanzamiento de cualquier modelo frontier. Aclara además que antes de publicar sometió los modelos a miles de horas de pruebas con el propio gobierno de Estados Unidos, el instituto de seguridad de IA del Reino Unido y terceros, sin que ninguno hallara un jailbreak universal.

No hace falta elegir bando para ver lo importante. Si tenía razón el gobierno, un Estado acaba de demostrar que puede apagar el mejor modelo del mundo cuando lo considera un riesgo. Si tenía razón la empresa, un Estado acaba de demostrar que puede apagar el mejor modelo del mundo sin un motivo técnico sólido. En las dos lecturas, la conclusión es la misma: puede apagarlo.

La primera vez que se ve el poder duro en vivo

Hace tiempo se discute en abstracto quién controla la inteligencia artificial. Esta es la primera vez que se ve, en tiempo real y con fecha y hora, a un Estado ejerciendo poder duro sobre un modelo frontier. No una multa, no una regulación que entra en vigencia en agosto, no una recomendación: una carta un viernes a la tarde y el producto desconectado esa misma noche para todo el planeta.

El antecedente le agrega filo. Anthropic se construyó la marca de «la empresa de seguridad en IA» y venía en conflicto creciente con la administración Trump desde 2025, cuando la acusaron de hacer «IA woke» y a Amodei lo trataron de «lunático ideológico». En febrero, la propia empresa había trabado un contrato con el Pentágono porque exigía barreras contra la vigilancia masiva y las armas autónomas. La misma compañía que después se volvió proveedora del Estado —un acuerdo con Defensa con techo de 200 millones de dólares, Claude para el Gobierno a un dólar— terminó obligada por ese mismo Estado a apagar su mejor producto.

Y el timing no podía ser peor para Anthropic: este mes presentó ante la SEC el prospecto confidencial para salir a bolsa, con un run rate de 47.000 millones de dólares y una valuación cercana a los 965.000 millones. En plena antesala de su salida a bolsa, el gobierno le desconectó el modelo estrella. La empresa dice que trabaja para restaurar el acceso. Pero el episodio ya ocurrió, y no se deshace.

Lo que esto significa para nosotros

Para Argentina la película es incómoda porque no somos protagonistas: somos parte del «resto del mundo» al que le cortaron el acceso. Un estudio jurídico que armó su flujo de trabajo sobre un modelo, una pyme que automatizó su atención al cliente, un desarrollador que construyó su producto encima de una API: todos se enteraron el viernes a la noche de que la herramienta sobre la que trabajan no responde a ellos ni a un contrato comercial, sino a la decisión de un gobierno extranjero que puede cambiar de un día para otro.

No es un argumento contra usar estas herramientas. Son, hoy, las mejores que hay, y quedarse afuera tampoco es estrategia. Es un argumento sobre el tipo de dependencia que se asume cuando toda la operación cuelga de un modelo que vive en otro país, bajo otra bandera y otra jurisdicción. La IA se presenta como global, ubicua, disponible para cualquiera con conexión. El 12 de junio mostró que no: tiene un dueño, y ese dueño tiene un Estado encima que puede apretar el botón.

La pregunta que queda abierta no es si conviene usar estos modelos. Es otra, más incómoda: ¿cuánto de lo que hacemos puede seguir colgando de una herramienta que cualquier viernes a la tarde, por una orden que no escribimos ni votamos, puede dejar de respondernos?

Columna de IA por Esteban Terranova