El debate sobre la energía nuclear ha vuelto al primer plano después de que el Gobierno haya decidido prorrogar la vida útil de la central de Almaraz hasta el 8 de junio de 2030. Esta decisión supone un giro en la política energética mantenida durante años, que establecía el inicio del cierre de la planta para 2027.
La medida ha sido recibida con alivio en la comarca extremeña, como expresaba Fernando Sánchez, de la plataforma Sí Almaraz, quien destacaba la tranquilidad que supone para miles de familias la continuidad de los dos reactores nucleares.
Para analizar este cambio de rumbo, el supervisor y divulgador nuclear Alfredo García ha pasado por los micrófonos de ‘Fin de Semana‘. García ha señalado que la decisión original de clausurar las centrales era “claramente política”, recordando que forma parte del programa electoral del PSOE desde 1982.
Según el experto, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) se diseñó con una premisa que no se explicaba abiertamente: la sustitución de la energía nuclear no vendría de más renovables, sino de “más gas natural”.
El error de apostar por el cierre
Alfredo García ha advertido de que los países que apostaron por el cierre nuclear están dando marcha atrás. “Lo que estamos viendo es que todos los países que han apostado por el cierre nuclear, como el caso de Bélgica, el caso de Suiza, el caso de Corea del Sur, han revertido ese plan de cierre”, ha afirmado.
De hecho, ha añadido que Alemania “se arrepiente de haber cerrado las centrales nucleares” porque, al final, las decisiones ideológicas se topan con la realidad.
La razón de este cambio de tendencia internacional, según García, es que la potencia constante que proporcionan las centrales nucleares no puede ser suministrada por las energías renovables, que dependen de un recurso variable.
Aunque el almacenamiento es necesario, tiene “una capacidad muy limitada y un costo elevadísimo”. Además, la electrificación de la industria, los hogares y el transporte exige “mucha más energía”, una potencia estable que la nuclear sí puede garantizar.
La dependencia del gas como alternativa
El experto ha insistido en que el PNIEC mantenía 26 gigavatios de ciclos combinados de gas, una potencia que equivale a 26 reactores nucleares, frente a los siete que tiene España. Esto demuestra, a su juicio, que el plan real era sustituir la producción nuclear por gas.
Esta visión es compartida por otros analistas como Roberto Cabero, quien ya en 2025 advertía de que para sustituir el 19% de electricidad que generaba la nuclear no bastaba con más solar o eólica, sino que se necesitaba “mucho almacenamiento, bombeo, baterías, redes e interconexiones”.
El mito de los residuos nucleares
Durante la entrevista, Alfredo García también ha abordado una de las grandes polémicas: la gestión de los residuos. Para el divulgador, el único problema real de los residuos radiactivos es “la opinión pública” y el desconocimiento generalizado. Ha asegurado que su gestión está resuelta tanto tecnológica como económicamente y que se realiza con total seguridad y responsabilidad.
García ha destacado que España es un país “ejemplar” en la gestión de sus residuos, algo reconocido por organismos internacionales. Además, ha subrayado que la industria nuclear es la única que “costea todo lo que representa el gasto de la gestión de los residuos radiactivos hasta que ya dejan de ser radioactivos”, a diferencia de las industrias de combustibles fósiles, que lanzan sus residuos a la atmósfera sin hacerse cargo del sobrecoste que supone para la sociedad y el clima.
Beatriz Calvo


