Bancos, fintechs y proveedores no financieros: radiografía de la mora

Reflexiones del Editor:

Tengo que admitir que este informe de la Cámara Argentina Fintech me dejó pensando más de lo que esperaba.

Porque arranca con un dato que parece sacado de manual pero que, si uno lo cruza con el resto del reporte, termina contando una historia bastante incómoda para el establishment bancario de siempre (los mismos muchachos que cuando se habla de usura miran para otro lado, pero cuando se habla de inclusión financiera se ponen el saco de gendarmes del mercado).

Vamos a los números, que en política económica argentina los números son los únicos que no mienten: los bancos concentran el 81,1% del crédito total (67,2 billones de pesos, una cifra que da vértigo leerla) y se llevan el 63,3% del monto irregular, o sea, 8,5 billones en mora.

Las fintech, en cambio, tienen el 11,7% del crédito y el 16,3% de la mora. A primera vista uno diría «mirá, las fintech son más riesgosas», pero la foto cambia cuando lo medís en serio: en proporción, los bancos tienen alrededor de un 17% de irregularidad sobre su cartera, mientras las fintech rondan el 22%. Diferencia real, sí, pero no la abismal que sugiere el relato dominante en la farándula política cuando algún diputado con cara de preocupado sale a pedir que «se regule a las fintech». Generalmente después de que algún banco amigo le pasó un paper convenientemente editado.

Y acá viene lo que me parece lo más jugoso del informe, que casi se cuela como un detalle y sin embargo es el corazón del asunto: los otros proveedores no financieros (tarjetas de consumo, casas de electrodomésticos, mutuales, cooperativas y – esto es clave – los fideicomisos financieros que compran carteras con mora de más de un año) concentran apenas el 7,1% del crédito pero se llevan el 20,4% de la mora. 2,8 billones de deuda irregular sobre 5,9 billones prestados.

Esos son los números más preocupantes de toda la radiografía, y son los que el debate público suele dejar afuera – porque, claro, no es tan glamoroso hablar de la señora que compra la cocina en doce cuotas en el local de la avenida y termina pagando cuatro veces el precio original. O del fideicomiso que le compra la cartera al banco chico de provincia y le mete interés punitorio.

Lo de Analytica sobre personas es el otro dato que me dejó pensando: 20,8 millones de argentinos con al menos un crédito formal (casi la mitad de la población del país, lo cual ya dice bastante sobre cómo está estructurada nuestra economía doméstica), de los cuales 5,8 millones están atrasados más de noventa días. Los bancos tienen 14,3 millones de deudores con 2,45 millones en mora; las fintech, 10,1 millones de deudores con 2,41 en mora; el resto, 5,2 millones con 2,7 en mora. A riesgo de equivocarme, lo más revelador de acá es el dato del «resto»: más de la mitad de sus deudores están en mora. Eso no es un problema de gestión, es un problema de modelo de negocio, y es el que ninguna cámara empresaria quiere poner sobre la mesa porque implica discutir el rol social de las casas de electrodomésticos en los barrios del conurbano – un tema que incomoda tanto a la izquierda como a la derecha bienpensante.

Ahora bien – y esto es lo que el informe desliza con elegancia pero que a mí me parece el punto político del asunto – la Cámara describe el problema con una frase que vale la pena destacar textual: «Los bancos están habilitados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) a prestar dinero proveniente de los depósitos de sus clientes, mientras que las fintech y los proveedores no financieros sólo pueden utilizar capital que toman del mercado de capitales o, incluso, de préstamos bancarios, un mecanismo siempre más costoso».

Traducción para los lectores que no bancaron microeconomía en la facultad: los bancos prestan la plata nuestra, la de nuestros depósitos, a tasas que muchas veces duplican la inflación, subsidiados por un seguro de garantía del Banco Central que después sale del presupuesto público cuando hay corrida. Las fintech, en cambio, toman deuda del mercado de capitales o se financian con bancos, lo cual encarece la operatoria. Y sin embargo – acá está la ironía – son las fintech las que más están llevando crédito a sectores que el sistema bancario tradicional abandonó hace décadas. El crédito al sector privado en Argentina es del 13% del Producto Bruto Interno (PBI); en América Latina y el Caribe es del 53%. No es un problema de las fintech, es un problema del país.

Y cuando un diputado sale a pedir que se «endurezcan los controles sobre las fintech» sin pedir al mismo tiempo que se discuta por qué los bancos tienen casi la mitad de su cartera irregular sin que nadie les toque el spread, lo que está haciendo es defender un statu quo que perjudica a 20,8 millones de argentinos que necesitan crédito para vivir. Voy a cerrar con una reflexión que me parece importante y que el informe de la Cámara, deliberadamente o no, deja picando: la mora no es un problema de «las fintech malas» ni de «los bancos buenos», es un problema de un país que lleva décadas sin poder construir un sistema de crédito serio, con tasas reales positivas, con protección real al consumidor financiero y con un buró de crédito que funcione como en cualquier economía normal.

Abel B. Fernández