Nuevas generaciones en la defensa del programa nuclear argentino – Video y comentario

La ingeniera nuclear Julieta Romero expuso el 19 de agosto de 2026 ante la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. La reunión informativa, titulada «Situación del sector nuclear: implicancias económicas», fue convocada para debatir el desfinanciamiento y la parálisis de proyectos estratégicos en el área.

Comentario de AgendAR:

La ingeniera nuclear Julieta Romero no es una cara muy pública del programa nuclear argentino.

Pero lo va a ser, porque es impecable.

¿Se le puede poner números en U$ a lo que significó, como ahorro de importaciones y de tiempos fuera del ring, el rehacer los internos de Atucha 2? Sí. Los hemos publicado en AgendAR. La central necesitaba de sacar un soporte estructural del recipiente de presión: tiene cuatro, pero uno se había soltado y eso iba derecho viejo a que la ARN le revocara la licencia operativa.

En lugar de cerrar la planta y dejarle el problema a la administración mileísta de NA-SA, el directorio anterior, liderado por el Ing. José Luis Antúnez tomó el toro por los cuernos. Hizo diseñar herramientas telecomandadas para hacer operaciones de corte, soldadura y aspiración a 14 metros de profundidad en el área más radioactiva de la planta. Luego, bajo autorización y contralor de la ARN, eliminó el bloque de acero y puso de nuevo Atucha 2 en operaciones.

¿A entre U$ 800.000 y 1 millón por día y durante cuatro años, descontando 25 días anuales de paradas programadas por inspecciones y mantenimientos, ¿había que perder U$ 272 millones por año si nuestro país aceptaba que esta central la reparara su proveedor, Siemens? Que no trabaja gratis, los alemanes presupuestaron U$ 400 millones.

Y no iban a poder llevarla a cabo. Incluso hoy, no puede. Cada vez puede menos. No veo que doña Siemens esté pasilleando por el Bundenstag y el Bundensrat de Alemania para levantar el destartalado parque nucleoeléctrico que tiene en casa, y hecho de su propia mano. Acepto -es duro de creer- que Siemens, a 34 años del cierre de KWU, su empresa de ingeniería atómica, la SIemens sabe bastante menos de temas nucleoeléctricos que NA-SA. Los especialistas alemanes se jubilaron y/o murieron. La cadena industrial de provisión, lo mismo.

Si algo sobra en la Argentina todavía es talento nuclear. Es lamentable, pero viene acompañado de esperpentos, tilingos, brutos y más raramente, algún que otro vendepatria con pergaminos (inventados e incluso reales). Es la gavilla que en 2022 estuvo en contra de que NA-SA reparara su central alemana.

Siempre las hubo y hay, pero hoy son peores. Es una gavilla que hereda a camándulas previas, hoy canosas o dedicadas, pro bono patriae, a mirar las margaritas del lado equivocado.

Hace muchos años y con Atucha 1, increíblemente, fue la misma historia. En 1988 se rompió, por error de diseño de Siemens. ¿Pedirles garantías a los nibelungos? Olvídate, cariño. Es más, la empresa alemana pidió U$ 200 millones a la CNEA por repararla, y un tiempo de 4 años.

Cuando la CNEA se pudrió de los intentos de estafa y extorsiones de estos tipos cundían los apagones en el país. Pero hablamos de apagones sin aviso que duraban el día entero en toda la región central. Y así todos los días.

Tragando saliva, la Dra. Emma Pérez Ferreira juntó a su directorio, mandó educadamente al carajo a Siemens y arregló la planta en 10 meses y por U$ 17 millones. Fueron U$ 223 millones ahorrados, que a fecha de hoy serían U$ 570.

No descuento el costo en pérdidas por salida de servicio porque la electricidad se pagaba en australes, moneda extinta, y mediaron varias hiperinflaciones que multiplicaron prodigiosamente los ceros, hubo un cambio de moneda, y ésta a su vez perdió valor a lo perro.

Lo que hizo Emma fue devolverle la esperanza a todo el sistema científico y tecnológico del país. Impidió centenares de renuncias, al menos durante algunos años. Pero incluso en los pasillos nucleares hubo opositores al «riesgo nuclear» de reparar una máquina ¡¡alemana!! con torpes manos argentinas.

Y a esos tipos se los tuvo que bancar Emma. Así la llamaban a la Dra. Pérez Ferreira desde los porteros de la CNEA hasta el presidente Raúl Alfonsín. Y esos tipos estaban furiosos y salían de noche de sus agujeros a sembrar carne podrida en los medios. Y no, no eran todos empleados de Siemens ni estaban todos con Greenpeace.

Cuando termine su extensión de vida, nuestra Atucha 1 va a ser mucho más argentina que alemana. En realidad, lo es desde los ’90, y eso por tanta mano Nac & Pop que le metimos. Ya lo hicimos con Atucha 1: más vieja se vuelve, más argentina, y según su factor de disponibilidad, más joven. Apropiarse de los fierros es EL modo de mejorarlos, pero sobre todo, de criar recursos humanos potentes.

Medida su juventud por potencia (de 320 MWe la pasamos a 362MWe), a Atucha la compramos prototipo, y en los ’80 ya la habíamos vuelto una planta perfectamente exportable, aunque -contratos son contratos- no sin la Siemens. En los ’80, al menos tres estados del Magreb, Marruecos, Argelina y Egipto, estaban interesados en comprarse una, con el nombre de ARGOS 360. Mandaron delegaciones a la provincia de Buenos Aires a mirar Atucha 1 y se preparaban memorandos de entendimiento.

Cuando estos países árabes vieron cómo nos trató de joder la Siemens cuando se rompió Atucha 1, se retiraron cortesmente. Cuando vieron que pocos meses después Siemens cerraba su división nuclear, KWU, nos cayó la ficha a todos. Se pensaban ir del negocio nuclear hacía tiempo, para no irritar el fácil ecologismo germano, pero le venían ocultando sus planes a su único socio nuclear global (la CNEA) y, dada la oportunidad de aquel desperfecto, quisieron irse con platita.

Desde aquel disgusto, a Atucha 1 la seguimos argentinizando sin prisa y sin pausa. Medida por su quemado, duplicó: de 6 MW diarios por kg. de uranio pasó a 11,5. Medida por consumo de uranio, por ende, bajó a la mitad. Medida por disponibilidad, la compramos con un 81% anual, y en 2024, cuando la apagamos para darle otra extensión de vida de 20 años, hasta 2024 estaba 10 puntos arriba. Medida por seguridad, ahora tiene más y mejores defensas escalonadas contra la fundición de núcleo, el peor evento posible en una central de potencia.

¿Seguirá activa en 2074? ¿Cumplirá 100 años en la brecha? Podría, es muy robusta. Accidentes, cero. Ningún incidente de nota.

Esto mismo lo hicimos con TODAS las plantas de nuestro minúsculo parque nucleoeléctrico. Mejoramos varias veces los números fundamentales de nuestras tres centrales sin ayuda externa, mientras a nuestros dos proveedores originales, KWU Siemens y AECL, lobotomizados del furor antinuclear que cayó sobre Occidente, se les pudrían las máquinas y las empresas; y los recursos humanos jóvenes se les piantaban a otras industrias u otros países. Hasta que cerraron.

Nosotros no cerramos. Pese a todo. La joven ingeniera nuclear Julieta tiene de qué sentirse orgullosa. Ha debido trabajar en el mejor lugar, pero en el peor momento. No es que no tenga opciones. En esta década, faltarán 140.000 ingenieros nucleares en todo el mundo. En Occidente, no hay. Y es que los imbéciles prosperaron como nunca.

En el complicado trío que forman la CNEA, la NA-SA e INVAP, eslabones de una cadena de conocimiento que empieza científica, sigue tecnológica, pasa a ingenieril y termina industrial y exportadora, los funcionarios mamertos y sotretas prosperan. Sobreviven mejor a las catástrofes que la gente intelectual y moralmente derecha, y eso por síndrome de Estocolmo, aprendiendo a pensar como el enemigo.

Aunque sepan bien las ecuaciones y los fierros, aunque exhiban títulos de la mejor (y única) universidad de ciencias y tecnologías nucleares de la región, el Instituto Balseiro de la CNEA, no logran dejar de ser un melancólico cardumen de colonizados mentales. «Reloaded», además, porque el hambre los vuelve pirañas. Transformarse en un idiota de esa recua de «nopodemos» es, finalmente, una elección política. Y si esa herencia mental viene de fábrica, no la reparan 3 o 4 años en el Balseiro.

Antes no era así.

Hoy un nabo militante sin quilates científicos ni ganas de aprender, ése está casi condenado a ser vendepatrias, y casi excusado de serlo, por bruto.

¿Pero un egresado del Balseiro, como algunos popes de la plana mayor de Milei? ¿Esos tipejos, dedicados a reventar proyectos argentinos y recursos humanos carísimos? Es como que el hijo de uno cace una piqueta y entre a demoler la casa paterna porque cada vez vale más. Y eso para venderla por el precio del terreno a la inmobiliaria de a la vuelta, a espera de que le paguen tres mangos y dos perreras en un edificio en pozo, si éste se construye. Un hijo tratando de desalojar a sus padres de la casa adonde se crió. No son casos infrecuentes, dicen los abogados de familia.

La diferencia entre un bruto y un traidor a su propio país, en estos tiempos tan traidores y brutos, se ha vuelto muy borrosa.

Señoras y señores, entre 2015 sumaron fuerzas los brutos y los traidores y dejaron de lado Atucha 3 CANDU y la central Hualong 1. Y la pérdida es mucho mayor que la suma de los 700 MW de Atucha 3 y los 1120 MW de esa central china. Se mide más bien 800 ingenieros comunes que habrían podido calificar como nucleares mediante «on the job training», en 500 ingenieros nucleares argentinos y plenamente recibidos que hoy volvieron a quedar sin misión, y en alrededor de 140 empresas nacionales que tras la terminación de Atucha 2 y el retubado de Embalse, formaban parte de la cadena de provisión de ambas máquinas.

Algunas de estas firmas cerraron, otras vegetan. No hablo necesariamente de PyMES: Pescarmona bajó las persianas, y hoy la tiene una firma yanqui.

Atucha 3 y la Hualong deberían estar en línea las dos, desde 2023 y 2024 respectivamente, con financiación china asegurada.

Otra centralita más debería haberse terminado en 2020. Sería más de un 90% nacional, compacta y modular, puntuada por la International Energy Agency como la próxima en inaugurarse en su tipo en todo el mundo. Pum, cancelada. ¡Y no cancelada por un tarado, sino por un físico egresado del Balseiro en 1994!

Cuando le ponés la lupa a ese sudoroso coso, recibió la mejor formación en matemáticas que puede dar la Argentina. Pasó de Exactas de la UBA al Balseiro, y todo sin pagar un mango: educación pública. Y luego sin grandes tapujos se fue sin dar las gracias a trabajar décadas en contra de su propia patria en las bicicletas financieras de dos grandes acreedores (y fogoneadores) de la deuda externa argentina, JP Morgan y Goldman Sachs.

No es sólo una deriva un poco repugnante. Es un camino elegido. Pienso en el año en que el tipo se graduó. En 1994 otro excelso lameupites del imperio, Carlos Menem, estaba cerrando para siempre (creía él) el programa nuclear argentino. A un ingeniero nuclear le resultaba imposible parar la olla, y contaba los días que le faltaban para quedarse en la calle, porque las centrales nucleares se iban a privatizar. En los aprietes se ven los buenos, y hubo gente que no lo es y que vendió la camiseta y el alma.

Siempre se puede estar peor. La burrocracia actual (no es un dedazo) fue puesta a dedo por la pitonisa Karina Milei, ex médium de animales muertos, persona que sabe. No cualquiera le mete el perro.

Su jauría atómica la encabeza un picapleitos que no distingue una tuerca de un tornillo, pero desde que dejó de redactar chivos para aquella Jefa de Gabinete y entró en plan gauleiter al programa nuclear criollo, hay 90 expertos menos en Dioxitek. Es una empresa chica de la CNEA dedicada a la cadena química del combustible nuclear. Nunca tuvo mucho personal: alrededor de 340 operarios especializados, muchos con grados de técnico, y otros con títulos de grado, maestrías, doctorados y posdoctorados.

Veo también a un ingeniero químico sin historia nuclear, pero que acaba de pasar a la historia (la de la infamia) por hacer moler a palos a sus colegas por la Gendarmería en los pasillos de la Sede Central, cuando la gente le pidió explicaciones por otra nueva tanda de cesantías.

Estos dos miserables ya pusieron al 92% de sus colegas bajo la línea de pobreza, y al que no se va lo echan, y al se queda le pudren la vida, y al que pide razones le dan bastonazos, lista negra y telegrama. Estos nuevos esperpentos son a los buenos recursos humanos lo que el cianuro a las personas.

Y el Balseiro, bueno, ya no es lo que era. Y ojo, era mucho.

Hasta el más descerebrado liberal salía de allí reformateado para construir conocimientos, fierros y país. De tanto ver desde primera línea, o incluso desde el laboratorio o taller, cómo se reemplazan importaciones arcanas y caras con desarrollos locales, ante sus ojos, y usando sus propias manos, eso es cambiaba la cabeza. Aunque fuera, en parte. Los pibes salían del Balseiro comiéndose el mundo y con la bandera tatuada en la frente.

Aunque no se dieran cuenta de su transformación. Aunque después votaran a sus peores enemigos. Incluso así les era imposible hacer más mal que bien. Una maravilla entre educativa y política, el Balseiro. Frágil, eso sí.

Ignoro cómo insuflarle a algunos profes, estudiantes y graduados de hoy un cacho de amor por este rincón del planeta, un poco de orgullo del mismo, la idea de cuánta plata y cuántas generaciones costó construir lo construido durante 72 años en el área nuclear.

¿Y cuánto se hizo, realmente? ¿Da para cacarear? Somos uno de los los 15 países exportadores de fierros nucleares en el mundo, y uno de los 7 capaces de vender reactores nucleares enteros. Somos también el único que vapuleó y vapulea, y varias veces y en licitación honrada, a Francia, Canadá, Corea, Rusia y China.

No incluyo a los EEUU, porque a esos los corrés con la vaina. Ya llevan desde los ’70 vendiendo -tratando de vender, seamos justos- tecnología vieja y cara. No hay cómo.

Nuestros nucleares sub 40 son unos cracks. Pero, formación académica aparte, les faltan toneladas de argentinidad.

Veo a la joven ingeniera nuclear Julieta Romero y reconozco esa estirpe atómica fundacional y valerosa, la de Jorge Sabato, la que me representa como ciudadano, la que me da orgullo de nuestra educación pública, la que me genera ese cachito de optimismo remanente sin el cual ni se vive ni se dura, la que me hace pensar que no laburé 4 décadas al cuete, la que me da esperanza de que volvamos a la trinchera con más más garra, la que da sentido a mi trabajo.

Trabajo de hormiga, pero al fin y al cabo, trabajo de defender a la gente que nos defiende, la brava gente atómica argentina, a capa y espada, incluso en estos días negros.

Es que… ¿Saben, compatriotas? Vale la pena. Todavía.

Daniel E. Arias