
¿Algún compatriota a bordo de este vuelo brindaba por la “inminente” inauguración de una planta nuclear argentina, la ACR-300? Que baje el vaso con cautela. El proyecto es de la empresa Meitner Energy, donde la parte argentina (INVAP) pone la patente, y cuya contraparte estadounidense, U$ 1200 millones.
Pero Teófilo Lacroze, hombre de la Shell y CEO de Meitner durante este año, acaba de eyectarse y desciende, tranquilo, en su paracaídas. No son las noticias que suelen alegrar a los pasajeros de un avión.
Habrá que conseguir mármol para una cuarta lápida. Desde que gobierna Javier Milei, sus adalides ad hoc ya le pusieron lápida a otras tres centrales nucleares más meritorias y/o reales. A saber:
* La Proyecto Nacional de 700 MWe, rediseño mejorado de nuestra mejor planta nuclear, Embalse, en Córdoba. Tenía que haber entrado en línea en 2021 en el predio de las Atuchas 1 y 2, todas balconeando sobre la alta barranca derecha del Paraná de las Palmas.
* El famoso CAREM de 32 MWe, quedó casi terminado en igual lugar. Es un demostrador tecnológico que debió entrar en operaciones en 2020. El propósito era validar la ingeniería, buscarle socios y ponerse a exportarla.
* Había una tercera central china grande y muy moderna, la Hualong-1, de 1120 MWe, que debió estar operativa en 2022, con ubicación probable en nuestra costa atlántica.
El CAREM se venía haciendo a puro pulmón estatal. Obra con un 70% de avance a fecha de degüello por Milei, la CNNC (China National Nuclear Corporation) nos financiaba las otras dos centrales, por acuerdo entre ambos países ratificado por ambos parlamentos. Cash Flow asegurado por la potencia nucleoeléctrica que ya entonces tenía la mayor rampa de crecimiento del planeta.
Aquí les presento a la máquina que supuestamente vino sustituirlas a todas esas tres, la ACR-300 de Meitner Energy.
Es FOAK, es decir “First of a Kind”, según la parla del gremio, primera en su tipo, jamás probada, jamás construida, jamás licenciada.
La diseñan unos 130 compatriotas nuestros oriundos de la CNEA y de NA-SA, lo que da cierta tranquilidad: son del palo. La banca Amid Harari, el socio mayoritario yanqui de Meitner, financista que en su vida construyó obra nuclear.
Bueno, no hay culpa en no ser China National Nuclear Corporation. Sí puede haberla en el domicilio legal de Harari, Delaware, el mayor paraíso fiscal yanqui, único estado con más empresas que habitantes, y con goberna, leyes y jueces muy al uso corporativo. Si don Amir te clava, andá a ganarle un juicio ahí, y de visitante…
Tanta fe tiene en nuestra tecnología el señor Amid Harari que irá directo a un primer módulo de 300 MWe. Es algo menos de potencia que nuestra Atucha 1, de 365 MW. Me intimida un poco que no pasará por un prototipo.
Bueno, si se construye.
¿TIMBA FINANCIERA O HUMO GEOPOLÍTICO?

El CAREM, en una de las tantas ocasiones en que la obra quedó vacía porque el gobierno la detuvo. Ya uno pierde la cuenta de cuál detención y cuál gobierno.
El meollo es que detrás de la ACR-300 no se ve voluntad real de que se termine. Lo que lleva a este criollo a suponer que el Sr. Teófilo Lacroze prefirió no quemarse.
Explico: el Dr. Demián Reidel, el gauleiter nuclear de Milei y la mayor plaga en la plagada historia atómica argentina, aseguró “ab initio” de su mando, en 2024, que el ACR-300 se inauguraría en 5 años. Faltarían sólo 3.
Pero eso sería imposible aunque sobren dólares: en lo local, no hay cadena de suministro industrial en pie: a la que se fue tejiendo entre 2006 y 2015 la arrasó bastante el gobierno de Mauricio Macri, ingeniero que fue a las empresas de ingeniería lo que la munición al pato.
Pero aunque el ACR-300 se arme como un Lego de componentes importados “de anaquel”, que no haya siquiera que fabricar, está el asunto de las aprobaciones regulatorias de la ARN, la Autoridad Regulatoria Nuclear, que es autárquica del Poder Ejecutivo por diseño. E ir aprobando paso a paso una planta nuclear es un proceso caro, meticuloso y lento, y máxime con una FOAK. Esto la ARN se lo explicó sobradamente a Reidel, sin que le entraran las balas. Viene de las altas finanzas, la realidad no es lo suyo.
Lo que puede haber precipitado la eyección de Lacroze es esto: empezar una obra compleja es mucho más caro que dejarla en planos de Autocad, planillas de cálculo, presentaciones, folletos, canapés, champagne y power points. El humo marketinero es sexy y vende bien, al menos en los EEUU. Las obras reales son caras y cuando se atrasan generan quiebras y juicios.
Por algo EEUU tiene más de 80 proyectos de centralitas modulares de potencia, o SMRs, en la jerga. 80 proyectos y una sola en construcción, la Natrium enfriada a sodio líquido, de Bill Gates, en Idaho. Y también una quiebra de U$ 1200 millones, de la NuScale.
Este SMR es una de tantas copias del CAREM que pasó de afanar ideas a la CNEA a hacerlo en guita con el estado federal, vía el Department of Energy, los National Labs, varias universidades estatales, medio centenar largo de firmas de ingeniería, la mayor cooperativa eléctrica de los EEUU y una decena de clientes internacionales, todos de Europa Central y Oriental.
El propósito de los SMRs en Occidente viene siendo juntar inversores internacionales que vienen más por comprar barato el proyecto y venderlo caro, y desplumar por recálculos sucesivos y crecientes de costos a los que no se fueron a tiempo. Puede no ser el propósito original, but it happens.
Algunos economistas me explicaron que eso es timba financiera de lo más normalita, burbujas, enfermedad Holandesa, nada siquiera parecido a un Ponzi clásico. Pero entre que ellos parlan trabucado y que yo soy bruto, no los entendí.
Ése sería el mejor de los casos para el ACR-300. El peor de los casos es que su función sea básicamente geopolítica: que no se termine el CAREM. En realidad, da igual.
La sigla CAREM viene de “Central Argentina de Elementos Modulares”. El modelo de demostración tecnológica está (estaba) en obra, con un 80% de avance. Ya con eso tiene ventajas decisivas contra casi todas las propuestas de SMR (Small Modular Reactors) de los EEUU: tras 42 años de lucha contra más enemigos que los que Ud. podría imaginar, y no todos agentes de La Embajada o vendepatrias dignos de hoguera, el CAREM existe.
Hay 120 proyectos de SMRs en el mundo, casi todos en los EEUU, y muy en línea con la burbujeante alegría financiera de ese país, son chamuyo y humo.
LA PARTE EQUIVOCADA DEL MUNDO

El recipiente de presión entrando al Linglong, hace un par de años. Su contraparte argentina, el recipiente de presión del CAREM, nunca se terminó y quedó en Pescarmona… que quebró. Sigue adentro.
Proyectos que hayan culminado en construcción real y entrada en línea, sólo se encuentran en la parte equivocada del mundo, que en el río Potomac aseguran que viene a ser Eurasia.
Hay dos SMR en Rusia, los RITM, que no tienen mucho de modular ni original: son dos motores de submarino nuclear ruso subidos a un barco, el Akademik Lomonosov. Dan potencia desde su amarra naval a los complejos mineros y metalúrgicos de Pevek, en el Okrug Autónomo de Chukotka, en el lejano oriente siberiano.
Hay también máquinas chinas de dos clases: un par de HTRs, plantas de potencia muy innovadoras, de cuarta generación, refrigeradas a gas. Están juntas en la fría y desértica provincia de Shandong, frente a Corea.
Hay otro SMR chino que entra en línea este año: es el Linglong de 125 MW, muy resistente a fundir núcleo por su enfriamiento inherentemente convectivo. El Linglong es, como el CAREM, un “tercera generación plus”. Está en una isla de China del sur, Hainan, subtropical, de grandes lluvias y propensa a tifones. Es muy parecido al CAREM: conservador y avanzado a la vez. Y ojo, cierto conservadurismo en la industria nuclear es muy apreciado, por motivos obvios.
Los chinos a su Linglong le pusieron bombas de circulación, porque supusieron que con pura convección no alcanza para refrigerar un núcleo de alrededor de 400 MW térmicos. La apuesta del futuro CAREM comercial, es que sí se puede. Me encantaría que tuviéramos razón.
Mirando el panorama actual, queda claro que el CAREM, presentado por primera vez por la CNEA en 1984 en un congreso nuclear en Perú, tuvo un impacto importante, medido por cantidad de inspiraciones e imitaciones que generó. Aquí lo tuvimos en el freezer cuatro décadas. ¿No nos iban a imitar?
Tanto los SMR rusos como chinos están pensadas para sitios remotos y no necesariamente integrados a la red eléctrica nacional. Pero son excepciones a la regla.
China es un país con 62 plantas nucleares medianas, grandes y gigantes, casi todas inmersas en un circuito de interconexión de más de un millón de kilómetros lineales.
Las 62 centrales chinas son recientes, y hay 58 en construcción. En 2030 China tendrá más centrales y más potencia instalada que los EEUU.
En 2014 los chinos nos financiaban una central tipo CANDU que a ellos no les interesa absolutamente nada, Atucha 3. Y lo hacían a cambio de mostrar aquí, terminada y funcionando en la única vidriera nuclear de Sudamérica, su central de bandera.
La Hualong se diseñó específicamente para exportar, y mostrar urbi et orbi que la industria china le pasa por encima a muchas otras que creían tener la vaca tecnológica atada. Hualong significa “dragón chino”. ¿Se entiende la idea?
Y que me perdonen en Delaware, pero ya sólo por eso, la CNNC me inspira más confianza como inversor nuclear que don Harari. Que, según dice, puso U$ 50 millones en Meitner, pero no da señales de estar trayendo los U$ 1150 millones más que prometió.
Y conste en actas: para China y Rusia, los SMRs son una nota al pie, fierros exportables. Entre tanto aquí, en la parte correcta del mundo, al talento tecnológico de países como el nuestro se lo comen el alineamiento político con Washington, o la timba financiera.
Igual da.
Daniel E. Arias

