Nat4Bio fue fundada por Joaquín Fisch, ingeniero industrial, y Leandro Sánchez, investigador científico. La compañía surgió en 2021, a partir del proceso de incubación de empresas de GRIDX, con el objetivo de desarrollar soluciones biotecnológicas para proteger frutas y vegetales en postcosecha.
Luego de esa primera inversión se sumaron otros fondos, entre ellos inversores estadounidenses, el Banco Interamericano de Desarrollo e Innventure, un fondo respaldado por productores de Aapresid.
El punto de partida fue un problema concreto de la cadena frutícola: las pérdidas que se generan durante el almacenamiento, el transporte y la comercialización. Según un dato de la FAO citado por Fisch, entre el 40% y el 50% de las frutas y vegetales que se producen en el mundo no llegan a consumirse.
La startup cuenta con un equipo de cinco personas en Tucumán, dedicado a la investigación y el desarrollo de esta tecnología. Esta integrado por los investigadores Julieta Moreno, Hernán Sández Penídez, Belén Lobo, Anabella Sarli y la ingeniera agrónoma, Paula Guillou.
El problema de la fruta después de la cosecha
Los hongos son una de las principales causas de desperdicio en frutas y vegetales. Una infección puede deteriorar la fruta durante el almacenamiento y el transporte y, en el caso de una exportación, comprometer un cargamento completo.
A esto se suma la necesidad de mejorar la eficiencia de los tratamientos de postcosecha. Fisch explicó que más del 90% del mercado mundial corresponde a fruta convencional, que recibe tratamientos con productos sintéticos.
En el caso de los fungicidas, algunos principios activos se aplican a concentraciones de entre 2.000 y 4.000 partes por millón, aunque finalmente quedan menos de 2 o 2,5 partes por millón como residuo efectivo sobre la fruta.
“El activo funciona, lo que pasa es que no llega al objetivo”, explicó Fisch.

A partir de esta problemática, Sánchez comenzó a estudiar microorganismos naturales que producen biopolímeros y los utilizan para adherirse a las plantas que buscan descomponer. El equipo se planteó si esos mismos polímeros podían utilizarse para proteger las plantas.
De allí surgió NT Base, el primer producto de Nat4Bio.
Un bioadyuvante para mejorar los tratamientos
Según explicó Fisch, NT Base es el primer bioadyuvante biológico desarrollado para la postcosecha frutícola. Su función no es reemplazar a los fungicidas, sino mejorar su desempeño.
El producto se diluye en agua y se mezcla con los fungicidas que utiliza habitualmente el cliente. Luego, la preparación se aplica sobre la superficie del fruto en el empaque, mediante sistemas que pueden ser por spray, rodillos o microaspersión, dependiendo de la línea de procesamiento.
La tecnología busca mejorar el contacto del fungicida con la superficie de la fruta. De acuerdo con los ensayos realizados por la empresa, la combinación permitiría reducciones teóricas de hasta 75% en la dosis de determinados principios activos sin perder eficacia de control.

A nivel comercial, Fisch explicó que una reducción de aproximadamente 20% en la dosis de fungicida permitiría al cliente compensar el costo del bioadyuvante. A partir de ese punto, una reducción mayor se traduciría en un beneficio económico.
La compañía también realizó ensayos con fungicidas aplicados a la dosis mínima indicada en el marbete. En determinadas pruebas, señaló Fisch, esa combinación alcanzó un 100% de control de podridos.
El objetivo también es reducir las pérdidas durante una etapa crítica de la cadena. La postcosecha representa aproximadamente entre 1% y 1,5% del costo de una tonelada de un commodity frutal, pero una falla en el control de hongos puede comprometer el valor de toda una carga.
Primera campaña comercial y expansión
El primer caso de uso de Nat4Bio fueron los cítricos del norte. El año pasado la empresa terminó el desarrollo de NT Base, pero la campaña ya estaba cerca de finalizar. En la última temporada pudo trabajar por primera vez durante todo el ciclo comercial.
“Este año trabajamos de inicio a fin con seis exportadores del norte, líderes que procesan muchísimo volumen de fruta”, contó Fisch.
El resultado fue positivo y algunos de esos exportadores incluso tomaron decisiones técnicas para reorganizar sus programas de aplicación, quitando moléculas o reduciendo dosis en determinados casos.
Ahora la compañía busca escalar la tecnología. El principal desafío, según Fisch, es llegar a una mayor cantidad de clientes.

Además de Argentina, la empresa ya desarrolla pilotos en Chile, Perú, Colombia, Guatemala, México y Estados Unidos, particularmente en Florida y California. También evalúa un proyecto junto a una compañía global en Valencia, España. “Estamos un poco por todos lados buscando múltiples avenidas al mercado”, resumió Fisch.


