¿Qué se hace con el uranio argentino?

La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) transferirá su tecnología de producción de hexafloruro de uranio (UF6) a la empresa estatal Dioxitek. La transferencia le permitirá a Dioxitek, una empresa cuyo capital accionario se lo reparten entre la Secretaría de Asuntos Nucleares (51%), la CNEA (48%) y la provincia de Mendoza (1%), poder desarrollar a escala industrial la producción de UF6, un compuesto indispensable en la fabricación de combustibles para centrales nucleares que utilizan uranio enriquecido. La empresa también fue habilitada a emplear esta tecnología en proyectos con empresas privadas.

Justamente, la empresa estadounidense Nano Nuclear Energy presentó al Ministerio de Economía en abril de este año una propuesta de inversión de US$ 230 millones para finalizar la Nueva Planta de Uranio (NPU) en la provincia de Formosa a través de una sociedad conjunta con Dioxitek, con el objetivo de producir dióxido de uranio (UO2) para el mercado doméstico y hexafloruro de uranio para la exportación.

Fuentes conocedoras del proyecto consultadas por EconoJournal matizaron que la CNEA no compartirá su tecnología con otras empresas que no sean Dioxitek y que no está definido qué tecnología de producción de UF6 emplearía el proyecto. «La planta en Formosa podría emplear tecnología provista por CNEA o por Nano. Tampoco está definido quién la operaría, son todos temas en conversación», indicó una fuente.

El hexafloruro de uranio es el compuesto que se utiliza como materia prima en el proceso de enriquecimiento de uranio. Las centrales nucleares argentinas utilizan combustibles de “uranio natural” (dióxido de uranio), por lo que una eventual producción de UF6 en la Argentina sería para abastecer la demanda internacional de combustibles con uranio enriquecido. Dióxitek produce UO2 en su planta en la provincia de Córdoba y tiene una planta sin finalizar en Formosa.

Dos documentos internos de CNEA y uno de Dioxitek con detalles sobre la transferencia de la tecnología. Entre estos, una adenda al contrato vigente entre la CNEA y Dioxitek, firmada el sábado 29 de agosto, en donde queda establecido que la empresa podrá emplear la «tecnología de fabricación en las sociedades en las que participe». La principal actividad de Dioxitek es producir dióxido de uranio (UO2), la materia prima de los combustibles para las centrales nucleares argentinas.

«Este es un acuerdo que se debería haber realizado hace muchos años. El acuerdo que actualmente tiene la CNEA por la operación del complejo de Córdoba no dejaba expresamente establecido que Dioxitek pueda utilizar la tecnología de fabricación en la NPU ubicada en Formosa. La idea es que, a través de Dioxitek, se pueda dar un desarrollo comercial de la tecnología y le brindemos beneficios a la CNEA, tanto en materia de desarrollo de capacidades humanas como de mayores ingresos y de revalorización del paquete accionario de Dioxitek. En ese esquema, el dueño de la tecnología seguirá siendo la CNEA. Dioxitek, tal como sucede en la planta en Córdoba, tendrá una licencia para utilizarla», explicó otra fuente, vinculada con la conducción del sector nuclear.

La adenda no especifica cuáles son las tecnologías de fabricación. Sin embargo, en una nota anterior, fechada el 28 de agosto y que lleva la firma de dos gerentes de área en CNEA, estos convalidan la habilitación a Dioxitek para que pueda acceder a la tecnología de producción de hexafloruro de uranio que se encuentra en el complejo tecnológico Pilcaniyeu en Río Negro.

Sin embargo, otras fuentes advierten que replicar la tecnología de «Pilca» en otras plantas abriría las puertas a compartir tecnología de enriquecimiento con las empresas con las que constituya sociedades. «El manejo de UF6 y el enriquecimiento de uranio es técnicamente complejo y políticamente sensible, son materiales que se deben controlar muy de cerca», cuestionó una fuente en CNEA.

Por otro lado, Dioxitek no estaría obligada a transferir a la CNEA las eventuales mejoras que desarrolle sobre dicha tecnología. Como mucho, el organismo científico tendrá un “derecho de uso gratuito” sobre las mismas. Este detalle tendría una mayor implicancia ante la eventualidad de una privatización completa o parcial de la empresa. La Secretaría de Asuntos Nucleares (SAN), en la órbita del Ministerio de Economía, tiene el control del 51% de las acciones.

Adenda al contrato entre Dioxitek y CNEA

La CNEA y Dioxitek firmaron el sábado 29 de agosto una adenda al Contrato de Servicios Mutuos vigente entre las partes desde 1998. El contrato original establece la obligación de CNEA de suministrar a Dioxitek la “tecnología de fabricación” necesaria para su principal negocio, que es la importación y conversión del concentrado de uranio (yellowcake) a dióxido de uranio, actividad que realiza en su planta en la provincia de Córdoba.

La adenda le permitirá a la empresa replicar la tecnología de producción de dióxido de uranio en otras plantas y esquemas societarios en los que participe. “Las PARTES convienen que, en el marco de lo dispuesto en el Artículo 7 del CONVENIO, DIOXITEK queda facultada para emplear la TECNOLOGÍA DE FABRICACIÓN en las sociedades en las que participe. A tales efectos, la TECNOLOGÍA DE FABRICACIÓN comprenderá la totalidad de las etapas, procedimientos y operaciones que integran el proceso de beneficiación y conversión de uranio”, indica el artículo I de la adenda.

La otra novedad es que Dioxitek tendría también acceso a la tecnología de fabricación de hexafloruro de uranio. En un informe técnico firmado el 28 de agosto, la gerenta de Área de Investigación y Desarrollo de Grandes Proyectos (GAIYDGP), María Magdalena Villaverde, y el gerente de Área de Energía Nuclear, Pablo Daniel Katz, evaluaron “conveniente” la utilización de la tecnología vinculada con la producción de UF 6 por parte de Dioxitek.

“La autorización de uso permitiría que un desarrollo tecnológico generado y preservado por la CNEA encuentre una aplicación industrial concreta, evitando que el conocimiento acumulado permanezca limitado al ámbito experimental, tecnológico o de investigación y posibilitando su incorporación efectiva a la cadena de valor nuclear. Consecuentemente, entendemos que la Adenda le da un cauce de explotación concreto a través de su sociedad participada, evitando que permanezca ociosa o se desactualice”, afirmaron los gerentes en la nota que este medio reproduce debajo.

El Complejo Tecnológico Pilcaniyeu (CTP) quedó bajo el control de la GAIYDGP, como parte de una reestructuración gerencial aprobada en julio por el organismo que redujo las gerencias de área de 11 a 7. Previamente, existió una gerencia CTP, dependiente de la Gerencia de Área del Ciclo del Combustible Nuclear.

«Antes de esta reestructuración, Pilca estaba en la gerencia de Combustibles. Ahora unificaron esa gerencia con la gerencia de Área de Energía Nuclear, pero sacaron Pilca y lo pasaron a la gerencia de grandes proyectos de Villaverde», explicó una fuente en el organismo.

La gerencia que conduce Villaverde absorbió también las gerencias de área CAREM y del RA-10, constituyéndose en una «mega» gerencia con más de 1000 empleados y contratados. Justamente, Villaverde viene de conducir la ex gerencia que lideraba el proyecto CAREM, en donde enfrenta cuestionamientos por el desfinanciamiento del desarrollo del reactor prototipo de 32 MWe y la reducción salarial a gran parte del personal que trabaja para el proyecto.

Por otro lado, Pablo Katz fue contratado por la CNEA en julio para liderar la gerencia de Área de Energía Nuclear. Su nombramiento llamó la atención en el sector por su reconocida trayectoria en la gestión de proyectos nucleares y por ser uno de los gerentes en Nucleoeléctrica que fueron despedidos al inicio de la presidencia de Demian Reidel en la empresa estatal generadora. Katz se desempeñó como Gerente de la Unidad de Proyectos Nucleares de Nucleoeléctrica, en donde participó en hitos como el diseño, construcción y puesta en marcha de instalaciones de Almacenamiento en Seco de Combustibles Gastados para las centrales nucleares Atucha I y II y la Extensión de Vida de la Central Nuclear Atucha I. Reidel renunció a la empresa a comienzos de este año en medio de un escándalo por presuntos sobreprecios.

Qué ocurrirá con la transferencia de tecnología de hexafloruro de uranio

La CNEA desarrolló y mantiene su capacidad de producción de hexafloruro de uranio en el complejo tecnológico Pilcaniyeu en Río Negro.

Si bien la CNEA no se desprenderá de su tecnología de producción de UF6, el artículo II de la adenda establece que Dioxitek tendrá la titularidad sobre los eventuales desarrollos o «mejoras» que realice sobre la base de esa tecnología. La CNEA tendrá derechos limitados sobre esos desarrollos.

«Las PARTES aclaran que las mejoras que se desarrollen sobre la TECNOLOGÍA DE FABRICACIÓN en los términos del Artículo 7 del CONVENIO serán de titularidad de la Parte que las hubiere desarrollado, instrumentado y/o implementado. Sin perjuicio de lo expuesto ut supra, las PARTES establecen que gozarán, respecto de las mejoras desarrolladas por cada una de ellas un derecho de uso, de carácter no exclusivo, intransferible y gratuito», dice el segundo artículo.

Es decir, la CNEA tendrá un derecho de uso gratuito sobre los desarrollos de Dioxitek, aunque la empresa no está obligada a transferirlos al organismo nuclear. Es un detalle sensible que tendría otra connotación ante una eventual privatización total o parcial de Dioxitek. «Están permitiendo el uso de esa tecnología con terceros», criticó una fuente.

El gobierno nacional incluyó a la empresa en el listado de empresas públicas a privatizar en la versión original de la Ley de Bases, pero fue finalmente retirada en la versión sancionada por el Congreso.

Desde la perspectiva de Dioxitek, la adenda «otorga la certeza jurídica indispensable para sus esquemas asociativos y habilita una nueva unidad de negocios en torno al UF6», según un informe firmado por el presidente de la empresa, Bruno Oberlis, con fecha del 4 de agosto, en donde se convalida la adenda y señalan las ventajas que generará.

«La regla de titularidad de mejoras en cabeza de quien las desarrolla incentiva la inversión de DIOXITEK en optimización de procesos, garantizándole la propiedad de sus innovaciones y, a la vez, el uso gratuito de las mejoras de la CNEA», indica el documento.

«La facultad expresa de emplear la tecnología en las sociedades en las que participe remueve el principal obstáculo interpretativo para estructurar vehículos societarios (en particular, el esquema asociativo vinculado a la finalización de la planta NPU-1 y a la futura instalación de conversión a UF6)», agrega el reporte.

La propuesta de Nano Energy en Formosa

La empresa de capitales estadounidenses en abril presentó ante el Ministerio de Economía una iniciativa para invertir más de 230 millones de dólares en la finalización de la NPU de Dioxitek en Formosa.

La empresa estatal seguiría siendo la dueña de la planta y del terreno, transfiriendo su uso a una nueva sociedad con Nano Energy, a cambio del pago de un usufructo por la utilización del activo, según pudo saber este medio.

El proyecto contempla dos hitos principales. El primero consiste en la finalización de la construcción, puesta en marcha y operación de la instalación NPU-1 destinada a la producción de UO2.

Esta etapa incluye la adecuación de instalaciones, la incorporación de equipamiento faltante, así como la implementación de todos los sistemas técnicos, operativos y de seguridad necesarios para alcanzar condiciones de operación industrial segura y eficiente conforme a los estándares regulatorios nacionales e internacionales aplicables a la actividad nuclear.

El segundo hito prevé la construcción, puesta en marcha, operación y mantenimiento de una instalación complementaria, para la conversión de UO2 en UF6 (hexafloruro de uranio).

La construcción de la NPU en Formosa comenzó en 2014 y estuvo sujeta a multiples retrasos. El proyecto fue originalmente pensado como alternativa a la planta en la Ciudad de Córdoba (sujeta a presiones recurrentes de la municipalidad para que cese sus operaciones), de forma tal de suministrar el UO2 que necesitan las centrales argentinas actuales y para eventuales expansiones del parque nuclear con la tecnología de uranio natural y agua pesada.

En cambio, el acuerdo con Nano Energy busca redefinir los alcances del proyecto, en una sociedad que habilitará un negocio de exportación de UF6 y preservará la producción de UO2 para las centrales actuales.

Nicolás Deza

Opinión de AgendAR:

Muy bien investigada la nota del colega Deza. Valoriza nuestra posición al pie: el poco uranio que tiene la Argentina es estratégico, y debe servir para ampliar la capacidad instalada de las centrales de Nucleoeléctrica, que funcionan con uranio natural, no enriquecido.

El negocio de enriquecer el nuestro viene del DOE (Department of Energy) de los EEUU, sumamente preocupado porque el 20% del enriquecido a menos del 5% que queman las 94 centrales yanquis viene de Rusia.

Y estas centrales, aunque viejas, generan hasta el 20% de la electricidad circulante de las tres grandes redes eléctricas de los EEUU.

Las dos enormes y antiguas plantas de enriquecimiento de Paducah en Kentucky y de Portsmouth en Ohio fueron cerradas y decomisadas entre 2001 y 2013. Usaban tecnología de difusión gaseosa, de los años ’40, que gasta 10 veces más electricidad que el standard técnico comercial actual, el ultracentrifugado. Esos Lázaros no resucitan.

Derrumbada la URSS en 1989, la ventaja de precios y la sumisión diplomática absolutas del nuevo presidente ruso, Boris Yeltsin, al DOE le parecieron una oportunidad comercial con buenas garantías, y abrieron su mercado nucleoeléctrico al enriquecido ruso. Cuando Rusia, bajo nuevo liderazgo, empezó a tener una política externa que chocaba crecientemente con la de los EEUU, no hubo -y no hay- tiempo para enmendar esta estupidez.

En suma, que si el presidente Vladimir Putin se enoja seriamente y suspende los envíos de uranio enriquecido por debajo del 5% a los EEUU, en 2 años a la tierra de los libres y hogar de los valientes se les empieza a apagar la luz.

De ahí la paradoja geopolítica de hoy: EEUU ahora nos quiere comprar uranio enriquecido, cuando desde 1983 viene tratando de que aquí cerremos la pequeña planta de enriquecimiento de la CNEA en Pilcaniyeu.

Y tiene éxito total toda vez que gobierna un Menem, un De la Rúa, un Duhalde, un Macri o un chupamedias esperpéntico como Milei. Es asumir un menguado de estos, y cerrar Pilca.

Ahora se dio vuelta la taba y los EEUU quieren que, vía Canadá o Australia, les vendamos enriquecido, y les importa un pito cuál tecnología usemos, si la de Pilca (muy anticuada) o la de los nuevos socios yanquis de Dioxitek. Quieren enriquecido no ya, lo quieren AYER.

Si es la tecnología de ellos, es llovido sobre mojado. Les estaremos pagando royalties para que nos desplumen de las tristes 33.650 toneladas hoy disponibles en Mendoza, Chubut, Río Negro y Salta.

La friolera de 94 centrales nucleoeléctricas grandes en EEUU necesitan 2350 toneladas/año, y se fumarían nuestras reservas en un parpadeo.

La Argentina viene funcionando con uranio natural, sin enriquecer, desde 1974, y eso con un programa de sólo centrales medianas, trabado desde 1984… sí, lector, por presión de los EEUU. Ahora nos quieren de rueda de auxilio, porque ya pincharon tres.

Hoy somos, junto a Canadá, los mayores expertos en centrales de uranio natural, recurso que consideramos estratégico para salir del enanismo nucleoeléctrico actual. Cuando las condiciones geopolíticas lo permitan, necesitaremos decenas de plantas de uranio natural con tubos de presión como Embalse, de Córdoba, la mejor de nuestro parque nuclear. La hemos hecho y rehecho a nuevo, podemos clonarla las veces que se nos cante sin ayuda tecnológica o industrial de nadie.

El uranio argentino es poco, estratégico y se necesita aquí. No es petróleo ni gas, que por ahora nos sobran. No puede ni debe exportarse.

Según los intereses de la Argentina, que son muy distintos de los de EEUU, tenemos tanta necesidad de enriquecimiento a escala industrial como de un agujero en la cabeza.

Tenemos al cuete la mayor planta de producción de agua pesada del mundo, la de Arroyito, en Neuquén. El agua pesada es indispensable en las centrales de uranio natural. ¿Adivinan quién la cerró otra vez? Sí, Mauricio Macri, el Menem rubio. ¿Y por presiones de cuál embajada? Sí, lectores: ÉSA.

Tenemos muy poco uranio y aquí lo usamos sin enriquecer, y en las mejores centrales del mundo, según sus antecedentes de seguridad y disponibilidad. La discusión de si enriquecemos con tecnología de ellos o nuestra es francamente irrelevante.

Aquí tenemos la propuesta cero, la histórica, la de Jorge Sabato. El uranio argentino ni se exporta ni se negocia.

Lo necesitaremos aquí, cuando tengamos un gobierno nacional, en lugar de la banda de mercachifles, vendepatrias y brutos que se regenera, y que parece no irse nunca, pero se irá. Con propulsión a pie.

Estamos en contra de la exportación de uranio argentino, punto

Daniel E. Arias

VIAEconojournal